Se encuentran microplásticos en la leche materna humana

Por primera vez se han detectado microplásticos en la leche materna humana, según un nuevo estudio publicado en Polymers.

Aunque se necesitan más estudios, los investigadores dijeron estar preocupados por los posibles efectos en la salud de los lactantes.

“La prueba de microplásticos presentes en la leche materna aumenta nuestra gran preocupación por la población extremadamente vulnerable de los lactantes”, dijo a The Guardian la Dra. Valentina Notarstefano, una de las autoras del estudio en la Universita Politecnica della Marche, en Ancona, Italia.

“Será crucial evaluar las formas de reducir la exposición a estos contaminantes durante el embarazo y la lactancia”, observó. “Pero hay que subrayar que las ventajas de la lactancia son mucho mayores que los inconvenientes causados por la presencia de microplásticos contaminantes en la leche materna”.

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El equipo de investigación analizó muestras de leche materna de 34 madres sanas, tomadas una

El equipo de investigación analizó muestras de leche materna de 34 madres sanas, tomadas una semana después del parto en Roma. Se detectaron microplásticos en 26 de las muestras, es decir, en 76%.

después del parto en Roma. Se detectaron microplásticos en 26 de las muestras, es decir, en 76%.

Los investigadores registraron la cantidad de alimentos y bebidas que consumían las madres que utilizaban envases de plástico, así como su uso de productos de higiene personal con plástico, pero no encontraron ninguna relación con la presencia de microplásticos en la leche materna, lo que indica que la presencia generalizada de microplásticos en el medio ambiente “hace inevitable la exposición humana”, escribieron los autores del estudio.

El equipo de investigación también encontró microplásticos en placentas humanas en 2020, informó The Guardian. Otros estudios han revelado microplásticos en la sangre humana, en la leche de vaca y en los biberones de polipropileno que suelen utilizarse para alimentar a los lactantes. Aunque estudios anteriores han observado los efectos tóxicos de los microplásticos en líneas celulares humanas, animales de laboratorio y fauna marina, aún se desconocen los efectos en los seres humanos vivos.

En el último estudio, los investigadores descubrieron que los microplásticos estaban formados por polietileno, polipropileno y cloruro de polivinilo, que se encuentran en los envases de plástico. El equipo no pudo analizar las partículas de menos de 2 micras, pero afirmó que es probable que en la leche materna hubiera partículas de plástico aún más pequeñas.

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El equipo de investigación no pudo identificar los factores de riesgo relacionados con los microplásticos en la leche materna, pero la Dra. Notarstefano aconsejó a las mujeres embarazadas que prestaran atención a los alimentos y bebidas que consumen en envases de plástico, a la ropa fabricada con tejidos sintéticos y a los cosméticos que contienen microplásticos.

“Estudios como el nuestro no deben reducir la lactancia materna de los niños, sino más bien sensibilizar a la opinión pública para presionar a los políticos, a fin de que promuevan leyes que reduzcan la contaminación”, finalizó.

¿Qué es la violencia obstétrica y cómo podemos prevenirla?

En el 2020 las Naciones Unidas condenaron a España por un caso de violencia obstétrica. Catalogándolo como violencia de género, fue la primera condena que un tribunal internacional llevó a cabo por la reclamación interpuesta por una mujer que había acudido a un hospital público con un embarazo normal y que, además de sufrir malos tratos, terminó en un quirófano.

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“Me parece una pena tener que llegar a imponer condenas. Lo mejor sería conseguir prevenir estas conductas. Pero evidentemente, cuando falla la prevención, es un precedente estupendo para que se hable de la violencia obstétrica con una mayor seriedad, que se comprenda que es algo estructural, y que abra la veda para que muchas más mujeres cuenten sus historias o se atrevan a denunciar”, destacó Eva Margarita García, antropóloga experta en la violencia que sufren las mujeres en el embarazo, en el parto y en el puerperio.

Para la Dra. Miriam Al Adib, ginecóloga, obstetra y autora de diversos libros, la violencia obstétrica es una práctica que se ha invisibilizado en la atención médica. “Es una realidad que existe, pero que se ha centrado en una lucha dialéctica en vez de ir a las cuestiones de fondo. En el parto, una etapa tan vulnerable de la vida como el nacimiento de tu bebé, se crean situaciones donde, a veces, se puede sufrir una deshumanización terrible”, señaló la experta, quien considera que la deshumanización de la atención sucede en todos los campos de la medicina, donde se ve al paciente de forma “muy mecánica”.

“Hay lugares donde la manera de trabajar, que implica malas prácticas, está asumida y forma parte del día a día sin que nadie se dé cuenta porque se ha normalizado, y hay otros centros donde se está trabajando para cambiar eso. Pero la violencia obstétrica existe y no se puede negar, nos guste o no el término”, coincidió la Dra. Laura Rodellar, ginecóloga y obstetra del Hospital Universitari General de Catalunya, en Barcelona.

“Eso sí, la escala de grises es infinita, no es lo mismo un mal comentario que programar una cesárea a alguien para no trabajar de madrugada. Además, también existe un componente subjetivo; no todo es violencia, la vivencia que cada una construye también es importante. A veces se hace lo que hay que hacer y la sensación de la paciente no es buena. Pero las complicaciones siempre pueden darse y ¡una cesárea urgente es una cesárea urgente!”, explicó la Dra. Rodellar.

Según esta experta, muchas de sus pacientes le han confesado directamente haber sufrido violencia. “Y otras tantas me explican partos anteriores donde claramente se identifican prácticas mal hechas. Todavía atiendo mujeres que no saben si les hicieron una episiotomía en su primer parto, no las informaron”.

Según un estudio transversal publicado en Women and Birth, dos de cada tres madres españolas han sufrido algún tipo de violencia obstétrica durante el parto. El estudio, que se llevó a cabo durante el 2019 con 899 mujeres que habían parido durante los 12 meses anteriores, incluyó variables socioeconómicas como el nivel educativo y de ingresos, pero también si el alumbramiento se había producido en un hospital público o privado, y las características clínicas del caso. Todas las mujeres contestaron un cuestionario de 49 preguntas dividido en tres categorías: verbal, física y psicoafectiva. El 67,4% de las mujeres que participaron dijeron haber experimentado esta violencia en al menos una de sus formas.

De acuerdo con otro estudio realizado entre 2018 y 2019, que contó con una muestra de 17.541 cuestionarios representando a todas las comunidades autónomas españolas, el 38,3% percibió haber sufrido violencia obstétrica y el 44,4% percibió que se habían sometido a procedimientos innecesarios y/o dolorosos, de los cuales al 83,4% no se les solicitó el consentimiento informado. Datos que, según Desirée Mena-Tudela, enfermera y una de las autoras de la investigación, describen la violencia obstétrica como una práctica sistemática y estructural de la sanidad española. “Tenemos evidencia que nos dice que más de un 38% de las mujeres en nuestro país refieren haberla sufrido. Y cuando una mujer en Valencia, otra en Logroño, otra en Extremadura y otra en Cádiz te cuentan historias muy similares de trato y atención durante su embarazo, parto y/o puerperio, quiere decir que se trata de algo a nivel sistémico, a nivel estructural, que está fallando”, declaró la experta.

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Tipos de violencia obstétrica

Las prácticas que abarcan este tipo de violencia pueden ir desde el maltrato verbal hasta el aislamiento de la madre. Algunos procedimientos asociados a la violencia obstétrica se han estandarizado rutinariamente y no incluyen a la mujer en la toma de decisiones. “Por otro lado, por muy bien que se realice el procedimiento médico durante el parto, si falta atención humanizada, si no se le explica a la mujer, lo que en principio es una buena praxis puede degenerar en situaciones muy violentas”, dijo la Dra. Al Adib.

Entre las situaciones con más frecuencia percibidas por las mujeres como injustificadas o innecesarias destacan usar oxitocina artificial, la falta de información sobre el proceso, impedirles moverse libremente, la práctica de la episiotomía, separarlas de su bebé sano o realizar una amniotomía.

La maniobra de Kristeller es otra de las prácticas más denunciadas. Desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y prohibida en algunos países como Gran Bretaña, esta técnica, que se realiza empujando con los puños o el antebrazo la parte superior del útero coincidiendo con la contracción y el empuje de la madre, “fue uno de los ítems que se tuvo que averiguar tras revisar el grado de implantación de la Estrategia de la Atención al Parto Normal en nuestro país por parte del propio Ministerio de Sanidad, gracias a la realización de una encuesta a las mujeres atendidas porque ni siquiera constaba en las historias clínicas de las mujeres”, explica Mena-Tudela. Al realizar dicha encuesta, se averiguó que a un 26% de las mujeres se les había realizado esta maniobra. “Y una de las propuestas clave para mejorar la implantación de este documento fue la erradicación de la maniobra Kristeller. Es necesario destacar que usó este término: erradicación”, detalló la enfermera.

En una investigación en la que participaron 17.000 mujeres, la amniotomía fue otra de las prácticas percibida por las mujeres como injustificada. “La amniotomía es una técnica que se realiza para inducir el parto o estimularlo cuando progresa muy lentamente. No se recomienda hacerla rutinariamente, ya que tiene riesgos, y hay que valorar el riesgo/beneficio”, puntualizó su autora. “Y, por ejemplo, llevar a cabo una episiotomía sin tener indicación médica para hacerla, cuando se sabe que no se debe hacer de forma sistemática y que la OMS lleva desde el año 1985 avisando, tal vez ya no se trate de mala praxis, sino de violencia obstétrica”, afirmó la Dra. Al Adib.

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Se realizan más cesáreas en los hospitales privados que en los públicos

La cesárea es otra de las intervenciones más frecuentes durante un parto natural. “No todas las que se realizan son innecesarias, pero sí es cierto que en España se superan con creces los índices que la OMS establece como seguros para la realización de cesáreas (15%). Además, también vemos que existen muchas desigualdades en esta intervención, por ejemplo, entre centros públicos y privados, entre diferentes departamentos o áreas de salud, entre comunidades autónomas. ¿Quiere decir eso que las mujeres que paren en los hospitales públicos paren mejor?”, preguntó Mena-Tudela.

“El porcentaje de cesáreas en España es escandaloso: cerca del 25%. Se ha intentado justificar estas tasas diciendo que se debía a que las mujeres parían cada vez más tarde. Eso tendría sentido si no fuera porque las mujeres de entre 25 y 29 años continúan con unas tasas de más del 22% de cesáreas, lo que sigue siendo más de lo que recomienda la OMS, que es entre un 10 y un 15%”, afirmó García.

“Por otro lado, en la sanidad privada, se dan muchas más cesáreas, con lo que esto también viene a contradecir ese supuesto motivo meramente de edad”, señaló la antropóloga, autora de un estudio en torno a la violencia asistencial en el embarazo y el parto en España llevado a cabo en el 2018 que al comparar la percepción de las usuarias sobre la violencia obstétrica en el territorio nacional encontró diferencias estadísticamente significativas.

“En un hospital privado le sale mucho más a cuenta asumir una cesárea, sobre todo cuando es programada, que un parto vaginal: así se controlan mejor los tiempos, se sabe cuánto tiempo de hospitalización se puede asumir y, desde luego, económicamente resulta mucho más rentable”, denunció García. “En mi opinión hay dos líneas muy claras sobre las que se debería reflexionar: el valor económico de una cesárea y la organización de agendas cuando el horario es controlado”, coincidió Mena-Tudela.

“Cuando los partos no se programan bajan las intervenciones, cuanto más se programa más intervenciones, aunque las causas de que se hagan más cesáreas dependen de más factores, como que la población es diferente, la edad media sube y las exigencias cambian. En la privada no toleran muchas veces partos tan largos”, explicó la Dra. Rodellar.

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Falta de información, formación específica y matronas

Las secuelas físicas que una mujer padezca en un futuro pueden variar mucho en función del tipo de violencia obstétrica, desde perder el útero o quedar con dolor permanente en las relaciones sexuales tras una episiotomía innecesaria, hasta las consecuencias personales y sociales de la incontinencia fecal y urinaria por intervenciones.

Como explica la Dra. Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal con más de dos décadas de experiencia atendiendo a madres, bebés, niños y familias que han sufrido partos traumáticos, también están las emocionales: depresión postparto, trastorno de estrés postraumático, mala adaptación al rol maternal, problemas con la lactancia materna o afectar al deseo materno de tener futuros hijos.

Según denuncia la Asociación Andaluza de Matronas, las maternidades atendidas por matronas “reducen las intervenciones en partos, mejoran la lactancia materna y la recuperación posparto”. Los hospitales que carecen de matronas son los que tienen más alto porcentaje de cesáreas.

“En la sanidad pública, los partos ʹnormalesʹ (eutócicos, fisiológicos) son atendidos principalmente por matronas, y está demostrado que los partos atendidos por matronas tienen de media muchas menos intervenciones. Claro, las matronas están formadas para la fisiología, sin embargo, los y las profesionales de la ginecología se forman en la patología. Así que, en la sanidad privada, donde el seguimiento suele ser realizado por un/a ginecólogo/a, el parto también será atendido por dichos profesionales, formados en la patología y que, por lo tanto, realizarán muchas más intervenciones de media”, opinó García.

“Y pasa lo mismo con las tasas de episiotomías, pero también con un indicador sanitario que se debe tener muy presente a la hora de centrarse en la atención: la satisfacción de las mujeres”, afirmó Mena-Tudela.

Como refleja esta investigación de la que es autora, y cuyo objetivo era explorar las propiedades psicométricas del instrumento PercOV-S que evalúa las percepciones de los estudiantes de ciencias de la salud en relación con la violencia obstétrica, en España es necesaria una formación específica de los profesionales sanitarios en relación con la violencia obstétrica, ya que puede ser un elemento clave en la prevención de este tipo de violencia.

“A veces, cuando se entra en un sistema donde todo el mundo hace las cosas de una determinada manera, las prácticas se normalizan. Y pueden estar mal estructuralmente. Yo también asumí dinámicas habituales que no estaban bien, hasta que un día llega la información adecuada y tras analizarla, me di cuenta de que no hacía bien las cosas”, confesó la Dra. Al Adib.

Para la Dra. Rodellar, responsable de la coordinación médica de la sala de partos de su centro, “uno de los problemas es que ahora mismo faltan matronas en todos lados. Cuando se ponen 8 mujeres de parto y solo hay dos matronas disponibles, esas madres no van a tener el acompañamiento que merecen, ni una vivencia tan positiva. Y eso es violencia institucional, al igual que aquellos espacios para nacer que no son agradables”.

Además de matronas, personal de enfermería y ginecólogos dedicados a la obstetricia, muchas expertas coinciden en falta formación en el nuevo modelo de atención al parto. “Existe esa carencia, esa formación específica no existe y muchos sanitarios desarrollan su profesión sin conocer las leyes que protegen los derechos de los pacientes, como la Ley de autonomía del paciente“, concluye la autora del estudio ¿Violencia obstétrica en España, realidad o mito? 17.000 mujeres opinan.

“Se necesita sensibilización en torno al tema, pero lo primero que hay que hacer es aceptar su existencia. Salvo algunas pocas instituciones, como la Sociedad Catalana de Obstetricia y Ginecología (SCOG) y el Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña (CCMC), que se han posicionado, el resto están en contra del término. Y así no podemos abordarlo. Si no nombramos las cosas no podemos combatirlas y no avanzamos”, concluyó la Dra. Al Adib.

Para la Dra. Rodellar, “falta formación específica a todos los niveles de la salud, en comunicación y en trato empático. Y mucha sensibilización. Los profesionales debemos tener, además, canales aunque sea anónimos, para denunciar situaciones, así como educar desde abajo, es un tema de igualdad”.

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La lactancia materna se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular en la vejez

En un metanálisis de más de 1 millón de madres, quienes amamantaron a sus hijos tenían un riesgo de 11% a 17% menor de desarrollar enfermedad cardiovascular, enfermedad coronaria o ictus y de fallecer por enfermedad cardiovascular en la vejez, en comparación con las madres que no amamantaron.

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En promedio, las mujeres tenían dos hijos y habían amamantado durante 15,9 meses en total. La lactancia materna más prolongada se asoció con un mayor beneficio para la salud cardiovascular.

Este metanálisis de ocho estudios de diferentes países se publicó en versión electrónica el 11 de enero en una edición del Journal of the American Heart Association dedicada al impacto del embarazo en la salud cardiovascular de la madre y el niño.

Se sabe que la lactancia materna se asocia con un menor riesgo de fallecimiento por enfermedades infecciosas y con menos infecciones respiratorias en los bebés, escribieron los investigadores, pero lo que no es tan conocido es que también se asocia con un menor riesgo de cáncer de ovario y de mama y diabetes de tipo 2 en las madres.

El estudio actual mostró una clara asociación entre la lactancia materna y la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular en la vejez, comentaron a Medscape Noticias Médicas los autores principales, Lena Tschiderer, Ph. D., y el Dr. Peter Willeit, Ph. D.

Específicamente, las madres que habían amamantado a sus hijos en cualquier momento tenían 11% menos riesgo de enfermedad cardiovascular, 14% menos riesgo de cardiopatía coronaria, 12% menos riesgo de ictus y 17% menos riesgo de fallecer por enfermedad cardiovascular en el futuro, en comparación con otras madres.

Con base en la evidencia existente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta que el bebé tenga 6 meses, seguida de la lactancia materna más alimentación complementaria hasta que el bebé tenga 2 años o más, escribieron los investigadores.

“Creemos que los beneficios de la lactancia materna para la madre se comunican mal”, señalaron Tschiderer y el Dr. Willeit, de la University of Innsbruck, en Innsbruck, Austria.

“Los efectos positivos de la lactancia materna en las madres deben comunicarse de manera efectiva, debe aumentar la conciencia sobre las recomendaciones de lactancia materna y deben implementarse y reforzarse las intervenciones para promover y facilitar la lactancia materna”, concluyeron los investigadores.

“No debe ser ignorado”

Dos cardiólogos invitados a comentar, que no participaron en la investigación, señalaron que este estudio proporciona información sobre un tema importante.

“Este es otro cuerpo de evidencia y con la población más grande hasta la fecha, que muestra que la lactancia materna protege a las mujeres y puede brindar importantes efectos beneficiosos en términos de riesgo cardiovascular“, comentó a Medscape Noticias Médicas la Dra. Roxana Mehran.

“Las reducciones de riesgo fueron de 11% para los eventos de enfermedad cardiovascular y de 14% para los eventos de enfermedad coronaria; estos son números impresionantes”, señaló la Dra. Mehran, de la Icahn School of Medicine en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos.

“La advertencia es que estos son datos de varios ensayos, no obstante, esta es una observación muy importante que no debe ignorarse”, destacó.

El estudio no abordó la cantidad definitiva de tiempo de lactancia y su correlación con la mejora del riesgo de enfermedad cardiovascular, pero mostró que para toda la vida, cuanto más tiempo es mejor.

“Los efectos beneficiosos pueden tener relación con las hormonas durante la lactancia, así como la pérdida de peso asociada con la lactancia y el restablecimiento del metabolismo materno, como sugieren los autores”, añadió.

Los médicos y los empleadores “deben proporcionar formas de educar a las mujeres sobre la lactancia materna y facilitar que las mujeres que están en el lugar de trabajo se extraigan y proporcionarles recursos cuando sea posible”, destacó la Dra. Mehran.

La Dra. Michelle O’Donoghue, maestra en salud pública, señaló que en los últimos años ha habido un gran interés en los posibles beneficios para la salud de la lactancia materna tanto para la madre como para el niño.

Hay plausibilidad biológica para algunos de los posibles beneficios maternos porque los efectos cardiovasculares favorables de la prolactina y la oxitocina apenas comienzan a entenderse mejor, indicó la Dra. O’Donoghue, del Brigham and Women’s Hospital y Harvard Medical School, en Boston, Estados Unidos.

“El metanálisis actual proporciona un gran conjunto de datos que ayuda a respaldar el concepto de que la lactancia materna podría ofrecer algún beneficio cardiovascular para la madre”, estuvo de acuerdo.

“Sin embargo, en última instancia, será necesaria más investigación, ya que este método de combinación de datos entre ensayos depende de la solidez del método estadístico en cada estudio. Aplaudo a los autores por destacar este importante tema”, agregó.

Aunque los beneficios de amamantar parecen continuar con el tiempo, “es increíblemente difícil para las mujeres continuar amamantando una vez que regresan al trabajo. Las mujeres en algunos países fuera de Estados Unidos tienen una ventaja debido a la mayor duración de la licencia por maternidad”, puntualizó.

“Si queremos fomentar la lactancia materna debemos asegurarnos de implementar los apoyos adecuados. Las mujeres necesitan lugares protegidos para amamantar en el lugar de trabajo y lugares para almacenar su leche. Lo que es más importante, las mujeres necesitan que se les permita dedicar tiempo para que esto suceda”, enfatizó la Dra. O’Donoghue.

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Primer estudio grande de enfermedad cardiovascular en madres

Los estudios individuales emergentes sugieren que las madres que amamantan pueden tener un menor riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro, pero los estudios han sido inconsistentes y no está claro si una lactancia más prolongada fortalecería este beneficio, señalaron los autores.

Para examinar esto combinaron datos de los siguientes ocho estudios (con el acrónimo del estudio, el país y las fechas de inscripción de referencia entre paréntesis): 45&Up (Australia, 2006-2009), China Kadoorie Biobank (CKB, China, 2004-2008), European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC, multinacional, 1992-2000), Gallagher y colaboradores (China, 1989-1991), Nord-Trøndelag Health Survey 2 (HUNT2, Noruega, 1995-1997), Japan Public Health Center-based Prospective Study (JPHC, Japón, 1990-1994), Nurses’ Health Study (NHS, Estados Unidos, 1986) y Woman’s Health Initiative (WHI, Estados Unidos, 1993-1998).

En promedio, las mujeres tenían 51,3 años (rango: 40 a 65 años) cuando se inscribieron en el estudio, y fueron monitoreadas durante una mediana de 10,3 años (rango: 7,9 a 20,9 años, en los estudios individuales).

En promedio, tuvieron su primer hijo a los 25 años y tuvieron de dos a tres hijos (media: 2,3); 82% había amamantado en algún momento (desde 58% de las mujeres en los dos estudios estadounidenses hasta 97% en CKB y HUNT2).

Las mujeres habían amamantado durante una media de 7,4 a 18,9 meses durante su vida (excepto las mujeres del estudio CKB, que habían amamantado durante una mediana de 24 meses).

Entre las 1’192.700 mujeres hubo 54.226 incidentes de enfermedad cardiovascular, 26.913 incidentes de enfermedad coronaria, 30.843 incidentes de ictus y 10.766 decesos por enfermedad cardiovascular durante el seguimiento.

Los investigadores reconocieron que las limitaciones del estudio incluyen el hecho de que podría haber un sesgo de publicación, ya que había menos de 10 estudios disponibles para agrupar. Hubo una heterogeneidad significativa entre los estudios para los resultados de enfermedad cardiovascular, enfermedad coronaria e ictus.

También faltaban datos a nivel de participantes y la lactancia materna fue autoinformada. Es posible que haya habido factores de confusión residuales no contabilizados y los beneficios de la lactancia materna durante más de 2 años a lo largo de toda la vida no están claros, porque pocas mujeres en esta población amamantaron tanto tiempo.

La investigación fue financiada por Austrian Science Fund. Los investigadores y Mehran y la Dra. O’Donoghue han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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Factores de riesgo relacionados con el deterioro de la salud en mujeres

Para las mujeres de mediana edad, tener problemas de salud específicos, incluidos síntomas depresivos y enfermedades cardiovasculares, se asoció con experimentar deterioros clínicamente importantes en la salud más adelante en la vida.

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Los parámetros más predictivos de una peor salud a los 65 años fueron las enfermedades cardiovasculares, los síntomas depresivos clínicamente significativos y el tabaquismo actual. La osteoartritis, tener un menor nivel educativo y un índice de masa corporal más alto también se asociaron con un estado de salud más deficiente 10 años después, escribieron el Dr. Daniel H. Solomon, maestro en salud pública, y sus colaboradores, en su estudio observacional, que se publicó en JAMA Network Open.

Determinar la puntuación del paciente en una medida de calidad de vida relacionada con la salud basada en estas variables podría ser útil en la práctica clínica para reconocer a las pacientes de mediana edad con mayor riesgo de deterioro de la salud posterior, manifestó el Dr. Solomon, de la División de Reumatología, Inflamación e Inmunidad de Brigham and Women’s Hospital, en Boston, Estados Unidos. Este cuestionario se llama Short Form 36(SF-36) y los investigadores se centraron específicamente en la puntuación resumida del componente físico (PCS) de este instrumento. El SF-36 es similar a la puntuación de predicción del riesgo de enfermedad coronaria a 10 años de Framingham, según el Dr. Solomon, profesor de medicina en Harvard Medical School, también en Boston, Estados Unidos.

De acuerdo a sus puntajes de riesgo, las mujeres podrían enfocarse de manera preventiva en los factores de riesgo modificables antes de llegar a la vejez, escribieron los investigadores.

“La década de 55 a 65 años puede ser una etapa crítica. La salud y los factores de una persona durante este periodo pueden ponerlos en el camino para sus años adultos posteriores, señaló el Dr. Solomon. La buena noticia es que una gran proporción de mujeres en la mediana edad es muy estable y no experimentará deterioro. Pero identificar a las mujeres con mayor riesgo podría ayudar a llevar a cabo intervenciones dirigidas a ellas”.

Detalles del estudio

El estudio incluyó una cohorte de 1.091 mujeres del Study of Women’s Health Across the Nation (SWAN) de 3.302 participantes, un grupo racial y étnicamente diverso inscrito en seis sitios de Estados Unidos que estaban inmediatamente antes de la transición a la menopausia o en esta, con un seguimiento durante 10 años desde las edades de 55 a 65 años. La muestra del estudio, compuesta por 24,6% de raza negra, 24% de japoneses o chinos y 51,9% de raza blanca, tenía una mediana de edad inicial de 54,8 años y una mediana de 27 kg/m2 al ingreso. La mediana de la puntuación inicial del componente de resumen físico fue de 53,1 (rango intercuartil [RIC]: 46,8 a 56,7).

A lo largo de 10 años, 206 (18,9%) mujeres del estudio experimentaron disminuciones clínicamente importantes de al menos 8 puntos en las características iniciales alrededor de los 55 años. Lo siguiente se asoció significativamente con estas disminuciones:

  • Tener un índice de masa corporal más alto.
  • Tener osteoartritis.
  • Tener un menor nivel educativo.
  • Ser fumador actual.
  • Tener síntomas depresivos clínicamente significativos.
  • Tener una enfermedad cardiovascular.
  • Tener una mejor (o más alta) puntuación de salud física y función en el componente de resumen físico.

La asociación entre un puntaje del componente de resumen físico más alto y una mayor disminución puede parecer una anomalía, dijo el Dr. Solomon, pero una interpretación de este hallazgo es que las mujeres con puntajes más altos o mejores al inicio tienen más probabilidades de caer una vez que otros factores de riesgo surten efecto.

Con datos analizados desde octubre de 2020 hasta marzo de 2021, la mediana del cambio de 10 años en el puntaje del componente de resumen físico fue de -1,02 puntos, pero 206 mujeres experimentaron disminuciones de 8 puntos o más.

Quienes tenían problemas de salud tenían más probabilidades de ser negras y menos probabilidad de ser japonesas. También tenían más probabilidades de tener otras comorbilidades como diabetes, hipertensión y osteoporosis y de reportar menos actividad física.

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El sistema de puntuación no debe reemplazar la evaluación individualizada, dijo una experta externa

Al comentar sobre los hallazgos, la Dra. Margaret J. Nachtigall, profesora clínica asociada en el Departamento de Obstetricia y Ginecología de Langone Health en New York University, en Nueva York, Estados Unidos, advirtió que un sistema de puntuación generalizado no debe reemplazar la evaluación individualizada de las mujeres en la mediana edad.

“A diario evalúo a mujeres de alrededor de 55 años en busca de factores de riesgo para la salud en el futuro. Y si bien un número como el índice de masa corporal puede ser útil, me preocupa que confiar en un puntaje descuide el tratar a la persona”, comentó la Dra. Nachtigall. Por ejemplo, una mujer puede tener un índice de masa corporal alto debido a una mayor masa muscular, que es pesada, mientras que otra puede tener un índice de masa corporal más bajo, con más peso relacionado con la grasa, además de afecciones exacerbadas, como la hipertensión que elevarían su riesgo. “Hay que hacer el cálculo por cada persona”.

La Dra. Nachtigall, que no participó en el análisis SWAN, señaló: “Sin embargo, un sistema de puntuación de datos masivos podría ser un complemento útil para la evaluación de pacientes individuales en el sentido de que haría que los médicos observaran todos estos factores de riesgo para identificar a aquellos propensos al declive”.

El estudio incluye población racialmente diversa

Según los autores, mientras otros estudios han identificado factores de riesgo similares y otros factores, como la falta de sueño, la mayoría no ha incluido a una población tan diversa racialmente y se ha centrado en mujeres que ya están en la tercera edad cuando la ventana de oportunidad ya puede haberse cerrado.

“Como médico clínico y epidemiólogo a menudo pienso en la ventana de oportunidad de la mediana edad, cuando las personas son más activas, comprometidas y resilientes. Si podemos identificar los factores de riesgo y determinar quién está en riesgo, es posible que podamos encontrar intervenciones que puedan evitar el deterioro de la salud y ayudar a poner a las personas en una mejor trayectoria de salud”, señaló el Dr. Solomon.

El Dr. Eric M. Ascher, quien practica medicina familiar en Lenox Hill Hospital, en Nueva York, Estados Unidos, y no participó en la investigación SWAN, estuvo de acuerdo con el Dr. Solomon.

“Los médicos que tratan enfermedades crónicas a menudo conocen a los pacientes cuando ya están sufriendo de un problema médico. Es clave disminuir sus factores de riesgo antes de que sea demasiado tarde”, continuó.

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El especialista agregó que muchos proveedores de atención primaria ya dependen en gran medida de los sistemas de puntuación para determinar el nivel de riesgo y el tipo de intervención. “Cualquier sistema adicional de puntuación de factores de riesgo que sea fácil de implementar y prevenga enfermedades crónicas sería algo que los proveedores querrían usar con sus pacientes”.

Se necesitan análisis detallados de poblaciones en riesgo más grandes para validar estos factores de riesgo e identificar otros, concluyeron los autores.

SWAN recibió apoyo del National Institute on Aging, National Institute of Nursing Research y National Institutes of Health’s Office of Research on Women’s Health. El Dr. Solomon informó tener vínculos financieros con Amgen, AbbVie y Moderna, UpToDate y Arthritis & Rheumatology; además de participar en la junta directiva de la Childhood Arthritis and Rheumatology Research Alliance y en un comité asesor de la Food and Drug Administration fuera de este trabajo. La Dra. Nachtigall y el Dr. Ascher han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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Las pruebas del virus del papiloma humano más la citología detectan el doble de lesiones cervicouterinas

La combinación de cribado basado en el virus del papiloma humano de alto riesgo con el triaje citológico detectó el doble de casos de neoplasia intraepitelial cervical de grado 2 que la citología sola, según un nuevo estudio.

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El estudio, en que se analizaron los datos del programa de cribado del virus del papiloma humano en la población de México en el transcurso de 6 años, confirma la importancia del cribado del virus del papiloma humano para la detección temprana de las lesiones cervicouterinas de alto grado.

“Nuestros resultados proporcionan evidencia de que la prueba del virus del papiloma humano de alto riesgo es la mejor estrategia para un diagnóstico oportuno de las lesiones de neoplasia intraepitelial cervical de grado 2 y evita al mismo tiempo el sobretratamiento de las mujeres jóvenes. Muchos países utilizan ahora la prueba del virus del papiloma humano de alto riesgo como método de cribado primario, dado que tiene más sensibilidad y detecta más lesiones precursoras de cáncer cervicouterino, como la neoplasia intraepitelial cervical de grado 2″, escribieron los autores del estudio.

De acuerdo con Erik Jansen, M. Sc., el análisis apoya las recientes actualizaciones de las normas de cribado de Estados Unidos y confirma los hallazgos de estudios previos que muestran que la prueba del virus del papiloma humano mejora significativamente la prevención del cáncer cervicouterino.

“La importancia de este estudio radica en que los datos comunicados proceden de un seguimiento prolongado en un país en que se implantó el cribado del virus del papiloma humano a gran escala”, comentó a Medscape Noticias Médicas Jansen, Ph. D., doctorando en el Departamento de Salud Pública del Erasmus University Medical Center, en Róterdam, Países Bajos.

En el estudio, realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública de México, se analizaron los datos de cribado del programa público de prevención del cáncer cervicouterino en el país entre 2010 y 2015. Se incluyeron más de 2 millones de mujeres con edades entre 34 y 65 años que se sometieron a pruebas de cribado basadas en virus del papiloma humano de alto riesgo, seguidas de un triaje citológico si eran positivas para el virus, así como 2,8 millones de mujeres de la misma edad en las que solo se efectuaron pruebas citológicas.

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En el grupo que se sometió a pruebas de cribado de virus del papiloma humano de alto riesgo, 1,2% de las mujeres (n = 24.276) fue derivado a colposcopia frente a 3,1% de las mujeres (n = 90.980) del grupo asignado a citología. Y de todas las mujeres, solo 0,8% de las que tuvieron resultados anormales (n = 16.459) durante la prueba de detección del virus del papiloma humano se sometió a una colposcopia frente a 1,5% (n = 43.638) del grupo asignado a citología.

En general los autores descubrieron que se necesitaban 13,3 colposcopias para detectar un solo caso de neoplasia intraepitelial cervical de grado 2 en el grupo asignado a citologías, en comparación con 5,7 colposcopias en el grupo asignado a la prueba del virus del papiloma humano de alto riesgo más triaje histológico.

Los autores también señalaron que el costo de las colposcopias fue tres veces menor en el grupo que se sometió a pruebas de cribado del virus del papiloma humano de alto riesgo y que el valor predictivo positivo de la prueba más el triaje citológico fue 17,5% frente a 7,5% para la citología sola.

“El valor predictivo positivo no cambió con ninguna de las dos estrategias de cribado, independientemente de que se tuvieran en cuenta las mujeres en las que se perdió el seguimiento”, escribieron los autores.

Aunque Jansen observó que los resultados son importantes, también señaló varias limitaciones, a saber, la pérdida significativa de seguimiento en el grupo con prueba del virus del papiloma humano.

Las pruebas del virus del papiloma humano y el triaje citológico se realizaron en consultas separadas; un protocolo de dos consultas con el que más de 50% de las mujeres que resultaron con positividad en la prueba del virus del papiloma humano no volvieron para citología. Una pérdida de seguimiento tan significativa puede cuestionar algunos de los resultados, señaló Jansen.

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Por ejemplo, la tasa de remisiones a colposcopia no tiene en cuenta las mujeres positivas para virus del papiloma humano que omitieron la citología. Suponiendo el mismo riesgo del virus del papiloma humano para las mujeres que se sometieron al estudio citológico y las que no lo hicieron, Jansen calculó que, sin ninguna pérdida de seguimiento, la tasa de remisión a colposcopia habría aumentado notificaciones de 1,2% a 2,6%, lo que está mucho más cerca del porcentaje en las mujeres remitidas en el grupo sometido a citología (3,1%).

Los menores costos de la colposcopia en el grupo con prueba de virus del papiloma humano también se debieron probablemente, en parte, a la pérdida de seguimiento, lo que no es necesariamente bueno, destacó Jansen.

“Aún así, este estudio confirma el hallazgo de que un programa de cribado primario del virus del papiloma humano es más eficaz que la citología sola”, finalizó Jansen.

El coautor, Eduardo Franco, declaró haber recibido subvenciones y honorarios personales de MSD y tiene una patente pendiente, “Marcadores de Metilación en el Cáncer Cervicouterino”. Todos los demás autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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Datos poblacionales informan cambios de menos de 1 día en la duración del ciclo menstrual tras la vacuna contra la COVID-19

Las personas menstruantes pueden estar un poco más tranquilas gracias a los resultados de un estudio que muestra que la vacunación contra el virus SARS-CoV-2 casi no tiene impacto en el ciclo menstrual. El problema es importante, ya que la menstruación regular es un signo de salud y fertilidad, y los temores de que hubiera alteraciones podrían aumentar la vacilación hacia la vacunación a medida que continúan aumentando los casos de COVID-19.

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La Dra. Alison Edelman, maestra en salud pública, profesora de obstetricia y ginecología en la Oregon Health & Science University, en Portland, Estados Unidos, dirigió un grupo que estudió datos prospectivos sobre casi 24.000 ciclos menstruales informados por 3.959 personas menstruantes estadounidenses.

Un ligero aumento en la duración del ciclo después de la vacunación

Los investigadores encontraron que la vacuna contra la COVID-19 se asoció con cambios de menos de 1 día en la duración del ciclo para los ciclos menstruales después de la primera y segunda dosis, en comparación con los ciclos anteriores a la vacuna. La vacunación no tuvo ningún efecto sobre el número real de días que duró el sangrado menstrual.

El estudio analizó los patrones menstruales de mujeres de 18 a 45 años con ciclos normales de 24 a 38 días durante los tres ciclos consecutivos antes de la primera dosis de vacuna y durante tres ciclos consecutivos posteriores a la vacuna. La muestra final incluyó 2.403 mujeres vacunadas y 1.556 no vacunadas.

En las mujeres vacunadas el estudio encontró inicialmente un ligero aumento promedio en la duración del ciclo después de la primera dosis de 71% de un día y de 91% de un día después de la segunda dosis. Después de los ajustes, esos aumentos se redujeron a 64% de un día después de la primera dosis y a 79% de un día después de la segunda dosis.

El estudio analizó seis ciclos en mujeres no vacunadas durante un periodo similar y no encontró cambios significativos con respecto al valor inicial.

“La vacunación contra la enfermedad del coronavirus 2019 se asocia con un pequeño cambio en la duración del ciclo, pero no en la duración de la menstruación”, concluyó el equipo de la Dra. Edelman en Obstetrics and Gynecology.

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En el raro caso de que una mujer recibiera dos dosis de la vacuna dentro del mismo ciclo menstrual, el cambio en la duración podría aumentar a 2 días. Estas variaciones parecen resolverse con rapidez, posiblemente tan pronto como el siguiente ciclo después de la vacunación y no indican ninguna causa de preocupación a largo plazo sobre la salud física o reproductiva, según los autores.

Variaciones de menos de 8 días en el ciclo se consideran normales

Sin embargo, los informes de mujeres en las redes sociales han sugerido que los problemas menstruales posteriores a la vacuna son más frecuentes, por ejemplo, con sangrados más abundantes e intensos.[2] Pero parece que esos cambios son temporales y se resuelven rápidamente.

“Estos hallazgos son reconfortantes y validados”, comentó la Dra. Edelman. A nivel de población, los cambios no indican ningún motivo de preocupación para la salud física o reproductiva a largo plazo y ningún motivo para evitar la vacunación. “A nivel personal, las mujeres quieren esta información para saber qué esperar cuando se vacunen y no preocuparse por un posible embarazo o una decepción si estaban intentando una gestación”.

Según la International Federation of Gynecologists and Obstetricians, las variaciones en la duración del ciclo de menos de 8 días se consideran normales, indicó Christine Metz, Ph. D., bióloga investigadora y profesora de medicina molecular en Feinstein Institutes for Medical Research, en Manhasset, Estados Unidos. “Por tanto, las 17 horas adicionales agregadas a la duración del ciclo menstrual en el grupo de mujeres vacunadas en este estudio están dentro del rango ‘normal'”.

“Muchos factores afectan la duración del ciclo menstrual”

En un grupo de alrededor de 1.600 personas menstruantes que están siendo estudiadas en el centro de Metz, algunas han informado anecdóticamente cambios transitorios del ciclo después de la vacunación contra la COVID-19, incluidos retrasos en el inicio de la menstruación y cambios en los patrones de sangrado.

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No se conoce exactamente cómo la vacuna podría alterar la duración del ciclo menstrual y no se ha estudiado con la vacunación contra otras infecciones como influenza y meningococo.

“Se sabe que muchos factores afectan la duración del ciclo menstrual, incluidos los cambios en la dieta, el sueño y el ejercicio, así como las enfermedades, los viajes y el estrés”, agregó Metz. Las vacunas contra la COVID-19 han afectado a las personas de diferentes maneras, con efectos secundarios que van desde dolor en el lugar de la inyección hasta náusea, dolores, fiebre y fatiga. “Los efectos secundarios de la vacunación, especialmente si son graves, pueden provocar cambios en la dieta, el ejercicio y el sueño y sensación de enfermedad o estrés”.

Estos factores estresantes pueden alterar la producción y estabilidad de hormonas, así como la respuesta del cuerpo a hormonas como estrógeno, progesterona, hormona estimulante del folículo, hormona luteinizante y otras hormonas asociadas con la reproducción femenina. “Debido a que estas hormonas regulan el ciclo menstrual, sus variaciones pueden acortar o alargar el ciclo”, explicó Metz.

Según los autores necesario realizar más investigaciones a nivel mundial. “Quedan dudas sobre otros posibles cambios en los ciclos menstruales, como los síntomas menstruales, el sangrado fuera del ciclo y los cambios en la calidad y cantidad del sangrado menstrual”, concluyeron.

Esta investigación fue financiada por Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development y la Oficina de Investigación sobre la Salud de la Mujer de los Institutos Nacionales de Salud. La Dra. Edelman informó recibir apoyo del American College of Obstetrics and Gynecology, la Organización Mundial de la Salud, Gynuity y Karolinska Institute, así como regalías de UpToDate. Otros autores del estudio informaron relaciones similares con empresas del sector privado y sin fines de lucro. Tres coautores son empleados de Natural Cycles, un dispositivo de seguimiento de la fertilidad que se utilizó en el estudio. Metz ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Más evidencia vincula algunos antipsicóticos con un mayor riesgo de cáncer de mama

Una nueva investigación proporciona más evidencia de que los antipsicóticos que aumentan los niveles de prolactina están asociados con un riesgo significativamente mayor de cáncer de mama.

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El riesgo relativo de cáncer de mama fue un 62% más alto en las mujeres que tomaron antipsicóticos de categoría 1 asociados con niveles altos de prolactina. Estos incluyen haloperidol, paliperidona y risperidona. Además, el riesgo fue un 54% más alto en quienes que tomaban antipsicóticos de categoría 2 que tienen efectos de rango medio sobre la prolactina. Estos incluyen iloperidona, lurasidona y olanzapina.

Por el contrario, los antipsicóticos de categoría 3 que tienen un efecto menor sobre los niveles de prolactina no se asociaron con ningún aumento en el riesgo de cáncer de mama. Estos medicamentos incluyen aripiprazol, asenapina, brexpiprazol, cariprazina, clozapina, quetiapinay ziprasidona.

Si bien el riesgo “absoluto” de cáncer de mama de estos medicamentos no está claro, “podemos argumentar que los niveles altos de prolactina circulante están asociados con el riesgo de cáncer de mama. Esto sigue lo que ya se sabe sobre la prolactina en estudios anteriores, en particular los estudios de salud de las enfermeras”, dijo a Medscape Noticias Médicas el Dr. Tahir Rahman, profesor asociado de psiquiatría de Washington University School of Medicine, en San Luis, Estados Unidos.

“No queremos alarmar a los pacientes que toman medicamentos antipsicóticos por problemas de salud mental que amenazan la vida, pero también creemos que es hora de que los médicos hagan un seguimiento de los niveles de prolactina y monitoreen a sus pacientes que están siendo tratados con antipsicóticos”, agregó el Dr. Rahman en un comunicado de prensa.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 3 de diciembre en Journal of Clinical Psychopharmacology.

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Evalúe los niveles de prolactina

Utilizando datos de reclamaciones administrativas, los investigadores evaluaron el riesgo de cáncer de mama en mujeres de 18 a 64 años expuestas a medicamentos antipsicóticos en comparación con anticonvulsivos o litio.

Identificaron 914 casos de cáncer de mama invasivo entre 540.737 mujeres.

Aproximadamente el 52% de la población del estudio surtió al menos una receta de un agente antipsicótico de categoría 3, mientras que el 15% surtió al menos una receta de un agente de categoría 1; el 49% de las mujeres surtieron al menos una receta de un medicamento anticonvulsivo durante el periodo de estudio.

La exposición a todos los antipsicóticos se asoció de forma independiente con un 35% más de riesgo de cáncer de mama (hazard ratioajustado [HRa]: 1,35; intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 1,14 a 1,61).

En comparación con los anticonvulsivos o el litio, el riesgo de cáncer de mama aumentó significativamente para los antipsicóticos con alto contenido de prolactina (categoría 1) (HRa: 1,62; IC 95%, 1,30 a 2,03) y para los medicamentos de prolactina media (categoría 2) (HRa: 1,54 ; IC 95%: 1,19 a 1,99), sin aumento del riesgo para los antipsicóticos de categoría 3.

“Nuestra investigación es, obviamente, de interés para prevenir el cáncer de mama en pacientes tratadas con antipsicóticos. Evaluar los niveles de prolactina en sangre es barato y fácil” y un valor alto es “bastante simple de manejar”, dijo el Dr. Rahman.

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Una cuestión de debate

El Dr. Christoph Correll, profesor de psiquiatría y medicina molecular, de la Zucker School of Medicine en Hofstra/Northwell, en Hempstead, Estados Unidos, dijo: “La posible elevación del riesgo de cáncer de mama depende de la dosis y el tiempo de tratamiento con antipsicóticos, además los medicamentos tienen diversos grados de propiedades que aumentan la prolactina, lo que ha sido un tema de investigación y de debate”.

Este nuevo estudio “agrega otro punto de datos que indica que los antipsicóticos asociados con un efecto de aumento de prolactina más alto que otros antipsicóticos hasta cierto punto pueden aumentar el riesgo de cáncer de mama en las mujeres”, dijo el Dr. Correll, que no participó en el estudio.

Sin embargo, advirtió que “los datos naturalistas siempre son vulnerables a factores de confusión residuales, por ejemplo, efectos no medidos que también podrían explicar, al menos parcialmente, los resultados, y el tiempo de seguimiento de solo 4 años (máximo 6 años) en este estudio fue relativamente corto”.

“Sin embargo, dada la disponibilidad de muchos antipsicóticos diferentes con diversos grados de potencial de aumento de prolactina, en las mujeres que requieren tratamiento antipsicótico pueden ser preferibles los antipsicóticos que aumentan menos la prolactina”, agregó el Dr. Correll.

“En las mujeres que reciben antipsicóticos que aumentan la prolactina como terapia de mantenimiento a mediano y largo plazo, se deben monitorear los niveles de prolactina”, recomendó.

Cuando se detecta un nivel elevado de prolactina, esto debe abordarse “ya sea mediante una reducción de la dosis, un cambio a un antipsicótico alternativo que no aumente los niveles de prolactina de manera significativa o la adición de un agonista D2 parcial o total cuando se debe continuar administrando el antipsicótico que aumenta la prolactina basándose en una evaluación de riesgos individualizada”, aconsejó el Dr. Correll.

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Este trabajo fue apoyado por un premio de Alvin J. Siteman Cancer Center; National Cancer Institute, National Center for Advancing Translational Sciences of the National Institutes of Health, Taylor Family Institute for Innovative Psychiatric Research y Center for Brain Research in Mood Disorders. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. El Dr. Correll ha recibido regalías de UpToDate y tiene acciones de LB Pharma.

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La importancia de implementar programas de duelo perinatal

“La experiencia de una muerte prenatal durante el embarazo o el parto es una tragedia que no se aborda de manera suficiente en las agendas, las políticas ni los programas financiados a nivel mundial” considera la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que cada año se producen casi 2 millones de muertes prenatales en el mundo, una cada 16 segundos.

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La OMS establece el periodo de muerte perinatal desde la semana 22 de gestación (154 días) hasta el término de las primeras 4 semanas de vida neonatal (28 días). Tiene consecuencias psicológicas para las mujeres y sus familias, entre las que se encuentran, entre otros, el trastorno por estrés postraumático o la sintomatología depresiva, y puede considerarse un tema tabú que necesita ser visibilizado y requiere una atención sanitaria multidisciplinar.

Para hablar sobre el duelo perinatal, desde Univadis España hemos entrevistado a Anna Torres Giménez, psicóloga clínica y perinatal, quien se formó como Psicólogo Interno Residente en el Hospital Clínic y empezó a trabajar en Perinatal en el año 2009. Actualmente desempeña su labor en la Unidad de Salud Mental Perinatal del Hospital Clínic de Barcelona, España, tanto en consultas externas como en el Hospital de Día Madre-Bebé del mismo centro. De forma más estructurada ejerce desde 2019, año en el que se instauró el modelo integral de atención al duelo perinatal, ofreciendo tratamientos intensivos y multidisciplinares. Su misión es tratar a aquellas mujeres con duelo perinatal en riesgo de desarrollar un trastorno depresivo o postraumático.

¿Tenemos datos de cuántas muertes perinatales se producen al año en España?

Uno de los problemas para estimar las muertes perinatales es que no existen a nivel internacional unos criterios homogéneos de definición de muerte perinatal. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, se estimó una tasa de mortalidad perinatal de 4,2 por 1.000 nacimientos en el año 2018, en este caso se incluyen todos los fallecidos desde las 22 semanas de gestación hasta los 7 días de vida.

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¿Qué efectos psicológicos sufren los padres ante esta pérdida?

La pérdida perinatal es un duelo, por lo tanto se manifiestan las características propias de la pérdida de un ser querido: tristeza, sentimientos de anhelo, alteraciones en el apetito o el sueño. El duelo es una respuesta normal, pero a veces puede complicarse por ser muy duradero y/o muy intenso. También puede alargarse por la aparición de algún trastorno, como un trastorno depresivo o por estrés postraumático.

¿Cuánto tiempo puede durar este duelo?

En general, cuando se habla de duelos se estima una duración aproximada de un año. Cuando hablamos de un año, estamos hablando de estadística y de medias, ni todo el mundo va a tardar un año, ni todas las personas tienen las mismas vivencias, ni el hecho de tardar más de un año es necesariamente patológico. Del mismo modo, también de media, los primeros seis meses tienden a ser los de mayor intensidad del duelo. El duelo perinatal, al igual que el resto de duelos, también debería guiarse por estos mismos tiempos.

¿En qué consiste un programa de duelo gestacional perinatal? ¿Qué profesionales sanitarios están implicados?

Algunos hospitales realizan una atención específica a las situaciones de pérdida perinatal con el fin de facilitar el proceso de duelo, legitimarlo y no invisibilizarlo o desautorizarlo. Todos los profesionales sanitarios que atienden los partos están implicados. En estas situaciones es muy importante tanto el lenguaje que se emplea, como el facilitar la despedida en un lugar en que se minimice el ruido ambiental (por ejemplo, llantos de bebés) y el poder tener cajas de recuerdos, que son unas cajas en que se guardan objetos físicos de recuerdo del bebé o de la estancia en hospitalización, como fotografías o huellas de las manos o de los pies. La atención psicológica puede resultar de ayuda tanto para acompañar el duelo normal, como para identificar situaciones en las que ya se requiere una intervención.

¿Hay algún protocolo sanitario establecido en caso de duelo perinatal?

Actualmente, en España no existe una atención sanitaria protocolizada para atender el duelo perinatal. En Cataluña existe la Guía de acompañamiento al duelo perinatal del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya. También hay otras guías como la de Atención profesional a la pérdida y duelo durante la maternidad del Servicio Extremeño de Salud, publicada en abril de 2015 para orientar a los profesionales que trabajan en este área o la guíarealizada por la Asociación de apoyo para la muerte perinatal y neonatal, Umamanita, y la entidad El Parto es Nuestro. A nivel internacional, hay recomendaciones recogidas en las Guías de Práctica Clínica de Salud Mental Perinatal, como la guía del National Institute for Health and Care Excellence(NICE) del Reino Unido.

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Según su experiencia ¿por qué es importante la implantación de este tipo de programas?

Para autorizar un duelo que está desautorizado, es decir, que a pesar de conllevar una pérdida no recibe la misma comprensión por parte del entorno social que otros procesos. Este tipo de programas son necesarios para facilitar el proceso del duelo. No existe una evidencia clara de que el empleo de buenas prácticas (despedirse del bebé, cajas de recuerdos, etc.,) prevenga los efectos posteriores en salud mental. Sin embargo, los estudios subrayan que las madres y padres perciben como una experiencia positiva la atención en unidades especializadas en pérdida fetal (con tratamiento individualizado y percepción de accesibilidad y disponibilidad).

¿Cree que tenemos una sociedad que le da la espalda a la muerte? ¿Cree que la sociedad no comprende, ni reconoce, e invisibiliza este duelo?

Sí, vivimos en una sociedad que le da la espalda a la muerte, la niega. Existen muchos ejemplos de incomprensión, frases como “ya tendrás otro hijo” o “tienes que superarlo”, “estas triste, ¿todavía es por eso?”, no ayudan. Tenemos que evitarlas.

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A los padres que sufren la pérdida de un hijo se les da una baja por depresión o ansiedad, pero no por duelo. Solo Nueva Zelanda, India y Filipinas ofrecen una baja por duelo gestacional. En España, el permiso de maternidad por muerte perinatal existe cuando el tiempo de gestación es superior a los 180 días y el bebé pesa más de 500 gramos. El duelo perinatal caería dentro de esta categoría. ¿Es esta medida suficiente especialmente en casos de abortos espontáneos y duelo perinatal?

No es suficiente e invisibiliza todas las pérdidas que no cumplen los requisitos para el permiso por maternidad. En el momento actual, si una madre necesita un tiempo para recuperarse y su pérdida es menor a 180 días su baja es por enfermedad común (depresión o ansiedad). Esto es muy discutible, puesto que no necesariamente tienen un trastorno mental por el que tienen que estar de baja. Todas las personas en situación de duelo necesitan un tiempo para recuperarse, pero esto no está contemplado en nuestro sistema. Además, en el caso concreto del duelo perinatal, la madre necesita un tiempo para recuperación psicológica y física. Una de las consecuencias de empezar antes de tiempo sería que el trabajo podría emplearse como una estrategia de evitación, que funciona a corto plazo, pero a largo plazo no ayuda a procesar el duelo.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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