Un experto de Miami Cancer Institute: “Usted sí puede reducir su riesgo para el cáncer de seno”

Dra. Méndez: Algunos factores de riesgo para el cáncer de seno son modificables, como la dieta, el ejercicio, el consumo de alcohol, el tabaquismo, la exposición a la radiación y el uso de la terapia hormonal sustitutiva. Son cosas en las que podemos trabajar, pero hace falta mucha educación.

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Los dos factores de riesgo principales no modificables son la edad – es un hecho conocido que el riesgo para el cáncer de seno aumenta con la edad – y el sexo. Aunque los cánceres de seno pueden ocurrir, y de hecho ocurren, en un pequeño número de hombres, el 99% de ellos se dan en mujeres.

Hay otras condiciones que sabemos que aumentan el riesgo para el cáncer de seno, como tener los hijos a una edad más avanzada; no tener hijos; tener el periodo o la menstruación a una edad temprana; o tener la menopausia a una edad más avanzada. Todos ellos se asocian con un mayor riesgo.

Otro factor es tener una predisposición genética conocida para el cáncer de seno. Hay muchas mutaciones genéticas asociadas con la enfermedad, incluyendo la PALB2, pero las más frecuentes son la BRCA1 o la BRCA2, por lo que si se es portadora de alguno de estos genes, el riesgo es mayor.

El otro factor de riesgo, por supuesto, son los antecedentes familiares. No podemos cambiar nuestros antecedentes familiares, pero sí podemos y debemos estar conscientes de ellos y asegurarnos de compartir esa información con nuestros médicos.

Salud: ¿Es la obesidad un factor de riesgo para el cáncer de seno?

Dra. Méndez: Sabemos que la obesidad está relacionada con un mayor riesgo para el cáncer de seno. Interesantemente, los estrógenos se depositan en el tejido adiposo o células grasas, por lo que cuanto más tejido adiposo tengamos y más lejos estemos de nuestro peso corporal ideal, más altos serán los niveles de estrógeno y mayor será la posibilidad de desarrollar cáncer de seno.

Salud: ¿Se ha relacionado el tabaquismo con el cáncer de seno?

Dra. Méndez: El tabaquismo no tiene una relación directa con el cáncer de seno, pero sí está asociado con el cáncer de pulmón, que es la primera causa de mortalidad por cáncer en las mujeres, por lo que aconsejo a las pacientes que se abstengan de fumar como parte de un estilo de vida saludable.

Salud: Algunos afirman que el café puede causar cáncer de seno, ¿hay algo de cierto en eso?

Dra. Méndez: Hay muchos mitos por ahí y ése es sin duda uno de ellos. El café no va a provocar cáncer de seno. Tampoco el desodorante, los tintes para el pelo o los teléfonos móviles – todos esos son mitos absolutos.

Salud:  ¿Y la terapia hormonal sustitutiva? ¿No se considera un factor de riesgo para el cáncer de seno?

Dra. Méndez: La terapia hormonal sustitutiva ha sido controversial durante muchos años, pero ahora por fin tenemos datos que demuestran que el uso a largo plazo de la terapia de sustitución de estrógenos es efectivamente uno de los factores de riesgo para el cáncer de seno. Sin embargo, aún hoy, a pesar de los datos, me asombra ver cuántas mujeres siguen la terapia hormonal sustitutiva. Es un verdadero reto porque está muy arraigado en la sociedad y en la práctica ginecológica. Pero definitivamente hay un peligro en ella y ahora se ha demostrado, así que usted debe tener una conversación con su médico sobre los riesgos asociados y las terapias alternativas disponibles.

Salud: ¿Pueden los cambios en el estilo de vida reducir el riesgo para desarrollar cáncer de seno?

Dra. Méndez: Sí se puede reducir el riesgo para cáncer de seno. Hay que vigilar el aumento de peso, sobre todo en esta pandemia. No hay planes dietéticos perfectos, pero lo más importante es mantener hábitos alimenticios saludables. Esté consciente de la calidad de los alimentos que consume y de cómo los prepara, haciendo hincapié en lo ligero y lo saludable. La palabra clave es moderación: en la forma de preparar los alimentos y en las cantidades que se consumen.

La moderación también se aplica al consumo de alcohol. Vigile lo que bebe y cuánto bebe. Los vinos tintos tienen ácidos fenólicos que se cree que protegen contra el cáncer de seno, así que si va a beber algo, un vaso de vino tinto puede ser útil.

El ejercicio regular también puede ayudar a proteger contra el cáncer de seno y otros procesos de enfermedad. Recuerde que no tiene que ir a un gimnasio para hacer ejercicio. Evite un estilo de vida sedentario, sea más consciente de moverse y encuentre formas de aumentar su ritmo cardíaco cada día: caminar, correr o cualquier tipo de ejercicio aeróbico.

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Salud: ¿Se puede prevenir el cáncer de seno?

Dra. Méndez: La prevención sigue siendo clave, pero no podemos enfocarnos sólo en los factores de riesgo modificables. Tenemos que conocer los no modificables para poder aumentar la vigilancia. Si una paciente tiene alguno de esos factores de riesgo no modificables, entonces yo puedo intervenir para tratar de mantenerla sin cáncer. Esos factores de riesgo podrían calificar a una paciente para inscribirse en mi Clínica de Prevención del Cáncer de Seno en Miami Cancer Institute, que tiene parámetros muy específicos para los pacientes y busca mantener a los pacientes de alto riesgo libres de cáncer.

Salud: ¿Qué tan importante es la detección temprana ante un diagnóstico de cáncer de seno?

Dra. Méndez: Sabemos que la detección temprana conduce a mejores resultados, así que manténgase al día con sus mamografías anuales y sus autoexámenes mensuales. Si nota algo, no lo retrase: hágase un chequeo lo antes posible. Y si le diagnostican cáncer de seno, sepa que un enfoque multidisciplinario de su tratamiento puede maximizar la cura.

Salud: ¿Cuáles son las cosas más importantes que hemos aprendido sobre el tratamiento del cáncer de seno en los últimos cinco años?

Dra. Méndez: Ciertamente, los avances en la medicina genética en los últimos cinco años han ayudado a guiarnos clínicamente y nos permiten personalizar el tratamiento con información más objetiva, y conocer mejor los distintos tipos de cáncer de seno. Por ejemplo, si usted tiene un cáncer de seno triple negativo, la terapia endocrina no le va a ayudar de ninguna manera. Así que ahí es donde empieza la conversación, pero la buena noticia es que hay muchas opciones.

Salud: ¿Cómo ve la evolución del diagnóstico y tratamiento del cáncer de seno en los próximos cinco años? ¿Seguirá el enfoque en la genética?

Dra. Méndez: Sólo el cinco por ciento de los cánceres de seno se deben a una predisposición genética conocida, y el 85 por ciento ocurren de forma esporádica. El 10 por ciento restante puede estar vinculado a los antecedentes familiares, pero no hemos podido identificar una mutación para ello, todavía. Así que sí, seguimos aprendiendo sobre la genética, pero eso sólo se aplica a un pequeño porcentaje de pacientes con cáncer de seno.

El reto más importante que tenemos ahora mismo es el del cáncer de seno triple negativo, porque hasta ahora no tenemos un blanco específico adaptado a ese subtipo de cáncer en particular. En el caso de los cánceres que responden a la proteína HER2, o los que son receptivos a los estrógenos, tenemos terapias dirigidas capaces de tratar a estas pacientes. Pero para el cáncer de seno triple negativo, aunque hemos hecho algunas mejoras en nuestros tratamientos dirigidos, los resultados no son los que esperábamos y es ahí donde se enfoca ahora gran parte de la investigación.

Salud: ¿Cuáles son los puntos clave que todas las mujeres deben tener en cuenta para prevenir el cáncer de seno?

Dra. Méndez: Sigan las directrices de detección. Conozcan su cuerpo. Conozcan sus antecedentes familiares. Y si ven algo, hagan algo.

Por: Baptist Health South Florida

Síndrome del corazón roto: en aumento, especialmente en mujeres de 50 a 74 años

Como nefróloga pediatra, la Dra. Elaine S. Kamil está acostumbrada a pasar largas horas ayudando a niños y adolescentes con una variedad de problemas, algunos muy serios y también hace tiempo para retribuir a su especialidad.

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A finales de 2013 estaba en Washington D. C., Estados Unidos, planeando una reunión de la American Society of Nephrology. Cuando los organizadores decidieron en el último minuto que se necesitaba otra sesión, ella se quedó hasta tarde preparándola. Luego se subió a un avión y regresó a su casa en Los Ángeles, Estados Unidos, un sábado por la noche.

Justo después de la medianoche, la Dra. Kamil supo que algo andaba mal.

“Tenía un dolor de pecho muy fuerte. Tengo reflujo y sé lo que se siente. Esto fue mucho más intenso. Me dolió mucho”, señaló. Pensó: “¿Debería despertar a mi marido?”.

Pronto el dolor empeoró tanto que tuvo que hacerlo.

En el hospital, un electrocardiograma resultó levemente anormal, al igual que un análisis de sangre que mide el daño al corazón. A continuación se hizo un angiograma, una técnica de imágenes para visualizar el corazón. Una vez que los médicos vieron la imagen en la pantalla durante el angiograma, supieron el diagnóstico: síndrome del corazón roto, conocido médicamente como miocardiopatía por síndrome de Takotsubo o miocardiopatía inducida por estrés. Como sugiere su nombre, se desencadena por un estrés extremo o una pérdida.

Los síntomas son dolor en el pecho que parece provenir de un ataque cardiaco, dificultad para respirar y desmayos. La pista reveladora del diagnóstico es la aparición de las paredes del ventrículo izquierdo del corazón, su principal cámara de bombeo. Cuando la afección está presente, el ventrículo izquierdo cambia de forma, desarrollando un cuello estrecho y un fondo redondo, que se asemeja a una olla en forma de pulpo llamada takotsubo, utilizada por los pescadores en Japón, donde la afección se reconoció por primera vez en 1990.

Como la mayoría de los afectados, la Dra. Kamil, ahora de 74 años, está bien; todavía está trabajando activamente como investigadora y profesora emérita en Cedars-Sinai Medical Center y profesora clínica de ciencias de la salud de pediatría en UCLA. Pero ahora se enfoca más en la reducción del estrés.

Afección en aumento

Una nueva investigación de Cedars-Sinai sugiere que el síndrome del corazón roto, aunque todavía no es frecuente, no es tan raro como se pensaba. Y va en aumento, especialmente entre las mujeres de mediana edad y mayores.

Este grupo “medio”, las mujeres de 50 a 74 años, tuvo la mayor tasa de aumento durante los años estudiados, 2006 a 2017, indicó la Dra. Susan Cheng, autora principal del estudio, publicado en Journal of the American Heart Association.[1] Es directora del Institute for Research on Healthy Aging en Smidt Heart Institute at Cedars-Sinai Medical Center, en Los Ángeles, Estados Unidos.

La Dra. Cheng y su equipo utilizaron datos de hospitalización de nosocomios nacionales con más de 135.000 personas diagnosticadas con la afección durante los 12 años del estudio. Más de 88% de todos los casos se dio en mujeres, especialmente en personas de 50 años o más. Cuando los investigadores analizaron más de cerca, encontraron que el diagnóstico ha aumentado al menos de 6 a 10 veces más rápidamente para las mujeres en el grupo de 50 a 74 años que en cualquier otro grupo.

Por cada caso de la afección en mujeres más jóvenes o en hombres de todos los grupos de edad, los investigadores encontraron 10 casos adicionales en mujeres de mediana edad y seis casos adicionales en mujeres mayores. Por ejemplo, si bien el síndrome se presentó en 15 mujeres más jóvenes por millón por año, ocurrió en 128 mujeres de mediana edad por año.

Los grupos de edad que se encuentran en mayor riesgo fueron sorprendentes, indicó la Dra. Cheng, quien esperaba que el riesgo fuera mayor en el grupo de mujeres de mayor edad, las mayores de 75 años.

Si bien los médicos ahora son más conscientes de la afección, “no se trata solo del mayor reconocimiento. Algo está sucediendo que ha impulsado el aumento continuo. Probablemente tenga algo que ver con los cambios ambientales”, señaló.

Las hormonas y las diferencias hormonales entre hombres y mujeres tampoco cuentan toda la historia, agregó. Su equipo lo estudiará más a fondo, con la esperanza de encontrar eventualmente quién podría tener más probabilidades de contraer la afección al hablar con quienes la han tenido y recopilar pistas. “Probablemente exista alguna predisposición genética subyacente”.

“Las hormonas neurales que impulsan la respuesta de huir o luchar (como la adrenalina) definitivamente están elevadas. El cerebro y el corazón están hablando entre sí”, destacó.

Los expertos añadieron que estas hormonas del estrés en aumento esencialmente “aturden” el corazón y afectan su funcionamiento. La pregunta es qué hace que las mujeres sean particularmente más susceptibles a alterarse excesivamente cuando se exponen al estrés. Eso no está claro, comentó la Dra. Cheng.

Si bien la afección es una experiencia aterradora, “el pronóstico general es mucho mejor que tener un ataque cardiaco común”, añadió.

Pero los investigadores todavía están averiguando los resultados a largo plazo y ella no puede decir a los pacientes si es probable tener otro episodio.

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Hallazgos de investigación reflejados en la práctica

Otros cardiólogos dicen que no les sorprenden los nuevos hallazgos.

“Creo que es muy consistente con lo que estoy viendo clínicamente”, indicó la Dra. Tracy Stevens, cardióloga del Saint Luke’s Mid America Heart Institute, en Kansas City, Estados Unidos. En los últimos 5 años ha diagnosticado al menos 100 casos. Está de acuerdo en que el aumento se debe en parte, pero no del todo, a una mayor conciencia de los médicos sobre la afección.

Si una mujer posmenopáusica llega al hospital con dolor en el pecho, es más probable que se sospeche de la afección ahora que en el pasado, señaló la Dra. Stevens, quien también es directora médica del Muriel I. Kauffman Women’s Heart Center en Saint Luke’s. Es difícil pasar por alto la imagen parecida a una olla de pulpo.

“Lo que vemos en la base del ventrículo izquierdo es que se aprieta mucho, se infla”, destacó.

“Probablemente vemos al menos de cinco a diez por mes”, añadió el Dr. Kevin Bybee, profesor asociado de medicina en University of Missouri-Kansas City School of Medicine.

Es posible que el aumento en las cifras encontrado por los investigadores de Los Ángeles ni siquiera capture la imagen real de cuántas personas han contraído esta afección, destacó. Sospecha que algunas mujeres cuyos fallecimientos se atribuyen a la muerte súbita cardiaca en realidad podrían haber tenido el síndrome del corazón roto.

“Siempre me he preguntado cuántos no llegan al hospital”, indicó.

El Dr. Bybee, quien también es director médico de servicios cardiovasculares en St. Luke’s South, en Overland Park, Estados Unidos, se interesó en el síndrome durante su beca en la Mayo Clinic cuando diagnosticó a tres pacientes en solo 2 meses. El especialista y su equipo publicaron los reportes de casos de siete pacientes en 2004.[2] Desde entonces se han publicado muchos más informes.

Los investigadores de Texas utilizaron la misma base de datos nacional que los investigadores de Cedars para analizar los casos de 2005 a 2014 y también encontraron un aumento.[3] Pero el coautor del estudio, el Dr. Abhijeet Dhoble, cardiólogo y profesor asociado de medicina en UT Health Science Center y Memorial Hermann-Texas Medical Center, en Houston, Estados Unidos, cree que un mayor reconocimiento explica la mayor parte del aumento.

Y la pandemia ahora está jugando un papel en el aumento de casos, destacó.

“En los últimos 2 años hemos notado un número creciente de casos, probablemente debido a la pandemia”, anotó.

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Perfiles de casos

A lo largo de los años, el Dr. Bybee ha recopilado información sobre lo que sucede antes de que el corazón comience a volverse loco.

“Entre 15 y 20% de las veces no hay un desencadenante obvio”, indicó.

Otras veces un evento emocional estresante, como el deceso de un cónyuge o un accidente automovilístico grave, puede desencadenarlo.

Una paciente con un miedo extremo a hablar en público tuvo que dar una charla frente a un grupo grande cuando era nueva en un trabajo. Otra mujer perdió dinero en un casino antes de que fallara el corazón, comentó el Dr. Bybee. Otro paciente sacó a su perro a pasear por el bosque y el perro quedó atrapado en una trampa para mapaches.

Argumentos intensos y fiestas sorpresa han desencadenado la afección, señaló el Dr. Bybee. Los problemas físicos, como el asma o la sepsis, una complicación potencialmente mortal de una infección, también pueden desencadenar el corazón roto.

“Es un desafío porque es impredecible”, señaló.

Tratamiento y recuperación

La afección rara vez es fatal, dicen los expertos de Harvard y Mayo Clinic, pero algunos pacientes pueden tener complicaciones como insuficiencia cardiaca.

No existen pautas estándar para el tratamiento, agregó Dhoble, de Memorial Hermann. “Damos fármacos para mantener la presión arterial en el rango óptimo”. Los médicos también pueden recetar fármacos para reducir los lípidos y anticoagulantes. “La mayoría de los pacientes se recuperan en 3 a 7 días”.

“Por lo general en un mes, su función cardiaca vuelve a la normalidad”, señaló la Dra. Stevens.

Recuperar toda la energía puede llevar más tiempo, como descubrió la Dra. Kamil. “Pasaron unos 6 meses antes de que me pusiera al día”, indicó.

Charla de sobrevivientes

Mirando hacia atrás, la Dra. Kamil se da cuenta ahora de lo estresada que estaba antes de su episodio.

“Cuidé de niños con enfermedades crónicas”, dijo, y se preocupó por ellos. “Soy una especie de mamá gallina”.

Además de la atención al paciente y la planificación de reuniones entre los condados, viajaba de ida y vuelta a Florida para atender a su madre, que tenía problemas de salud crónicos. También administraba el premio anual de medios de ese año en una universidad de San Diego que ella y su esposo establecieron después del fallecimiento de su hijo adulto varios años antes.

“Estaba ocupada con eso y es una experiencia agridulce”, indicó.

Está tratando de seguir el consejo de su cardiólogo de bajar la velocidad.

“Solía tener fama de decir: ‘Necesito hacer una cosa más'”, agregó.

Joanie Simpson señaló que ella también ha bajado el ritmo. Le diagnosticaron el síndrome de corazón roto en 2016, después de una avalancha de eventos estresantes. Su hijo se enfrentaba a una cirugía de espalda, su yerno había perdido su trabajo y su pequeño Yorkshire terrier Meha falleció. Y ella y su esposo, Benny, tenían problemas con su propiedad de alquiler.

Ahora, con 66 años de edad y jubilada en Camp Wood, Estados Unidos, ha aprendido a disfrutar de la vida y a preocuparse un poco menos. La música es una forma de lograrlo.

“Somos Parrotheads“, indicó, haciendo referencia al apodo que se les da a los fans del cantante Jimmy Buffett. “Escuchamos a Buffett y música de los sesenta, setenta y ochenta. Bailamos en la casa. No somos de ir a tabernas, así que bailamos alrededor de la sala y esperamos no caernos de la mesa de café. Hasta ahora todo bien”.

Tienen planes de comprar un pequeño pontón e ir a pescar. Benny ama especialmente esa idea, dice riendo, ya que descubre que es la única vez que ella deja de hablar.

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Reducir la frase: “¿Qué pasaría si…?”

Los pacientes tienen una pregunta y una preocupación en común: ¿Y si vuelve a ocurrir?

“Definitivamente me preocupaba más al principio”, señaló la Dra. Kamil. “¿Podría tener daño cardiaco permanente? ¿Seré una persona con discapacidad cardiaca?”. Su preocupación se ha calmado.

Si sospecha de la afección, “acuda a un médico que la conozca”, comentó.

Es muy probable que los cardiólogos sospechen de la afección, comentó el Dr. Bybee, al igual que los médicos que trabajan en un Departamento de Urgencias de gran volumen.

La Dra. Stevens, de St. Luke’s, es directa y dice a sus pacientes lo que se sabe y lo no se sabe de la afección. Recomienda que sus pacientes vayan a rehabilitación cardiaca.

“Les da esa confianza para saber lo que pueden hacer”, indicó.

También da consejos sobre el estilo de vida, sugiriendo a los pacientes que obtengan un baumanómetro para medir la presión arterial en casa y lo usen. Sugiere prestar atención a la buena nutrición y el ejercicio y no levantar nada tan pesado que requiera hacer mucho esfuerzo.

Concéntrese en proteger la salud del corazón, dice la Dra. Cheng a los pacientes. Los anima a encontrar el plan de reducción del estrés que les funcione. Lo más importante es que les pide a los pacientes que comprendan que no es su culpa.

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Ácido acetilsalicílico redujo el riesgo de preeclampsia en un estudio sobre el lupus en el mundo real

Mujeres con lupus eritematoso sistémico (LES) que tienen riesgo de padecer preeclampsia pueden beneficiarse de un tratamiento oportuno con dosis bajas de ácido acetilsalicílico y tal vez hidroxicloroquina, de acuerdo con investigadores alemanes.

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En un estudio prospectivo del mundo real sobre 190 embarazos en 148 mujeres (edad promedio: ~ 30 años), el uso de dosis bajas de ácido acetilsalicílico a partir de la 16ª semana gestacional se relacionó con menos riesgo de preeclampsia que en mujeres que no utilizaron el medicamento (odds ratio ajustado [ORa]: 0,21;  p < 0,05).

La utilización de hidroxicloroquina a partir del primer trimestre tuvo un “efecto moderador”, dijo la Dra. Isabell Haase, científica clínica principal del Departamento de Reumatología de la Hiller-Research Unit, en Dusseldorf, Alemania. Aunque no se trataba de un efecto estadísticamente significativo (ORa: 0,47; p = 0,21), la asociación se intensificaba si solo se consideraban los embarazos de alto riesgo (ORa: 0,28; p = 0,075).

“Creo que esto nos demuestra una vez más que el asesoramiento y la evaluación del riesgo en las pacientes con lupus es muy importante para descubrir a aquellas con mayor riesgo y tratarlas lo mejor posible”, dijo la Dra. Haase, quien participó en el 14° International Congress on Systemic Lupus Erythematosus que tuvo lugar con el 6° International Congress on Controversies in Rheumatology and Autoimmunity (LUPUS & CORA 2021).

Preeclampsia y lupus

“Las mujeres con lupus eritematoso sistémico tienen un alto riesgo de preeclampsia debido a su enfermedad autoinmunitaria”, explicó la Dra. Haase. “Este riesgo puede aumentar más si una mujer es portadora de factores de riesgo adicionales como hipertensión o nefritis por lupus“.

Se sabe que la dosis baja de ácido acetilsalicílico protege contra el desarrollo de preeclampsia en mujeres sin enfermedades autoinmunitarias si se empieza a tomar antes de la semana 16 de la gestación, añadió la Dra. Haase. Por eso la recomienda tanto el American College of Rheumatology como la European Alliance of Associations for Rheumatology.

“En el caso de la hidroxicloroquina, solo contamos con algunos estudios pequeños y su mecanismo de acción que nos conducen a pensar que podría tener un efecto beneficioso sobre la preeclampsia en pacientes con lupus”, dijo.

Diseño del estudio y resultados

El objetivo del estudio fue ver si en una cohorte del mundo real tenía algún efecto beneficioso el ácido acetilsalicílico o la hidroxicloroquina en lo que respecta al desarrollo de preeclampsia.

Los investigadores utilizaron datos recogidos de forma prospectiva de embarazos atendidos en una clínica obstétrica de pacientes externas durante 1995 a 2019. Utilizaron la regresión logística múltiple para determinar si tenían algún efecto cuatro tratamientos sobre el desarrollo de preeclampsia: ácido acetilsalicílico (n = 39 pacientes) o hidroxicloroquina (n = 39) sola, en combinación (n = 43) o ninguno de los dos fármacos (n = 69).

En general, 56% de las mujeres tuvieron factores de riesgo significativos para preeclampsia, entre ellos un antecedente previo, gestación multifetal, hipertensión crónica, nefritis por lupus o anticuerpos antifosfolípido. Otras más (28%) tenían factores de riesgo moderado, como el no haber tenido descendencia, un índice de masa corporal (IMC) > 30 kg/m2 y una edad mayor de 35 años.

La tasa global de preeclampsia en la población del estudio fue de 13,2%, “lo que es congruente con otros estudios de pacientes con lupus embarazadas”, puntualizó la Dra. Haase. Las tasas en cada uno de los cuatro grupos de tratamiento fueron 15,4% con ácido acetilsalicílico solo, 7,7% con hidroxicloroquina sola, 14% con ambos fármacos y 14,5% con ninguno de ellos.

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Las probabilidades de desarrollar preeclampsia fueron más bajas con ácido acetilsalicílico o hidroxicloroquina por igual. Los factores que aumentaron las probabilidades fueron gran actividad de la enfermedad en el primer trimestre (ORa: 4,55), un índice de masa corporal de > 30 kg/m2 (ORa: 6,14), tener anticuerpos antifosfolípido de alto riesgo o síndrome antifosfolípidos (ORa: 8,02) y un antecedente de preeclampsia (ORa: 9,78).

Solo la gran actividad en la enfermedad en el primer trimestre y un índice de masa corporal de > 30 kg/m2 se mantuvieron predictores independientes de preeclampsia cuando los investigadores consideraron únicamente los embarazos de alto riesgo (ORa: 7,74 para la gran actividad de la enfermedad en el primer trimestre y 10,04 para un índice de masa corporal elevado).

Los resultados son “en realidad impresionantes”, declaró la Dra. Angela Tincani, consultora sénior en la Unidad de Reumatología e Inmunología Clínica de Spedali Civili di Brescia, en Italia.

La Dra. Tincani observó que el estudio había abarcado “un gran número de años” (1995 a 2020).

“Creo que nuestra actitud al cuidar a los pacientes con lupus ha cambiado durante este tiempo. Como un ejemplo, creo que probablemente utilizamos menos corticoesteroides ahora que en la década de 1990”, declaró.

Cuando se le preguntó si los cambios en la práctica han influido en los hallazgos, reconoció que “se puede ver que la prescripción de los diferentes medicamentos ha cambiado mucho. También pensamos que debemos tener en cuenta los años como un factor de confusión, pero no hemos analizado estadísticamente eso, aunque definitivamente es algo que haremos en un futuro próximo”.

El estudio no recibió financiación externa. La Dra. Haase ha recibido honorarios por viáticos de AbbVie, Celgene, Chugai, Janssen-Cilag, Eli Lilly y Medac. La Dra. Tincani ha declarado no tener ninguna relación económica pertinente.

Sara Freeman es una periodista médica con sede en Reino Unido que se especializa en reportaje de congresos médicos y contenido para sitios web. 

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La pandemia de COVID-19 afecta los ciclos menstruales

Una encuesta de más de 12.000 mujeres en edad reproductiva encontró que 1 de cada 3 había experimentado cambios en sus ciclos y síntomas menstruales durante la pandemia de COVID-19. Los niveles de estrés notablemente más altos que los puntos de referencia prepandémicos podrían estar afectando la menstruación.

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Esto tiene implicaciones para las mujeres que intentan concebir o que luchan contra la infertilidad, comentó Shannon M. Malloy, investigadora y asociada de datos de Ovia Health, una empresa de tecnología de salud para mujeres y familias en Boston. Malloy presentó este estudio en el Congreso de la American Society for Reproductive Medicine (ASRM) 2021.

COVID-19 ha introducido nuevos estresores psicosociales, interpersonales y ambientales. La pandemia es “uno de los desastres más estresantes y colectivamente experimentados que la sociedad moderna ha visto”, destacó Malloy. Una vez imaginada como un evento puntual en el tiempo, COVID-19 se ha arraigado en la vida diaria en el futuro previsible.

Las investigaciones han demostrado que el estrés crónico a largo plazo produce niveles altos de cortisol, que pueden alterar la endocrinología y la regulación de los ciclos menstruales. Esto puede hacer que formar una familia sea aún más desafiante, dijo Malloy. Los médicos y otros proveedores de salud siempre han tomado en cuenta el estrés al tratar a los pacientes, pero nunca en este nivel de estrés crónico y episódico.

Encuesta examina el impacto en la tecnología de reproducción asistida

Ovia Health decidió investigar la relación entre el estrés percibido y el ciclo menstrual y los cambios en los síntomas durante la pandemia de COVID-19, para ver cómo podría afectar la tecnología de reproducción asistida.

Desde marzo de 2020 hasta abril de 2021, los usuarios de la aplicación móvil Fertility de Ovia Health en Estados Unidos participaron en una encuesta. Los ítems capturaron cambios en el patrón y la sintomatología de la menstruación e incluyeron la versión de 4 ítems de la Escala de Estrés Percibido (PSS-4). Una prueba t pareada evaluó las diferencias entre los grupos (con cambios menstruales frente a ningún cambio menstrual). La encuesta preguntó a las participantes qué cambios notaron en su ciclo menstrual y por qué pensaban que los patrones o síntomas del ciclo cambiaron.

Un tercio informó cambios en el ciclo y síntomas

Entre 12.302 encuestadas, 1 de cada 3 (36%) informó cambios en el ciclo o los síntomas; 87%dijo que su ciclo comenzó temprano o tarde; 29% informó síntomas más fuertes durante la menstruación, como dolor lumbar, calambres o cambios en la secreción y 27% dijo que el sangrado era más abundante durante la menstruación.

Estos resultados son similares a otros estudios que investigan el efecto del estrés episódico en la menstruación, señaló Malloy.

Quienes informaron cambios en el ciclo menstrual o en los síntomas obtuvieron una puntuación más alta en promedio en el PSS-4, en comparación con aquellas que no informaron ningún cambio (8,5 frente a 8,3, respectivamente; p < 0,05). Los puntajes de PSS-4 en todos los ámbitos fueron notablemente más altos en todas las encuestadas, independientemente de la irregularidad del ciclo/síntoma, en comparación con la evaluación comparativa prepandémica en poblaciones similares.

Poco más de la mitad (55%) pensaba que el estrés contribuía a su patrón de ciclo menstrual y/o cambios en los síntomas, mientras que 33% apuntaba a cambios en la salud mental, como depresión o ansiedad. “Curiosamente, muchas usuarias creían que la vacuna contra la COVID-19 afectaba los cambios en los síntomas del ciclo menstrual”, añadió Malloy.

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No hay una asociación definitiva entre la vacuna y la menstruación

Si bien los efectos secundarios conocidos de la vacuna incluyen dolor en el brazo, fiebre, fatiga y mialgia, algunas mujeres han informado cambios en su ciclo menstrual, manifestó el Dr. Mark P. Trolice, profesor de obstetricia y ginecología en University of Central Florida y director de IVF Center, en Orlando, Estados Unidos.

“La reacción de la respuesta inmune a la vacunación en lugar de la vacuna podría ser el factor implicado”, destacó el Dr. Trolice, que no participó en el estudio.

Actualmente no existe una asociación directa entre la vacuna y los efectos posteriores sobre la menstruación, continuó. “La mayoría de las mujeres experimenta la reanudación de los intervalos normales 1 mes después de la vacunación. Además no hay evidencia creíble que vincule la vacuna con la infertilidad”.

“Sin embargo, la investigación en esta área es vital y está en curso”, agregó.

Los médicos pueden ayudar con el estrés

La interrupción del ciclo menstrual es especialmente frustrante para las mujeres que intentan formar una familia, indicó Malloy. Los proveedores de salud pueden estar observando más irregularidades menstruales en sus pacientes y viendo que más pacientes tienen dificultades para concebir por sí mismas y recurren a la tecnología de reproducción asistida.

Los médicos no pueden hacer que COVID-19 desaparezca, pero podrían ayudar a las pacientes haciendo un mejor trabajo al integrar las pruebas de cribado de salud mental, refiriendo a las pacientes a tratamientos que optimicen los resultados del tratamiento de la concepción y la fertilidad, puntualizó Malloy.

La encuesta fue limitada porque sus preguntas no consideraron los criterios de diagnóstico adecuados para la irregularidad, en comparación con los cambios autoinformados. Pero destaca la necesidad de realizar más investigación sobre el efecto de la pandemia en la menstruación y la vacuna en la menstruación. “En agosto National Institutes of Health comprometieron 1,6 millones de dólares para explorar esta asociación. Esperamos ver cuáles son sus resultados” concluyó Malloy.

Malloy y el Dr. Trolice han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este contenido fue originalmente publicado en MDEdge, parte de la Red Profesional de Medscape. 

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El “rejuvenecimiento vaginal” con láser no muestra ningún beneficio en ensayo controlado con placebo

Los datos de un nuevo ensayo clínico sobre el láser de dióxido de carbono fraccionado para el tratamiento de los síntomas vaginales asociados con la menopausia, un tratamiento que no está aprobado en Estados Unidos, pero que a menudo se anuncia como un “rejuvenecimiento vaginal” seguro y eficaz, indican que no funciona.

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La demanda de remedios no hormonales efectivos para tratar los síntomas de la menopausia vaginal ha llevado a “una rápida difusión y adopción del láser de dióxido de carbono fraccional que está disponible comercialmente, a pesar de que hasta la fecha no cuenta con datos de ensayos controlados con placebo”, indicaron en JAMA el Dr. Jason Abbott y sus colaboradores de UNSW Sydney, en Sídney, Australia.

Hicieron un estudio con doble enmascaramiento, aleatorizado y controlado con un láser simulado en el que participaron 85 mujeres posmenopáusicas que buscaban tratamiento médico para los síntomas vaginales.

Cuarenta y tres mujeres se sometieron a tres tratamientos con láser de dióxido de carbono microablativo fraccional realizados con cuatro a ocho semanas de diferencia a potencia estándar y 42 se sometieron a un tratamiento con láser simulado realizado en configuraciones de energía mínima sin efecto tisular.

A los 12 meses no se encontraron diferencias significativas entre los grupos en el cambio en la gravedad de los síntomas, evaluados mediante una escala analógica visual y el cuestionario de síntomas vulvovaginales. Tampoco hubo diferencias entre los grupos en las puntuaciones de calidad de vida o comparaciones histológicas.

Hubo 16 eventos adversos en el grupo de láser y 17 en el grupo de simulación, incluidos dolor/malestar vaginal (44% frente a 68%), manchado, secreción y síntomas del tracto urinario inferior. No se informaron eventos adversos graves en ninguno de los grupos.

La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos no ha aprobado ningún dispositivo basado en energía para tratar los síntomas vaginales posmenopáusicos y en 2018 advirtió que estas terapias pueden provocar eventos adversos graves, que incluyen quemaduras vaginales, cicatrices, dolor durante las relaciones sexuales y dolor crónico o recurrente.

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“Nos preocupa profundamente que las mujeres estén siendo lastimadas”, dijo en ese momento el entonces comisionado de la FDA, Dr. Scott Gottlieb.

En un editorial de JAMA, la Dra. Marisa Adelman y la Dra. Ingrid Nygaard, del Departamento de Ginecología y Obstetricia de University of Utah School of Medicine, en Salt Lake City, Estados Unidos, señalaron que la trayectoria de “estudios a corto plazo, no controlados y altamente optimistas que conducen a un uso clínico generalizado de la terapia con láser vaginal, seguido de un aumento en los informes de eventos adversos y advertencias de la FDA, trae una desafortunada sensación de déjà vu en la salud de las mujeres”.

“Después de la prisa por comercializar productos como la malla vaginal para el tratamiento del prolapso de órganos pélvicos antes de la finalización de rigurosos ensayos aleatorizados, estos productos ya no se comercializan en Estados Unidos”, señalaron.

Según los resultados del estudio actual, “el uso de la tecnología láser vaginal para el tratamiento de los síntomas genitourinarios debe limitarse a un entorno de investigación hasta que la evidencia de alta calidad respalde tanto la efectividad como la seguridad. Los hallazgos también resaltan la importancia de realizar estudios rigurosos adicionales para determinar terapias basadas en evidencia para mujeres con síndrome genitourinario de la menopausia”, concluyeron la Dra. Adelman y la Dra. Nygaard.

Traducido y adaptado por el equipo de Medscape en español.

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La expresión del receptor de leptina puede tener un valor predictivo de la respuesta a la terapia neoadyuvante en cáncer de mama

Una investigación llevada a cabo en el MD Anderson Cancer Center Madrid aporta nuevos datos respecto al nexo existente entre obesidad y cáncer de mama y más concretamente, sobre el papel que tiene el receptor de leptina (Ob-R) en estas pacientes.

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Este estudio, pionero y único en España en la investigación acerca de la relación entre cáncer de mama y obesidad, se encuadra en el marco de la línea de trabajo del grupo que lidera la Dra. Laura García Estévez, jefa de la Sección de Tumores de Mama y coordinadora de la Unidad Multidisciplinar de Mama del MD Anderson Cancer Center Madrid.

La Dra. García comentó a Medscape en español:“Estudiando el eje leptina-receptor de leptina nos pareció muy interesante el hecho de que el receptor de leptina apenas se expresaba en el epitelio de la glándula mamaria normal, pero en cambio, había evidencia de alta expresión en las células de cáncer de mama. En este sentido, pensamos que podría ser interesante estudiar el receptor de leptina como factor predictivo de respuesta al tratamiento neoadyuvante”.

El objetivo principal de este estudio retrospectivo fue investigar la correlación entre la expresión inmunohistoquímica del receptor de leptina y la respuesta patológica completa en pacientes con cáncer de mama temprano que reciben tratamiento sistémico neoadyuvante.

Se analizó un total de 100 mujeres con este tumor que recibieron esta terapia seguida de resección quirúrgica. Como objetivo secundario se estableció el análisis de la correlación del receptor de leptina con los subtipos de cáncer de mama y otras variables clínicas, como edad, índice de masa corporal, estado menopáusico y densidad mamográfica.

Los resultados reflejaron, por un lado, una alta expresión de receptor de leptina en 52% de los tumores y por otro, que un porcentaje significativamente mayor de pacientes con tumores receptor de leptina positivos logró una respuesta patológica completa en comparación con aquellos receptor de leptina negativos (57,7% frente a 27,1%).

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Potencial biomarcador

Para la directora de la investigación, este último es un dato muy interesante que merece la pena recalcar: “Los tumores con sobreexpresión de receptor de leptina tenían significativamente más probabilidad de lograr una respuesta patológica completa que los tumores sin receptor de leptina. Esto se vio principalmente en triples negativos y en la población global de HER2+, pero cuando se analizaba específicamente al grupo de HER2+, esta diferencia no existía en el subgrupo HER2 puro, aunque había una tendencia en el grupo HER2+/RH+.

Como es sabido, este subgrupo responde peor a la quimioterapia que el grupo HER2+ puro, por lo que podría ser un marcador añadido que ayudaría a saber quiénes son las pacientes que van a responder mejor. Estamos ampliando la muestra específicamente en este grupo para confirmar este dato”.

Asimismo, la Dra. García hizo hincapié en lo novedoso de estas evidencias, “ya que nunca se había estudiado la vía de leptina/receptor de leptina en el cáncer de mama y su relación con la respuesta al tratamiento. El nexo entre obesidad y cáncer de mama siempre se había establecido con el índice de masa corporal, pero con estas investigaciones profundizamos más en el tumor y en el microambiente tumoral, donde el tejido adiposo es parte relevante”.

Respecto a los objetivos secundarios, los autores comprobaron que aquellas pacientes con expresión de receptor de leptina positiva eran significativamente más jóvenes que las que tenían tumores receptor de leptina negativos (mediana: 44 años frente a 51,5 años). Cuestionada por las razones que explicarían esta evidencia, la Dra. García manifestó que se trata de una cuestión a la que todavía no han encontrado una respuesta apropiada: “Podría deberse a que las pacientes más jóvenes tienen tumores más agresivos, pero esa circunstancia no siempre es una constante. Tampoco encontramos correlación entre el hecho de que estas mujeres más jóvenes presentaban mayores índices de masa corporal”.

Leptina y obesidad en otros tumores: evidencias

Además de su impacto en el cáncer de mama, la Dra. García comentó que este papel del receptor de leptina también se ha visto en otro tipo de tumores: “La leptina es una hormona que tenemos todos los seres humanos; es la hormona de la saciedad, pero también tiene relación con otros sistemas, como el inmunitario. Es liberada por el tejido adiposo y eso significa que a mayor tejido adiposo mayores son los niveles de leptina en sangre. Además es una hormona que favorece la tumorogénesis. Hay investigaciones del receptor de leptina en otros tumores, como el cáncer de colon o tumores ginecológicos, pero no se ha estudiado su valor predictivo a la quimioterapia”. La Dra. Gema Frühbeck, coordinadora del Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra y jefa del Grupo de Investigación CIBEROBN, quien no participó en este estudio, señaló que la sobreexpresión del receptor de leptina en otro tipo de tumores es conocida. “Existe evidencia, en particular en el caso del cáncer de colon”.


La especialista manifestó a Medscape en español que la evidencia epidemiológica y molecular respecto al nexo entre obesidad y mayor riesgo de desarrollar ciertos tumores es clarísima desde hace años “y está bien establecida a nivel molecular, no solo debido a la leptina, sino a otras muchas adipoquinas que son generadas por el tejido adiposo y que funcionan como factores de crecimiento”.

En cuanto al vínculo leptina-obesidad, que es la base de la que parte este estudio, la Dra. Frühbeck destacó que en la mayoría de los pacientes con obesidad se observan concentraciones elevadas de leptina debido a la resistencia a la leptina, “es decir, que a pesar de los altos niveles de esta adipoquina, esta no ejerce sus efectos, de forma análoga a lo que ocurre en los pacientes con resistencia a la insulina y diabetes de tipo 2“.

“Las evidencias más recientes respecto al manejo adecuado de los niveles de esta hormona y los factores implicados en la elevación de estos niveles apuntan a que la pérdida ponderal, conseguida mediante tratamiento convencional (cambio de hábitos dietéticos y actividad física), endoscópico y quirúrgico (cirugía bariátrica), consigue mejorar la resistencia a la leptina y todo lo que ello conlleva. En este sentido, resulta especialmente importante disminuir el porcentaje de grasa corporal del paciente y en especial, el exceso de adiposidad visceral”, añadió la Dra. Frühbeck.

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Menopausia y otros factores implicados

Al hablar de otras evidencias que se están obteniendo dentro de la línea de trabajo de su grupo de investigación, la Dra. García incidió en que la relación entre obesidad y cáncer de mama es compleja y paradójica: tiene un efecto protector frente al cáncer de mama en las mujeres premenopáusicas y un efecto inductor del cáncer en la menopausia.

“Este dato nos parece sumamente interesante y en él entran en juego muchos factores. En este sentido, nuestro centro lleva a cabo un estudio prospectivo para analizar el factor protector de la obesidad en las mujeres jóvenes. Con dos cohortes de pacientes con índice de masa corporal ≥ 25 (obesidad o sobrepeso), unas con cáncer de mama y otras sin este tumor, analizamos el papel de las dos hormonas más importantes: leptina y adiponectina y su relación con otros factores inherentes a la mujer”.

Para la Dra. García esta línea de investigación permite contemplar la posibilidad de que la combinación de una serie de factores de la propia mujer pudiera predecir el desarrollo de un cáncer y lo más importante, que esto pudiera llevar a alertarla y a cambiar algunos hábitos de vida para revertir esos factores alterados. “Esperamos tener pronto resultados en este sentido”.

En cuanto a la continuidad del estudio, la Dra. García concluyó: “El siguiente paso ha sido demostrar una hipótesis que nos planteábamos: que el eje leptina/receptor de leptina estaba con más frecuencia sobreexpresado en las biopsias de pacientes con tumores triple negativos y HER2+ y que estos subtipos son los que con más frecuencia demuestran tener linfocitos T alrededor del tumor. La hipótesis se basaba en demostrar que el eje leptina/receptor de leptina pudiera estar involucrado en la atracción de esos linfocitos T alrededor del tumor. Esta hipótesis se confirmó, pero ahora queremos ampliar más la muestra para reforzarla y caracterizar estos linfocitos T alrededor del tumor”.

La Dra. García y la Dra. Frühbeck han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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“Tengo que vivir”: dos mujeres narran su lucha contra el cáncer de seno

La llegada de la pandemia, hace ya más de un año, no ha detenido el diagnóstico de cáncer de seno, uno de los de mayor incidencia en la población femenina de la isla. Esto, con el agravante de que, por unos meses, muchas mujeres pusieron en pausa las pruebas de cernimiento para detectar a tiempo cualquier riesgo.

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De hecho, parte de la campaña de este año de Susan G. Komen -organización que lidera los esfuerzos de educación sobre cáncer de seno, atención médica y tratamientos- apela a que las personas se hagan sus estudios a tiempo.

“No queremos encontrar cánceres más avanzados y en una etapa más tardía, lo que complica el escenario de tratamiento”, advierte la presidenta de Susan G. Komen, Eva Cruz Jové, quien destaca que parte del lema es que “la pandemia no nos detenga”.

Además del autoexamen de los senos, destaca la radióloga, en términos de imágenes, estas pruebas de cernimiento -como mamografía y sonomamografía- han probado ser las únicas herramientas que pueden detectar lesiones tan pequeñas que no son palpables ni evidentes clínicamente.

“La meta de todo médico es identificar el cáncer cuando solamente se ve en imágenes. Y la mamografía es el estudio que nos ayuda a detectar estas lesiones”, reitera la doctora Cruz, al indicar que se ha logrado demostrar que la mamografía puede bajar hasta casi un 30% las muertes por cáncer de seno.

Más aún, destaca que cuando son lesiones muy pequeñas, se puede decir que son curables casi todas. De hecho, dice que más de un 90% de las pacientes que tienen una detección temprana, eventualmente se curan y muchas no requieren tratamientos más agresivos como quimioterapia o cirugías más complicadas.

Precisamente, aunque la radióloga indica que hoy la mujer está más educada sobre la importancia de las pruebas, todavía necesitan llegar a sitios donde las personas no tienen acceso a estas pruebas, como Vieques y Culebra. “Ya sea con unidades móviles o con alianzas con otros centros radiológicos queremos llegar a estos sitios porque todavía hay lugares que no tienen máquinas de mamografías”.

“Hicimos lo que tenía que hacer”

Con esa frase, resume Maribel Villegas su empinado camino para vencer el cáncer de seno invasivo en estadio dos, con metástasis en el sistema linfático, diagnosticado cuando apenas tenía 30 años.

La sobreviviente cuenta que su madre fue diagnosticada con cáncer de seno a los 45 años. Por eso, ella tenía que hacerse su primera mamografía al cumplir los 35 años, diez años antes del diagnóstico de su progenitora.

“Palparme una masa en el seno derecho mientras me bañaba fue una gran sorpresa. Rápido fui a chequearme y a hacerme mi mamografía y el radiólogo me dijo que no me fuera, que iban a tomar otras muestras. Me hicieron una sonomamografía y ese mismo día me enviaron a un cirujano”, cuenta Maribel, mientras resalta que todo fue tan rápido que no tuvo oportunidad de procesar bien lo que estaba pasando. Más bien, solo pensaba en sus dos hijos, de cuatro y seis años y los deseos que tenía de verlos crecer.

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“Hicimos lo que tenía que hacer. Fui al cirujano y él me dijo que había que sacar el tumor y esa misma semana estaba en sala de operaciones. A la semana, cuando salieron los resultados (del tumor) y el doctor me dijo ‘tenemos cáncer’, ahí fue cuando en realidad me di cuenta de que era más serio de lo que pensaba”, recuerda Maribel, hoy de 44 años.

“En ese momento le pregunté al doctor qué tenía que hacer y me dijo que debía regresar a sala de operaciones. Fue muy difícil, sabíamos que empezaba un nuevo camino, que todo iba a ser distinto y que iba a haber muchos cambios. Hubo dos cirugías adicionales y después de eso comencé quimioterapia”.

Luego de 16 sesiones de quimioterapia, se encontró que todavía había un área que había que “limpiar un poco más para asegurarnos que todo estuviese bien”. Fue cuando, junto a su oncólogo y el cirujano, tomó la decisión de someterse a una mastectomía bilateral (cirugía para eliminar ambos senos).

“El proceso de la mastectomía, luego de las quimioterapias, fue muy duro físicamente, muy doloroso. Pero una vez completada esa etapa, uno siente que, aunque no quedaste igual, estoy viva, estoy bien”, asegura. Añade que el proceso de reconstrucción también ha sido cuesta arriba, sobre todo porque su organismo comenzó a rechazar los implantes y hasta hace apenas cinco meses, ha tenido ocho cirugías para remover y cambiarlos.

Durante todos estos años, afirma Maribel, esa oportunidad de vida que ha tenido, de poder contar y hablar sobre el tema, la motivó a ser voluntaria en Susan G. Komen. “La organización me dio la herramienta de conocimiento para entender el proceso de la enfermedad. Pude canalizar la energía dentro de todo lo que tenía que hacer para mi recuperación, ayudando a otros, llevando charlas educativas aún durante el proceso de quimioterapia, sin mi pelito y, gracias a Dios, ya son 13 años y lo podemos contar y, si una sola persona se hace esa mamografía a tiempo y recibe su tratamiento, pues valió la pena, era la razón de ser”, agrega la también corredora de Bienes Raíces.

“Este trabajo de crear conciencia en la población es importante. No es lo mismo encontrar un cáncer en un estadio cero o uno, a encontrarlo ya en estadio tres o cuatro”, explica la voluntaria.

Y aunque Maribel acepta que su vida ha cambiado radicalmente, dice que también ha tenido la oportunidad de ver “todas las bendiciones que ha tenido”.

“A mí me define la fuerza y la voluntad que uno tiene para sobrellevar esto”, reitera, mientras destaca la labor de Susan G. Komen para ayudar a pacientes que, en muchas ocasiones, no pueden costear los tratamientos. “El llamado es a que ese trabajo continúe, que nos apoyen para poder seguir ayudando a esos pacientes que lo necesitan”.

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Diagnóstico en medio de la pandemia

Para la maestra Iris Pérez, el 2020 fue un año muy difícil, pero no necesariamente fue a causa del COVID-19. Específicamente, recuerda la noche del 13 de enero, cuando se bañaba y notó algo extraño en uno de sus senos.

“Noté que la parte del medio del seno se hundía. Cuando me toqué lo sentí duro y en ese momento, me dije, qué es esto, tengo cáncer, me voy a morir, y empecé a llorar. Al otro día fui rápido al ginecólogo, me chequeó y me dijo que sí, que efectivamente tenía algo ahí”, relata Pérez.

“Da la casualidad de que el radiólogo es amigo mío y me dijo que veía algo que no le gustaba y ahí mismo me dijo que me iba a hacer una biopsia. Todo fue muy rápido, papá Dios es grande y ya en abril me estaban operando. Así que nos movimos superrápido”, recuerda Pérez, mientras comenta que cuando el radiólogo la llamó para decirle que tenía cáncer ya ella lo presentía.

“Se me aguaron un poco los ojos, pero la realidad es que lloré más cuando me palpé la masa por primera vez. Parece que de ahí en adelante fui asimilando todo. En ese momento, cuando estaba el COVID-19 en su apogeo, lo único que quería era que me sacaran el tumor”, comenta la maestra, quien trabajó de forma virtual.

“Me operaron el 13 de abril, el día antes de mi cumpleaños y tomé la decisión de sacarme los dos senos porque ya yo había tenido una masa benigna en el seno izquierdo y la masa maligna era en el derecho. Se suponía que me hicieran reconstrucción, pero el cirujano plástico decidió no ponerme los expansores porque la piel había sufrido mucho y todavía no me he reconstruido”, rememora Iris, quien luego recibió la quimioterapia.

“Fueron ocho sesiones de quimio. Era un cáncer en estadio uno, pero me tuvieron que sacar un nódulo de la axila”, añade la mujer de 47 años, tras aceptar que escuchar que se tiene cáncer no es fácil, pero su hijo, que tenía seis años en ese momento, fue el motor que la mantuvo durante todo el proceso.

“Yo me decía, tengo que vivir por este nene, sino quién lo va a criar. Mi familia también fue muy importante. El cambio mayor es valorar más la familia, el trabajo, la vida misma, reflexiona Iris, a quien recientemente le dieron la buena noticia de que estaba libre de cáncer.

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Para tener en cuenta

La Sociedad Americana Contra el Cáncer (ACS en inglés) ofrece las siguientes recomendaciones para la detección temprana del cáncer de seno en mujeres con riesgo promedio (si no tiene antecedentes de cáncer de seno, un familiar cercano con la enfermedad, o una mutación genética -como el gen BRCA- que aumente el riesgo):

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  • De 40 a 44 años, las mujeres tienen la opción de iniciar la detección temprana con una mamografía anual.
  • De 45 a 54 años deben someterse a una mamografía todos los años.
  • A partir de los 55 años, las mujeres pueden hacerse la mamografía cada dos años, pero también pueden optar por continuar haciéndolo anualmente.
  • A las mujeres que están en alto riesgo de cáncer de seno, la ACS recomienda someterse a una imagen de resonancia magnética (MRI) de los senos y a una mamografía anual, por lo general, a partir de los 30.

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito en mujeres y personas con obesidad

Un nuevo estudio sugiere que reemplazar el azúcar (sacarosa) con el edulcorante no nutritivo sucralosa puede no tener el efecto de pérdida de peso deseado y de hecho, parece aumentar el apetito en mujeres y personas con obesidad.

Estos son nuevos datos y se necesitan más estudios, indicaron los expertos.

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Después de consumir una bebida endulzada con sucralosa en lugar de sacarosa, las mujeres y las personas con obesidad aumentaron la actividad en el centro de recompensa del cerebro y las mujeres comieron más alimentos en un bufet posterior al ayuno.

“Pudimos demostrar que las mujeres y las personas con obesidad pueden ser más sensibles a los edulcorantes artificiales”, comentó la autora principal, Dra. Kathleen Page, profesora asociada de medicina en la Keck School of Medicinede la University of Southern California, en Los Ángeles, Estados Unidos.

“Para estos grupos, ingerir bebidas endulzadas artificialmente puede engañar al cerebro para que sientan hambre, lo que a su vez puede resultar en el consumo de más calorías”, agregó.

Aunque muchas personas usan edulcorantes artificiales para tratar de perder peso, la Dra. Page señaló que su lugar en una dieta saludable es controversial. Algunos estudios sugieren que pueden ser útiles, mientras que otros muestran que pueden contribuir al aumento de peso, la diabetes de tipo 2 y otros trastornos metabólicos.

Los nuevos hallazgos pueden explicar en parte estas diferencias anteriores, dijo.

Los resultados también destacan la necesidad de considerar el sexo y el índice de masa corporal en futuras investigaciones de edulcorantes no nutritivos.

El estudio, realizado por Alexandra G. Yunker, candidata al grado de maestra en salud pública y nutrióloga en Harvard University, en Boston, Estados Unidos, y sus colaboradores, se publicó en versión electrónica el 28 de septiembre en JAMA Network Open.

Hallazgos novedosos, necesidad de considerar el sexo y la adiposidad en investigaciones futuras 

El estudio actual “es de gran importancia, ya que proporciona nuevos conocimientos sobre cómo la adiposidad y el sexo están asociados con los resultados neuronales y conductuales de la ingesta de edulcorantes no nutritivos”, escribió Stephanie Kullmann, Ph. D., en un comentario invitado adjunto.

“Demuestran por primera vez que las mujeres con obesidad son particularmente vulnerables a una mayor capacidad de respuesta neuronal provocada por el consumo agudo de sucralosa, en particular en las regiones cerebrales asociadas a la recompensa prefrontal”, indicó Kullmann, becaria posdoctoral en Institute for Diabetes Research and Metabolic Diseases del Helmholtz Zentrum München, en la University of Tübingen, en Tübingen, Alemania.

Esto sugiere que “agregar edulcorantes no nutritivos a nuestra dieta para aumentar la dulzura podría afectar la capacidad de respuesta del cerebro a los alimentos, con consecuencias negativas para la conducta alimentaria y el metabolismo, particularmente en las mujeres”, agregó.

Sin embargo, antes de poder desalentar el uso de edulcorantes no nutritivos como parte de una dieta saludable, advirtió: “Necesitamos más estudios de sus efectos en una variedad de resultados neuroconductuales y metabólicos”.

El estudio actual “señala claramente la importancia de considerar el sexo y la adiposidad en investigaciones futuras para poder dar recomendaciones dietéticas personalizadas para el control del peso corporal”.

Invitado a comentar, el Dr. John L. Sievenpiper, Ph. D., profesor asociado en el Departamento de Ciencias Nutricionales y Medicina de la University of Toronto, en Ontario, Canadá, estuvo de acuerdo en que los datos necesitan ser replicados.

Quedan varias preguntas, manifestó a Medscape Noticias Médicas: “¿Fue la sucralosa per se o la ausencia de calorías lo que explica estos hallazgos? Y la pregunta más importante es: ¿Estas diferencias por adiposidad y sexo se traducen en un aumento de peso?”.

Las revisiones sistemáticas y los metanálisis de los ensayos controlados aleatorizados disponibles de edulcorantes bajos en calorías o sin calorías, incluida la sucralosa, muestran la disminución esperada en la ingesta calórica y la pérdida de peso posterior en hombres y mujeres con sobrepeso u obesidad, anotó.

“Sería útil comprender si existen interacciones importantes por adiposidad y sexo en ensayos futuros”, agregó el Dr. Sievenpiper.

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Hombres y mujeres jóvenes de diversos pesos

Actualmente más de 40% de los adultos estadounidenses utiliza edulcorantes no nutritivos, escribieron los investigadores, pero los estudios han informado resultados mixtos sobre el apetito, el metabolismo de la glucosa y el peso corporal y no está claro si estos edulcorantes son beneficiosos o perjudiciales para la salud.

Investigaciones anteriores que se realizaron principalmente en hombres y participantes delgados mostraron que las áreas del cerebro involucradas en la regulación del gusto, la recompensa y la homeostasis pueden responder de manera diferente a los azúcares no nutritivos frente a los nutritivos.

Los investigadores intentaron investigar esto utilizando datos iniciales del estudio Brain Response to Sugar.

Analizaron datos de 74 personas sanas de 18 a 35 años (58% de sexo femenino) con una edad promedio de 23 años. En general 37% tenía un peso saludable, 32% tenía sobrepeso y 31% tenía obesidad.

Los participantes hicieron tres visitas separadas al centro del estudio después de un ayuno nocturno de 12 horas.

En cada visita bebieron 300 ml de agua, una bebida endulzada con sucralosa o una bebida endulzada con sacarosa.

Se les extrajo sangre al inicio del estudio y a los 10, 35 y 120 minutos después de ingerir la bebida.

A los 20 minutos después de consumir la bebida se les realizó una resonancia magnética funcional, durante la cual se les mostraron 12 imágenes de alimentos ricos en calorías, bajos en calorías, dulces o salados y cuatro imágenes que no eran alimentos y se les pidió que clasificaran su apetito.

A los 125 minutos de haber ingerido la bebida los participantes tuvieron acceso a una comida bufet.

“Como se esperaba, las respuestas endocrinas (niveles sanguíneos de glucosa, insulina y péptido 1 similar al glucagón) fueron mayores después de la ingesta de sacarosa que de sucralosa, pero no hubo diferencias significativas basadas en el sexo y la adiposidad”, anotó Kullmann.

Sin embargo, “los hallazgos más destacados y novedosos se observaron a nivel neuroconductual”, añadió.

Es decir, las personas con obesidad (pero no las que tenían sobrepeso o un peso saludable) tenían una mayor actividad neuronal en las áreas prefrontales del cerebro relacionadas con la recompensa, en respuesta a imágenes de alimentos sabrosos, después de ingerir una bebida que contenía sucralosa frente a sacarosa.

De manera similar, después de consumir una bebida endulzada con sucralosa en lugar de una bebida endulzada con sucralosa, las participantes femeninas tuvieron una mayor actividad en las áreas de recompensa del cerebro en respuesta a las señales alimentarias, especialmente las altas en calorías y las dulces.

Las mujeres también consumieron más calorías en la comida bufet después de haber ingerido una bebida endulzada con sucralosa que después de una bebida endulzada con sucralosa.

El estudio fue apoyado por una subvención de National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, National Institutes of Health (NIH). La base de datos de captura de datos electrónicos de investigación (REDCap) utilizada es apoyada por Southern California Clinical and Translational Science Institute a través de una subvención de los National Institutes of Health. Los investigadores y el editorialista han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. 

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