La fisioterapia puede disminuir el riesgo de uso de opiáceos a largo plazo después de artroplastia de rodilla

Un nuevo estudio ha revelado que la fisioterapia puede reducir el riesgo de utilización de opiáceos a largo plazo en pacientes que se han sometido a una artroplastia total de rodilla.

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“Un mayor número de sesiones de intervención de fisioterapia y el inicio más temprano de la fisioterapia en la atención ambulatoria posterior a la artroplastia total de rodilla se asociaron con menos probabilidades de utilización de opiáceos a largo plazo”, señalaron los autores de la Boston University School of Medicine, en Boston, Estados Unidos, en su informe sobre el estudio, publicado el 27 de octubre en la versión electrónica de JAMA Network Open.

“En estudios grandes anteriores hemos visto que la fisioterapia puede reducir el dolor en personas con artrosis de la rodilla, que suele ser la principal indicación para la artroplastia total de rodilla”, comentó a Medscape Noticias Médicas el coautor del estudio Deepak Kumar, P. T., Ph. D. Pero todavía no se ha explorado la asociación de la fisioterapia con el uso de opiáceos en personas con reemplazo de rodilla.

“La razón por la que nos enfocamos en el uso de opiáceos en estos pacientes es porque el número de intervenciones quirúrgicas para la artroplastia de rodilla está aumentando exponencialmente. Y dependiendo de los datos que se consulten, desde un tercio hasta la mitad de las personas que se someten a este procedimiento quirúrgico y que han consumido opiáceos con anterioridad acaban convirtiéndose en consumidores a largo plazo. Incluso entre 5% y 8% de las personas que no los han utilizado antes, se convierten en consumidores a largo plazo después de la cirugía”, añadió Kumar.

“Teniendo en cuenta la cantidad de operaciones que se realizan y se prevé que sigan aumentando, el número de personas que se convierten en consumidores de opiáceos a largo plazo no es insignificante”, destacó.

Detalles del estudio

Para evaluar el valor de la fisioterapia en la reducción del uso de opiáceos en este subgrupo de pacientes, los autores revisaron los registros de la base de datos de reclamaciones de seguros OptumLabs Data Warehouse e identificaron a 67.322 participantes elegibles de 40 años o más que se sometieron a artroplastia total de rodilla desde el 1 de enero de 2001 hasta el 31 de diciembre de 2016. De estos pacientes, 38.408 nunca habían recibido opiáceos y 28.914 los habían tomado con anterioridad. Los autores evaluaron el uso de opiáceos a largo plazo, definido como 90 días o más de recetas surtidas, durante el periodo de evaluación de resultados de 12 meses que varió en función de las diferencias en la fecha de inicio y la duración de la fisioterapia posterior a la artroplastia total de rodilla.

Los investigadores hallaron una probabilidad significativamente menor de consumo de opiáceos a largo plazo asociada a la aplicación de cualquier fisioterapia antes de la artroplastia total de rodilla en los pacientes que no habían tomado opiáceos antes (odds ratio ajustado [ORa]: 0,75; intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 0,60 a 0,95) y en los que los habían tomado con anterioridad (ORa: 0,75; IC 95%: 0,70 a 0,80).

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Los investigadores descubrieron que 2,2% de los participantes del grupo que nunca había tomado opiáceos y 32,5% de los del grupo con antecedente de uso de opiáceos los consumían a largo plazo después de la artroplastia total de rodilla. Alrededor de 76% de todos los participantes recibió fisioterapia en la atención ambulatoria en los 90 días posteriores a la artroplastia y la utilización de fisioterapia posterior a la artroplastia total de rodilla en cualquier momento se asoció a una menor probabilidad de consumo de opiáceos a largo plazo en el grupo con antecedente de uso de opiáceos (ORa: 0,75; IC 95%: 0,70 a 0,79).

En el grupo que había utilizado antes opiáceos, entre 6 y 12 sesiones de fisioterapia (ORa: 0,82; IC 95%: 0,75 a 0,90) o ≥ 13 sesiones (ORa: 0,71; IC 95%: 0,65 a 0,77) se asociaron con menos probabilidades de consumo de opiáceos a largo plazo, en comparación con los que recibieron 1 a 5 sesiones. El inicio de la fisioterapia entre 31 y 60 días y entre 61 y 90 días después de la cirugía se asoció con mayores probabilidades de uso de opiáceos a largo plazo en ambas cohortes, en comparación con los que iniciaron la fisioterapia dentro de los 30 días posteriores a la artroplastia total de rodilla.

Fisioterapia: una opción poco explorada para tratar el dolor en la artroplastia de rodilla

Uno de los hallazgos sorprendió a los investigadores un poco desprevenidos: no hubo asociación entre la fisioterapia activa y la reducción de las probabilidades de uso de opiáceos a largo plazo. “Por estudios anteriores, al menos en personas con artrosis de la rodilla, sabemos que las intervenciones activas fueron más útiles que las pasivas”, indicó Kumar.

Dicho esto, añadió que aún existe cierta incertidumbre profesional respecto “al tipo o los componentes adecuados de la fisioterapia para el tratamiento del dolor en esta población”. A pesar de ello, cree que su estudio pone de relieve los beneficios de la fisioterapia como alivio del dolor en estos pacientes, en especial en aquellos que han utilizado opiáceos.

“Los productos farmacéuticos tienen efectos secundarios. Las inyecciones no son muy eficaces. La idea de centrarse en las intervenciones de fisioterapia es que está ampliamente disponible, no hace ningún daño y podría ser más económica tanto para los pagadores como para los proveedores”, señaló.

Los autores reconocieron las limitaciones de su estudio, entre ellas la de no ajustar el uso de opiáceos en los 90 días posteriores a la operación, así como los diferentes periodos de evaluación de resultados para las exposiciones a la fisioterapia antes y después de la intervención. Además admitieron que algunos de los pacientes que recibieron fisioterapia podrían haber formado parte de los menos propensos a ser tratados con opiáceos y viceversa. “Se necesitaría un ensayo clínico aleatorizado para desentrañar estas cuestiones”, concluyó.

El estudio fue financiado por becas de National Institutes of Health y el National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases. Kumar informó recibir becas de National Institutes of Health durante la realización del estudio y becas de Pfizer Inc., por proyectos no relacionados con el presente estudio. La lista completa de declaraciones de los autores puede encontrarse en el artículo original.

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COVID-19 cobra un peaje estresante en el personal de emergencia

Los médicos, enfermeras, residentes, enfermeras practicantes y asistentes médicos de medicina de emergencia mostraron signos de estrés mental y físico después de la experiencia de una pandemia de primera línea, encontró un estudio prospectivo de 50 miembros del personal de atención médica en el área de la ciudad de Nueva York. de desastres en los trabajadores de atención médica de primera línea, incluidos los médicos de emergencia y las enfermeras, pero los cambios en factores psicológicos y fisiológicos específicos no han sido bien estudiados, según Bernard P. Chang, MD, de la Universidad de Columbia, Ciudad de Nueva York, y sus colegas.

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Los trabajadores de primera línea en situaciones de desastre son propensos al desarrollo de “secuelas físicas, psicológicas y de comportamiento adversas, que pueden persistir mucho después del desastre”, dijeron en un resumen presentado en la Asamblea Científica 2021 del Colegio Estadounidense de Médicos de Emergencia (ACEP).


Para examinar la prevalencia y los predictores de angustia mental y física, los investigadores identificaron a 50 médicos que eran trabajadores de primera línea en cuatro departamentos de emergencia en una variedad de entornos hospitalarios (académico, comunitario, urbano y suburbano) en el área metropolitana de Nueva York a partir de julio de 2020. a septiembre de 2020. Llevaron a cabo pruebas psicológicas de referencia que incluyeron la evaluación del estrés relacionado con COVID-19, así como el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión y el agotamiento. La mediana de edad de los participantes del estudio fue de 42 años, el 62% de los participantes eran mujeres y el 67% eran blancos. La población de estudio incluyó a médicos / practicantes avanzados (45%), enfermeras (43%) y residentes (12%).


En el aspecto fisiológico, los investigadores recopilaron datos sobre la presión arterial en el hogar al despertar y dormir, la frecuencia cardíaca en reposo y la duración del sueño utilizando dispositivos de reloj de pulsera. La presión arterial promedio en el hogar fue de 128/76 mm Hg, la frecuencia cardíaca en reposo promedio fue de 86 lpm y la duración promedio del sueño fue de 6.2 horas.


En general, un mayor agotamiento emocional se asoció con una presión arterial más alta y una frecuencia cardíaca en reposo más alta (coeficientes de correlación de Pearson, 0,32 y 0,38, respectivamente). El aumento del agotamiento emocional también se asoció negativamente con la duración del sueño (coeficiente de correlación de Pearson, 0,23).
Al inicio del estudio, el 48% de los participantes dieron positivo en estrés agudo, el 37% dieron positivo en síntomas depresivos y el 30% en síntomas de ansiedad. Las tasas de estrés agudo y depresión no fueron significativamente diferentes entre el personal de la casa, los asistentes o las enfermeras.


Los hallazgos del estudio estuvieron limitados por varios factores, incluido el tamaño pequeño de la muestra y el enfoque en la ciudad de Nueva York, anotaron los investigadores. Se necesita investigación adicional para determinar si los síntomas de angustia elevados observados en este estudio persisten a medida que evoluciona la pandemia de COVID-19, agregaron.
Los resultados reflejan estudios previos que muestran niveles significativos de angustia física y mental entre los trabajadores de la salud relacionados con COVID-19 y destacan la necesidad de apoyo continuo de salud mental para estas personas durante y después de la pandemia, concluyeron los investigadores.


El estudio no recibió financiación externa. Los investigadores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.


Asamblea científica del Colegio Estadounidense de Médicos de Emergencia (ACEP) 2021: Resumen 52. Presentado en octubre de 2021.
Heidi Splete es una periodista médica autónoma con 20 años de experiencia.
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Las personas que creen en las conspiraciones del COVID-19 tienen más probabilidades de contraer el virus: según estudio

Las personas que creen en las teorías de la conspiración COVID-19 tienen más probabilidades de contraer el virus, perder sus trabajos y estar socialmente aisladas, según un nuevo estudio publicado en Psychological Medicine, una revista médica revisada por pares de Cambridge University Press.

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El estudio, realizado por investigadores en los Países Bajos, encontró que aquellos que creen en las conspiraciones de COVID-19 tienen menos probabilidades de hacerse la prueba de COVID-19. Pero es más probable que se infecten y den positivo en la prueba.
“Una propiedad básica de las teorías de la conspiración es que tienen consecuencias: incluso si una teoría de la conspiración es extremadamente inverosímil según la lógica o la evidencia científica, si le parece real a un perceptor, tiene un impacto genuino en las actitudes, emociones y comportamiento”. escribieron los autores del estudio.


El equipo de investigación encuestó a 5.745 personas para proporcionar una gran muestra de observaciones de una muestra representativa de residentes holandeses. Se pusieron en contacto con personas en abril de 2020 y diciembre de 2020 para examinar si las creencias de conspiración al principio de la pandemia predecirían los resultados de salud y bienestar más adelante en el año.
Los investigadores preguntaron sobre cuatro creencias de conspiración de COVID-19, incluido si el coronavirus es un “arma biológica diseñada por científicos”, si el coronavirus es una “conspiración para quitar los derechos de los ciudadanos para siempre y establecer un gobierno autoritario”, si el coronavirus es un “engaño inventado por grupos de interés para obtener ganancias financieras”, y si el coronavirus fue “creado para encubrir la inminente crisis económica mundial”.


Descubrieron que las creencias de conspiración predijeron una mayor probabilidad de violar las regulaciones del coronavirus, experimentar rechazo social, tener problemas económicos como la pérdida del trabajo o la reducción de ingresos y tener un menor bienestar general. La mayoría de los efectos se generalizaron a una susceptibilidad más amplia a las teorías de la conspiración o una mentalidad de conspiración en general.


El equipo de investigación también descubrió que las creencias de conspiración predijeron una mayor probabilidad de alterar las relaciones sociales. Las personas que puntuaron “bajo” en creencias de conspiración eran más propensas a rechazar a las personas que puntuaron “alto” en creencias de conspiración. Respaldar públicamente las creencias de conspiración puede generar estigmas y reducir la red de apoyo social de las personas, escribieron los autores.
“Estos hallazgos sugieren que las creencias de conspiración están asociadas con una miríada de resultados negativos en la vida a largo plazo”, escribieron los autores del estudio.


“Las creencias de conspiración predicen qué tan bien las personas enfrentan los desafíos de una pandemia global y, por lo tanto, tienen implicaciones sustanciales para la salud pública y privada, así como para el bienestar económico y social de los perceptores”, concluyeron.


Fuente

Medicina psicológica: “Las creencias de conspiración predicen de forma prospectiva el comportamiento de salud y el bienestar durante una pandemia”.

Las fases lunares pueden afectar el sueño de manera diferente en hombres y mujeres

Una leyenda urbana popular es que los accidentes y otras cosas extrañas ocurren con mayor frecuencia durante la luna llena. Si bien la evidencia no lo confirma, es posible que las personas duerman de manera diferente durante las diferentes fases de la luna, sugiere un nuevo estudio.

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A medida que el brillo de la luna aumenta diariamente desde una luna nueva hasta una luna llena, el momento en que alcanza su punto más alto en el cielo también cambia desde el mediodía hasta cerca de la medianoche. Lo contrario sucede después de la luna llena, y el brillo disminuye cada noche. Un grupo de investigadores de la Universidad de Uppsala en Suecia examinó los hábitos de sueño de las personas durante estas fases cambiantes de la luna.


Analizaron la información del patrón de sueño de 852 personas de tres estudios anteriores no relacionados que evaluaron a los participantes adultos durante una noche de sueño.
Los investigadores encontraron que los participantes del estudio dormían un poco menos las noches en las que la luna estaba creciendo o brillando, en comparación con la menguante.


Los hombres, todos del mismo estudio realizado durante 2016-2018, parecían más sensibles a la luna. Dormían unos 21 minutos menos en las noches de depilación, mientras que las mujeres de los otros dos estudios dormían 12 minutos menos. Los hombres también tendían a dormir menos bien en las noches de depilación y pasaban 14 minutos extra despiertos en la noche después de dormirse por primera vez. Las mujeres no experimentaron ningún efecto.


Aunque los investigadores tomaron en cuenta la edad de los participantes y la temporada en la que se sometieron a sus pruebas de sueño, es importante señalar que el análisis todavía se basa en una sola noche de sueño de cada participante, con un seguimiento realizado en casa. Además, los tres estudios se llevaron a cabo en diferentes momentos, de 2001 a 2004 y de 2013 a 2015 para mujeres y de 2016 a 2018 para hombres. Mucho ha cambiado durante estos años en términos de tecnología y uso de las redes sociales.


Pero los hallazgos aún insinúan que la luna podría tener efectos sutiles sobre el sueño humano. La luz de la luna es un reflejo de la luz solar, que afecta los niveles de melatonina, una hormona que indica la hora de la noche y el sueño. Estudios anteriores han encontrado niveles más bajos de melatonina y testosterona en los hombres durante las lunas llenas y niveles más altos de la hormona del estrés cortisol durante las lunas llenas.


Fuente

Ciencia del Medio Ambiente Total: “Asociación específica de sexo del ciclo lunar con el sueño”.

Antidepresivo arroja resultados prometedores para reducir la incidencia de hospitalizaciones por COVID-19

Un antidepresivo de muy bajo costo redujo la necesidad de hospitalización entre adultos con COVID-19 que padecen otros problemas de salud, parte de un estudio sobre fármacos existentes que pudiesen ser utilizados contra el coronavirus.

Investigadores probaron la píldora utilizada para tratar la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo porque se sabe que reduce la inflamación, y arrojó resultados prometedores en estudios de baja escala.

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Los investigadores compartieron los resultados con los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, los cuales publican las directrices de tratamientos, y esperan que la Organización Mundial de la Salud los recomiende.

“Si la OMS recomienda esto, verán que será ampliamente adoptado”, dijo el coautor del estudio, el doctor Edward Mills, de la Universidad McMaster, en Hamilton, Ontario, y señaló que muchas naciones pobres ya tienen amplia disponibilidad de este medicamento. “Esperemos que esto lleve a que se salven muchas vidas”.

El tratamiento completo contra el COVID-19 de la píldora, de nombre fluvoxamina, costaría unos $4. En comparación, los tratamientos intravenosos de anticuerpos cuestan unos $2,000, y el fármaco antiviral experimental de Merck para el COVID-19 vale unos $700 por todo el tratamiento. Algunos expertos pronostican que a la larga se utilizará una combinación de varios tratamientos para combatir al coronavirus.

Los investigadores probaron el antidepresivo en casi 1,500 brasileños que se infectaron recientemente de coronavirus y que estaban en riesgo de padecer un cuadro grave debido a que tenían otros problemas de salud, como la diabetes. Aproximadamente la mitad de ellos tomaron el antidepresivo en casa por 10 días, mientras el resto recibió placebos. Se les dio seguimiento por cuatro semanas para ver quién iba a dar al hospital o pasaba tiempo adicional en las salas de emergencia cuando los hospitales estaban llenos.

En el grupo que tomó la píldora, el 11% requirió hospitalización o atención extendida en la sala de urgencias, en comparación con el 16% del grupo que recibió placebos.

Los resultados, publicados el miércoles en la revista Lancet Global Health, fueron tan sólidos que expertos independientes que monitorearon el estudio recomendaron que se detuviera antes de lo previsto debido a la contundencia de los resultados.

Aún hay interrogantes en torno a cuál es la mejor dosis, si pacientes de menor riesgo también resultarían beneficiados y si se debe combinar la pastilla con otros tratamientos.

El proyecto en gran escala analizó ocho fármacos existentes para ver si podían utilizarse contra el coronavirus. El proyecto aún está sometiendo a pruebas un medicamento para la hepatitis, pero el resto — incluyendo la metformina, la hidroxicloroquina y la ivermectina — no han dado buenos resultados.

El genérico de bajo precio y el medicamento de Merck contra el COVID-19 trabajan en forma distinta y “podrían ser complementarios”, dijo el doctor Paul Sax, del hospital Brigham and Women’s y la escuela de medicina de Harvard, que no participó en el estudio. Este mes, Merck solicitó a reguladores de Estados Unidos y Europa que autoricen su píldora antiviral.

El abuso de sustancias incrementa el riesgo de hospitalización y muerte por COVID-19 aun después de la vacunación

Los individuos con trastornos por uso de sustancias tienen el doble del riesgo de hospitalización y muerte relacionadas con COVID-19 aun después de la vacunación, según nueva investigación.

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Los investigadores analizaron datos de más de 10.000 individuos vacunados con diferentes trastornos por uso de sustancias y de casi 600.000 individuos vacunados sin un trastorno por uso de sustancias. Descubrieron que aproximadamente el doble de individuos con un trastorno por uso de sustancias tenía una infección por COVID-19 que sus homólogos sin un trastorno por uso de sustancias (7% frente a 3,6%, respectivamente).

Además, el riesgo de hospitalizaciones y muertes como resultado de la infección intercurrente también fue más elevado en personas con trastornos por uso de sustancias que en las que no lo tenían.

“Es decisivo que los médicos continúen priorizando la vacunación en personas con trastornos por uso de sustancias y que a la vez reconozcan que incluso después de la vacunación, este grupo tiene un mayor riesgo y han de continuar tomando medidas protectoras contra la COVID-19”, declaró a Medscape Noticias Médicas la Dra. Nora Volkow, directora del National Institute on Drug Abuse.

“Además, los médicos deben indagar si sus pacientes tienen un trastorno por uso de sustancias para comprender mejor sus riegos y necesidades asistenciales ya que muchos médicos no evalúan ni preguntan sobre el trastorno por uso de sustancias, lo cual es una tremenda oportunidad que se pasa por alto y que probablemente ponga en riesgo su capacidad para atender eficazmente a sus pacientes”, dijo.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 5 de octubre en World Psychiatry.

Fase preocupante

Los trastornos por uso de sustancias “suelen asociarse con múltiples trastornos concomitantes que representan factores de riesgo para un desenlace grave de la COVID-19”, señalan los investigadores.

Los estudios publicados al inicio de la pandemia demostraron que pacientes con trastorno por uso de sustancias, que incluye alcohol, cannabis, cocaína, opioides y trastorno por uso de tabaco, tenían “un mayor riesgo de COVID-19 y desenlaces graves asociados, en especial los afroestadounidenses”, añaden.

Hasta el momento, ninguna investigación se ha centrado en el riesgo potencial de COVID-19 en individuos con trastorno por uso de sustancias tras la vacunación. Además, aunque las vacunas son “muy eficaces”, se han registrado infecciones intercurrentes, “lo que resalta la necesidad de identificar poblaciones que podrían ser más vulnerables, pues hemos entrado en una nueva fase preocupante de la pandemia”, afirman los autores.

Para el estudio, los investigadores utilizaron una plataforma analítica de datos que incluyó información anonimizada de 63 organizaciones asistenciales de Estados Unidos para estimar el riesgo de COVID-19 intercurrente en pacientes vacunados que tenían un trastorno por uso de sustancias (n = 30.183; media de edad: 59,3 años; 51,4% hombres; 63,2% blancos, 26,2% afroestadounidenses), en comparación con individuos vacunados sin trastorno por uso de sustancias (n = 549.189; media de edad: 54,7 años; 43,2% hombres, 63,4% blancos, 14,3% afroestadounidenses) entre diciembre de 2020 y agosto de 2021.

También llevaron a cabo análisis estadísticos para examinar cómo se modificaba la tasa de casos intercurrentes durante ese periodo.

Las cohortes fueron equiparadas por características demográficas, determinantes socioeconómicos adversos de la salud, trastornos médicos y psiquiátricos concomitantes en el curso de la vida y tipo de vacuna.

De los pacientes con trastorno por uso de sustancias vacunados, tres cuartas partes recibieron la vacuna de Pfizer/BioNTech, una quinta parte recibió la vacuna de Moderna y 3,3% recibieron la vacuna de Johnson & Johnson.

En cambio, de la población sin trastorno por uso de sustancias vacunada, casi todos (88,2%) recibieron la vacuna de Pfizer/BioNTech, 10% recibieron la de Moderna y solo 1,2% recibió la vacuna de Johnson & Johnson.

Factores subyacentes condicionantes

La prevalencia de determinantes socioeconómicos adversos de la salud fue más elevada en individuos vacunados con trastorno por uso de sustancias que en aquellos sin trastornos por uso de sustancias (7,9% frente a 1,2%, respectivamente). Además, los pacientes vacunados con trastorno por uso de sustancias tenían una mayor prevalencia de todos los trastornos concomitantes, así como de trasplantes (p < 0,001 para todos) en el curso de la vida.

El riesgo de infección intercurrente fue significativamente mayor en individuos vacunados con trastorno por uso de sustancias que en aquellos sin trastorno por uso de sustancias (p < 0,001 para todos).

Tabla. Riesgo de COVID-19 intercurrente en poblaciones con y sin trastorno por uso de sustancias equiparadas por puntuación de propensión.

TrastornoRiesgo en la cohorte con trastorno por uso de sustanciasRiesgo en la cohorte sin trastorno por uso de sustancias equiparadaHazard ratio (IC de 95%)
Alcohol
(n = 7.802)
7,2%3,7%1,17
(1,01 a 1,35)
Cannabis
(n = 2.055)
7,8%2,3%1,92
(1,39 a 2,66)
Cocaína
(n = 1.011)
7,7%2,4%2,06
(1,30 a 3,25)
Opioides
(n = 2.379)
7,1%3,2%1,31
(1,00 a 1,71)
Tabaco
(n = 21.935)
6,8%3,9%1,06
(0,98 a 1,15)

Después de ajustar los factores socioeconómicos adversos determinantes de la salud y trastornos médicos concomitantes, el riesgo de infección intercurrente “ya no fue diferente en las cohortes con trastorno por uso de sustancias que en aquellas sin trastorno por uso de sustancias, excepto para los pacientes con un trastorno por uso de cannabis, que permanecieron con un riesgo significativamente aumentado”, informan los autores.

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En las dos poblaciones, la tasa de infecciones intercurrentes “aumentó constantemente” entre enero y agosto de 2021.

MesPoblación con trastorno por uso de sustanciasPoblación sin trastorno por uso de sustancias
Enero de 20210 casos/días-persona0 casos/días-persona
Junio de 20210,001 casos/días-persona0,0009 casos/días-persona
Agosto de 20210,0025 casos/días-persona0,0049 casos/días-persona

El riesgo de hospitalización y muerte fue más alto en aquellos con infecciones intercurrentes que en los de la cohorte equiparada sin infecciones intercurrentes, pero el riesgo de hospitalización y muerte fue más elevado en la población con trastorno por uso de sustancias que en la población sin trastornos por uso de sustancias.

DesenlaceRiesgo general: trastorno por uso de sustanciasRiesgo general: sin trastorno por uso de sustancias
HospitalizaciónCohorte intercurrente: 22,5%;
cohorte no intercurrente: 1,6%
Cohorte intercurrente; 17,5%;
cohorte no intercurrente: 0,5%
MuerteCohorte intercurrente: 1,7;
cohorte no intercurrente: 0,5%
Cohorte intercurrente: 1,1%;
cohorte no intercurrente: 0,2%

En los pacientes con trastorno por uso de sustancias, después de equiparar diversos factores demográficos, socioeconómicos y médicos, así como el tipo de vacuna, solo el trastorno por uso de cannabis se asoció con un mayor riesgo en afroestadounidenses, en comparación con blancos equiparados (HR = 1,63; IC de 95%: 1,06 a 2,51).

“Cuando ajustamos los datos para tener en cuenta comorbilidades y antecedentes socioeconómicos, ya no observamos ninguna diferencia entre aquellos con trastornos por uso de sustancias y los que no los tenían; la única excepción fueron las personas con trastorno por uso de cannabis”, dijo la Dra. Volkow.

“Esto parece indicar que estos factores, que a menudo se asocian con trastornos por uso de sustancias, probablemente son los factores subyacentes que determinan el mayor riesgo”, continuó.

Añadió que es importante que en otros estudios se investigue porqué los individuos con trastorno por uso de cannabis tienen más riesgo de infecciones intercurrentes.

Buenas y malas noticias

En su comentario para Medscape Noticias Médicas, la Dra. Anna Lembke, profesora de psiquiatría y ciencias de la conducta de Stanford University, en Stanford, Estados Unidos, dijo que el estudio es importante y contiene buenas y malas noticias.

La buena noticia, dijo, “es que, después de ajustar trastornos concomitantes y variables socioeconómicas, los pacientes con trastorno por uso de sustancias no tienen más probabilidades que los pacientes sin trastorno por uso de sustancias de contraer COVID-19 después de vacunarse, y la mala noticia es que si los pacientes vacunados con trastorno por uso de sustancias desarrollan COVID-19 son más propensos a terminar hospitalizados o a morir a consecuencia de la enfermedad”, dijo la Dra. Lembke, quien no intervino en el estudio.

“La conclusión práctica para los médicos es que si un paciente vacunado con un trastorno por uso de sustancias contrae COVID-19, hay que estar alerta a un desenlace médico más complicado y un mayor riesgo de muerte”, advirtió la Dra. Lembke.

Este estudio fue financiado por el US National Institute on Drug Abuse, el US National Institute of Aging y la Clinical and Translational Science Collaborative (CTSC) de Cleveland. No se mencionaron conflictos de intereses en el estudio original. La Dra. Lembke ha declarado no tener relaciones económicas pertinentes.

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Asociación Puertorriqueña de Psiquiatras decreta en emergencia salud mental de niños en la Isla

A razón de la pandemia del COVID-19, la Asociación Puertorriqueña de Psiquiatras de Niños y Adolescentes (APPNAAPPNA) anunció que se une a la declaración de emergencia de salud mentaldecretada por la Academia Americana de Pediatría por el significativo aumento de casos de niños y adolescentes que requieren atención de psiquiatras. 

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“La demanda es exponencial en los servicios de salud mental pediátricos”, así lo indicó la Dra. Karen Martínezpresidenta de la APPNA, quien hizo un llamado a las autoridades nacionales a ofrecer una respuesta de emergencia que vincule a todos los sectores de la comunidad médica para sumar esfuerzos, puesto que no existe una estrategia clara.

Dra. Karen Martínez, presidenta de la APPNA.

“Al momento no exista una estrategia clara de cómo se va a atender esta emergencia nacional en Puerto Rico. En la Asociación Puertorriqueña de Psiquiatras de Niños y Adolescentes estamos claros que no hay suficientes psiquiatras en la isla para atender esta necesidad”, explicó. 

Estadísticas recientes  indican que en Estados Unidos las tasas de problemas de salud mental infantil y suicidio aumentaron constantemente entre 2010 y 2020 y para 2018, siendo el suicidio la segunda causa principal de muerte entre los jóvenes de 10 a 24 años.

Martínez mencionó que a razón de esto, un grupo de investigadores de Puerto Rico publicaron un estudio el cual reveló un aumento en síntomas de estrés postraumático y síntomas depresivos en la población pediátrica. De igual modo, los sismos en el sur de la isla también han dejado huellas en la salud mental de los más vulnerables. 

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El comunicado indica lo siguiente: 

La Asociación Puertorriqueña de Psiquiatras de Niños y Adolescentes (APPNA) se unió a la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), la Academia Estadounidense de Psiquiatras de Niños y Adolescentes(AACAP) y la Asociación de Hospitales Infantiles (CHA) en la declaración de un Estado Nacional de Emergencia en Salud Mental Pediátrica. 

Los desafíos que enfrentan los niños, niñas y adolescentes están causando disfunción en la vida de nuestra población pediátrica por lo que hacemos un llamado a los legisladores en todos los niveles de gobierno y defensores de los niños y adolescentes para que se unan a nosotros en esta declaración y aboguen por lo siguiente:

·   Aumentar los fondos estatales y federales dedicados a garantizar que todas las familias y los niños, desde la infancia hasta la adolescencia, puedan acceder a exámenes, diagnósticos y tratamientos de salud mental, basados en la evidencia, para abordar adecuadamente sus necesidades de salud mental, con especial énfasis en satisfacer las necesidades de las poblaciones de escasos recursos.

·   Abordar los desafíos regulatorios y mejorar el acceso a la tecnología para asegurar la disponibilidad continua de telemedicina para brindar atención de salud mental a todas las poblaciones.  Esto incluye, en Puerto Rico, mejorar los sistemas para poder brindar recetas de medicamentos de manera electrónica.  

·   Aumentar la implementación y la financiación sostenible de modelos eficaces de atención de la salud mental en las escuelas, incluidas las estrategias clínicas y los modelos de pago.

·   Acelerar la adopción de modelos efectivos y financieramente sostenibles de atención integral de salud mental en pediatría de atención primaria, incluidas estrategias clínicas y modelos de pago.

·   Fortalecer los esfuerzos emergentes para reducir el riesgo de suicidio en niños y adolescentes a través de programas de prevención en escuelas, atención primaria y entornos comunitarios.

·   Abordar los desafíos constantes de las necesidades de atención aguda de niños y adolescentes, incluida la escasez de camas y el alojamiento en salas de emergencia, ampliando el acceso a programas de reducción de la dependencia de pacientes hospitalizados, unidades de estabilización de corta estancia y equipos de respuesta basados en la comunidad.

·   Financiar por completo el sistema de atención integral basado en la comunidad que conectan a las familias que necesitan servicios y apoyos de salud conductual para sus hijos con intervenciones basadas en evidencia en su hogar, comunidad o escuela.

·   Promover y pagar los servicios de atención basados en trauma que apoyan la salud relacional y la resiliencia familiar.

·   Acelerar las estrategias para abordar los desafíos de aumentar la fuerza laboral en salud mental-infantil, incluidos programas de capacitación innovadores, reembolso de préstamos y esfuerzos intensificados para reclutar poblaciones subrepresentadas en profesiones de salud mental, así como atención al impacto que la crisis de salud pública ha tenido en el bienestar de los profesionales de la salud.

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Por: Yolimarian Torres  

Promover políticas que garanticen el cumplimiento y la aplicación de las leyes de paridad de salud mental.

Describen nueva variante genética de autismo en Puerto Rico

Esta vez una nueva variante genética se ha identificado en Puerto Rico, tratándose de una mutaciónextremadamente rara, severa, de la cual usualmente solo sobreviven las pacientes féminas, ya que puede ser letal para el género masculino, confirmó a Medicina Salud Pública (MSP) la doctora Sherley Collado Justiniano, parte de los autores del caso junto a la Dra. María del Carmen González Ríos, del Recinto de Ciencias Médicas.

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Dra.Sherley Collado Justiniano

Se trató de una niña de 4 años que fue referida a evaluación genética debido a su diagnóstico de autismo, retraso en el desarrollo y una discapacidad de aprendizaje. La evaluación física reveló que la paciente hipotonía (disminución del tono muscular), características dismórficas inespecíficas -que no son encontradas de manera frecuente en personas de la misma edad o de la misma etnia- y pubarquia precoz.

Además, se encontró que el paciente tenía hipoplasia -se utiliza para indicar un tejido u órgano que se ha desarrollado poco o cuyo desarrollo no es completo-del cuerpo calloso, estructura que se encuentra en lo profundo del cerebro que conecta los hemisferios cerebrales.

“El análisis genético reveló áreas de homocigosidad genética en 1p35.2, 6q25.2 y 9q21.33, todas las cuales tenían una presentación poco clara y no era razón para justificar todos estos síntomas que esta paciente presentaba. Por tal razón se requirieron pruebas genéticas adicionales del paciente. Realizamos un análisis de secuenciación del exoma completo (WES) y se halló que la paciente tenía una mutación patogénica de novo en el gen DDX3X, que se asocia con un síndrome dominante ligado al cromosoma X que afecta a las mujeres y es letal en los hombres”, reveló.

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“La mutación del paciente fue identificada como un cambio de Guanina a Adenina en la posición 1403 de la secuencia de ADN, que da como resultado un cambio en el ARN mensajero de aminoácidos en la posición 468, lo que resulta en una mutación sin sentido. Esta mutación no se había visto antes en Puerto Rico. Esta fue la causa de la severidad de los síntomas de esta paciente. Esta mutación apenas fue descubierta en el año 2014 y apenas se han diagnosticado alrededor de 685 casos. Esto llama la atención porque esta mutación es letal para varones”, recalcó.

Añadió que la paciente fue referida a distintos especialistas por la severidad de su diagnóstico de autismo, incluyendo neurólogo, psiquiatra, entre otros. 

“Tenemos que buscar más allá siempre que tengamos pacientes con autismo. La genética es bien importante en estos pacientes porque puede ser la razón de muchos problemas en esta población de pacientes y de esta manera ayudarlos mejor”, concluyó.

Por :Belinda Z. Burgos Gonzalez

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