La diversidad de bacterias intestinales en los lactantes se relaciona con reducción de las alergias alimentarias

Los lactantes con mayor diversidad de bacterias en las heces tienen menos tendencia a presentar alergias a alimentos como huevo, leche o cacahuate, dijeron los investigadores.

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Los hallazgos podrían dar lugar a nuevas estrategias para prevenir la alergia alimentaria mediada por inmunoglobulina E, según Christine Joseph, Ph. D., maestra en salud pública, epidemióloga del Henry Ford Health System, en Detroit, Estados Unidos, y sus colaboradores.

“La colonización bacteriana es un factor que puede ser modificable en la trayectoria causal a la alergia alimentaria mediada por inmunoglobulina E”, escribieron en su artículo publicado en Pediatric Allergy and Immunology.

Las alergias alimentarias pueden presentarse cuando la exposición a alimentos específicos activa las células cebadas y los basófilos. Las alergias pueden causar eccema atópico en lactantes y rinitis y asma a una edad posterior.

En los lactantes sanos las proteínas alimentarias interactúan con células presentadoras de antígeno, pero las células T reguladoras suprimen las respuestas inmunitarias, previniendo las alergias, señalan los investigadores.

La relación entre bacterias intestinales y alergias es compleja. Los oligosacáridos de la leche humana inducen la producción de interleucina-10 e inmunoglobulina A y también estimulan el desarrollo de Bifidobacterium y Lactobacillus, de acuerdo con los investigadores. Clostridia activa la liberación de factor de crecimiento transformante beta-1 que ayuda a inducir a las células T reguladoras a suprimir las reacciones inmunitarias indeseables. Las bacterias intestinales también ayudan a fermentar carbohidratos complejos al generar ácidos grasos de cadena corta, lo que influye en la célula B y la función de barrera intestinal.

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Estudios previos han revelado asociaciones entre la composición de la microbiota intestinal y las sensibilidades alimentarias. Han indicado que el retraso de la colonización de las bacterias en el intestino puede provocar irregularidades en el desarrollo de los tejidos linfoides asociados al intestino.

Para comprender mejor esta relación, Joseph y sus colaboradores analizaron los datos del Programa de Investigación sobre Microbios, Alergia, Asma y Mascotas de la cohorte de nacimiento del Estudio Longitudinal de Alergia y Asma del Entorno Sanitario del Condado Wayne.

Los investigadores reclutaron a mujeres embarazadas de 21 a 45 años en el área metropolitana de Detroit que recibían atención prenatal en las clínicas obstétricas del Henry Ford Health System entre septiembre de 2003 y noviembre de 2007. Obtuvieron muestras de sangre de los lactantes en las visitas domiciliarias a los 6 y 12 meses. En una consulta en la clínica a los 24 meses, determinaron inmunoglobulina E sérica específica de alérgenos, administraron pruebas de alergias por punción cutánea y entrevistaron a los padres para indagar los antecedentes personales patológicos de sus hijos, los alimentos que evitaban, los síntomas digestivos y las reacciones a los alimentos. Los investigadores obtuvieron muestras de heces a 1 mes y a los 6 meses de edad.

Un panel de dos alergólogos certificados revisó los datos clínicos y de las entrevistas desde el nacimiento hasta los 3 a 5 años de edad para clasificar a los lactantes en categorías de probabilidad o no probabilidad de tener alergia alimentaria mediada por inmunoglobulina E. Un tercer alergólogo dictaminó en los casos de desacuerdo.

De los 447 niños con datos suficientes, a 44 se les diagnosticó alergia alimentaria mediada por inmunoglobulina E. De ellos, 59% era alérgico a un alimento, 30% a dos alimentos y 11% a tres alimentos. La alergia más común era al huevo (en 73% de los niños alérgicos), seguida de la alergia al cacahuate (59%) y a la leche (20%).

En los niños de 3 a 5 años las muestras de heces de los alérgicos mostraban una diversidad sustancialmente menor de la microbiota intestinal, en comparación con los no alérgicos, sobre todo a la leche y al cacahuate. La diferencia fue estadísticamente significativa (todos los valores de p ajustados con respecto a covariables para las métricas alfa < 0,007).

Al analizar las bacterias específicas de los lactantes de 6 meses, los investigadores encontraron menos abundancia de 20 unidades taxonómicas operativas individuales en los niños alérgicos, principalmente de los órdenes Bacteroidales y Clostridiales. Por otra parte, estos niños tenían más abundancia de Bifidobacteriales.

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El hallazgo podría dar lugar a nuevas estrategias para prevenir las alergias a los alimentos, señaló la Dra. Vivian Hernández-Trujillo, directora de alergias e inmunología en el Nicklaus Children’s Hospital, en Miami, Estados Unidos, quien no intervino en el estudio.

“Es un poco prematuro, pero no hay duda de que es necesario continuar la investigación en este campo dado que sería increíble la posibilidad de intervención en las alergias alimentarias mediadas por inmunoglobulina A”, comentó a Medscape Noticias Médicas. “Estudios como este nos brindan la esperanza de que podremos prevenir las alergias a los alimentos”.

Todavía no contamos con suficientes datos para recomendar algún tratamiento (como probióticos) que pudiera influir en la microbiota intestinal de los lactantes, destacó.

Hasta ahora la mejor estrategia para prevenir las alergias al cacahuate es comenzar a introducir alimentos sólidos en general y productos derivados del cacahuate específicamente, a una edad temprana del lactante, dijo la Dra. Hernández-Trujillo, citando las Addendum Guidelines for the Prevention of Peanut Allergy in the United States: Report of the National Institute of Allergy and Infectious Diseases.

La Dra. Hernández-Trujillo refiere relaciones económicas con DBV Technologies y Kaléo. Joseph ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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La dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn podría lograr la remisión de la enfermedad leve o moderada

La dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn, con o sin nutrición parcial por sonda, al parecer indujo y mantuvo la remisión en pacientes con enfermedad leve o moderada sin tratamiento biológico previo en un ensayo piloto realizado en Israel.

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La Dra. Henit Yanai, del Rabin Medical Center, en Petah Tikva, Israel, y sus colaboradores, señalaron que la dietoterapia con dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn se asocia a una reducción de la inflamación y a la inducción de la curación de la mucosa en pacientes con enfermedad de Crohn leve o moderada, lo que puede contribuir a alcanzar los objetivos terapéuticos sin necesidad de inmunosupresión.

La dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn destaca las fuentes alimentarias de fibra hidrosoluble y almidón resistente, proveniente predominantemente de verduras y frutas, indicaron los investigadores en The Lancet Gastroenterology and Hepatology. Durante cada fase de la dieta los pacientes pueden acceder a una variedad más amplia de determinados alimentos. Pese a los datos que apoyan la dieta con nutrición por sonda parcial en los niños, actualmente no se dispone de datos prospectivos sobre la dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn en los adultos, destacó el equipo.

Para investigar la cuestión, la Dra. Yanai y sus colaboradores aleatorizaron a 44 pacientes adultos con enfermedad de Crohn en tres centros médicos para que recibieran la dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn más nutrición por sonda parcial o la dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn sola durante un total de 24 semanas. Los pacientes no se habían tratado con productos biológicos, tenían de 18 a 55 años y la enfermedad era leve o moderada. El estudio no tuvo enmascaramiento.

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La duración media de la enfermedad fue de tres meses en cada grupo de tratamiento. Al inicio del estudio la mediana de las concentraciones de proteína C reactiva era de 16,8 mg/l en los pacientes que recibían dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn y nutrición por sonda parcial y de 12,1 mg/l en los que solo recibían dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn.

En el periodo de seguimiento de seis semanas, 68% de los pacientes del primer grupo y 57% del segundo (= 0,5) habían alcanzado la remisión clínica, definida como una puntuación en el índice de Harvey-Bradshaw inferior a 5.

De los pacientes que estaban en remisión, 20 (80%) continuaron así hasta la semana 24. Se registró un mayor número de pacientes en remisión sostenida a las 24 semanas en el grupo asignado a dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn más nutrición por sonda parcial, pero esta diferencia no fue estadísticamente significativa (12 frente a 8; p = 0,1).

La tasa global de remisión endoscópica a las 24 semanas fue de 35%, incluidos ocho pacientes con dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn más nutrición por sonda parcial y seis pacientes con dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn sola (p = 0,7).

Se observó una disminución significativa de la proteína C reactiva entre los 30 pacientes con proteína C reactiva elevada al inicio. No se produjeron efectos adversos graves ni relacionados con el tratamiento en ninguno de los dos grupos.

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Los investigadores afirmaron que aun cuando fue un estudio piloto, los resultados indican que la dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn “podría utilizarse en adultos con enfermedad de Crohn no complicada leve o moderada a partir de establecido el diagnóstico y posiblemente ser una alternativa terapéutica para los pacientes que no pueden recibir farmacoterapia debido a trastornos de la salud subyacentes”.

La Dra. Alexa Sasson, de la Harvard Medical School, en Boston, Estados Unidos, autora de un comentario editorial que acompaña la publicación, indicó a Reuters Health que los nuevos hallazgos apoyan una mayor incorporación de la dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn en la atención médica de la enfermedad de Crohn. Pero exhorta a los médicos a utilizar una dieta que también tenga en cuenta el interés, los objetivos y el estado de la enfermedad del paciente.

“La dieta de exclusión en la enfermedad de Crohn no forma parte de la atención sistemática, aunque este estudio piloto proporciona apoyo al creciente número de estudios sobre la dietoterapia para la enfermedad de Crohn en un subgrupo de individuos”.

La Dra. Yanai no respondió a una petición de comentarios.

El estudio fue financiado por Nestle Health Science. Tres de los autores refieren vínculos con esta compañía.

Traducido y adaptado por el equipo de Medscape en español.

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Liraglutida es eficaz en pacientes que recuperaron peso después de un «bypass» gástrico

El agonista del receptor del péptido 1 similar al glucagón liraglutida fue seguro y eficaz para tratar la recuperación de peso después del bypass gástrico en Y de Roux en un ensayo controlado aleatorizado.

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Es decir, 132 pacientes que habían perdido al menos 25% de su peso inicial después de bypass gástrico en Y de Roux y luego recuperaron al menos 10% fueron aleatorizados 2:1 para recibir liraglutida más asesoría frecuente sobre estilo de vida por parte de un nutriólogo registrado o solo asesoría sobre el estilo de vida.

Después de un año, 69%, 48% y 24% de los pacientes que habían recibido liraglutida perdieron al menos 5%, 10% y 15% de su peso de entrada al estudio, respectivamente. Por el contrario, solo 5% de los pacientes del grupo de control perdió al menos 5% de su peso y ninguno perdió al menos 10% de su peso.

“Liraglutida en dosis de 3,0 mg/día, con modificación del estilo de vida, fue significativamente más eficaz que el placebo en el tratamiento de la pérdida de peso después de bypass gástrico en Y de Roux sin un mayor riesgo de eventos adversos graves”, resumió la Dra. Holly F. Lofton, en una sesión oral en el Congreso de ObesityWeek 2021.

La Dra. Lofton, profesora clínica asociada de cirugía y medicina y directora del programa de control de peso de NYU Langone Health, en Nueva York, Estados Unidos, explicó a Medscape Noticias Médicas que inició el estudio después de asistir a una sesión “repleta” de temas sobre la recuperación de peso después de la cirugía bariátrica en una conferencia previa de la American Society of Metabolic and Bariatric Surgery.

“Los conferencistas indicaron medidas conservadoras (como reiterar las recomendaciones dietéticas, el ejercicio y el asesoramiento) y las cirugías de revisión, pero en ese momento no había literatura que proporcionara una guía sobre qué farmacoterapias son las mejores para esta población”, señaló.

Se sabía que la disminución de los niveles de péptido 1 similar al glucagón endógeno coincide con la recuperación de peso y liraglutida era el único agonista de péptido 1 similar al glucagón aprobado para el control crónico del peso en ese momento, por lo que se ideó el protocolo de estudio actual.

Los hallazgos son especialmente útiles para los pacientes que no son candidatos para revisiones de cirugía bariátrica, anotó. Se necesitan más estudios para investigar el efecto de los agonistas de péptido 1 similar al glucagón más nuevos, como semaglutida, sobre la recuperación de peso después de diferentes tipos de cirugía bariátrica.

Wendy C. King, Ph. D., que no participó en esta investigación, comentó que más de dos tercios de los pacientes tratados con inyecciones subcutáneas de liraglutida de 3 mg/día en el estudio actual perdieron al menos 5% de su peso inicial un año después y 20% de ellos alcanzó un peso igual o menor que su peso más bajo después de la cirugía bariátrica (peso nadir).

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“El hecho de que ambos grupos recibieron asesoramiento sobre el estilo de vida de nutriólogos registrados durante poco más de un año, pero solo los pacientes del grupo de liraglutida perdieron peso, en promedio, habla de la dificultad de perder peso después de haberlo recuperado posterior a una cirugía bariátrica”, agregó la Dra. King, profesora asociada de epidemiología en University of Pittsburgh, en Pensilvania, Estados Unidos.


Este estudio “proporciona datos que pueden ayudar a médicos y pacientes a comprender el efecto potencial de agregar 3,0 mg/día de liraglutida a sus esfuerzos de pérdida de peso”, indicó a Medscape Noticias Médicas.

Sin embargo, “dado que 42% de quienes tomaron liraglutida informó efectos secundarios relacionados con el aparato digestivo, los pacientes también deben recibir asesoramiento sobre este posible efecto y sugerencias sobre cómo minimizar dichos efectos secundarios”, sugirió la Dra. King.

La recuperación de peso es común, la repetición de la cirugía conlleva un riesgo

La recuperación de peso es frecuente incluso años después de la cirugía bariátrica. La repetición de la cirugía conlleva cierto riesgo, y los abordajes de cambios de estilo de vida por sí solos rara vez tienen éxito en revertir la recuperación de peso, añadió la Dra. Lofton.

Los investigadores inscribieron a 132 adultos que tenían un peso medio de 134 kg cuando se sometieron a bypass gástrico en Y de Roux y que perdieron al menos 25% de su peso inicial (pérdida de peso media: 38%) después de la cirugía, pero que también recuperaron al menos 10% de su peso inicial.

En el momento de la inscripción en el estudio actual (valor inicial) los pacientes se habían sometido a bypass gástrico en Y de Roux de 18 meses a 10 años antes (media: 5,7 años antes) y ahora tenían un peso promedio de 99 kg y un índice de masa corporal medio de 35,6 kg/m2. Ninguno de los pacientes tenía diabetes.

Los pacientes fueron aleatorizados para recibir liraglutida (n = 89: 84%: mujeres) o placebo (n = 43; 88%: mujeres) durante 56 semanas.

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Tenían una edad promedio de 48 años y aproximadamente 59% era de raza blanca y 25% de raza negra.

Todos los pacientes tenían consultas en la clínica cada 3 meses donde recibían asesoramiento sobre el estilo de vida de un nutriólogo registrado.

A los 12 meses los pacientes del grupo de liraglutida habían perdido una media de 8,8% de su peso inicial, mientras que los del grupo placebo habían ganado una media de 1,48% de su peso inicial.

No hubo diferencias significativas entre los grupos en las variables cardiometabólicas.

Ninguno de los pacientes del grupo de control alcanzó un peso tan bajo como su peso nadir después de bypass gástrico en Y de Roux.

Las tasas de náusea (25%), estreñimiento (16%) y dolor abdominal (10%) en el grupo de liraglutida fueron más altas que en el grupo de placebo (7%, 14% y 5%, respectivamente), pero similares a las tasas de los efectos secundarios gastrointestinales en otros ensayos de este fármaco.

La Dra. Lofton ha declarado haber recibido honorarios por consultoría y ser orador para Novo Nordisk y recibir fondos de investigación de Boehringer Ingelheim, Eli Lilly y Novo Nordisk. King ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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El seguimiento de adenomas mediante colonoscopia es promisorio como medida de calidad

El número de adenomas por colonoscopia se correlaciona inversamente con el cáncer colorrectal poscolonoscopia, lo que apoya el uso de adenomas por colonoscopia como una nueva medida de control de calidad, de acuerdo con investigadores.

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Datos de 138 endoscopistas mostraron que los pacientes con un mayor número de adenomas por colonoscopia en el examen por los médicos tenían tasas significativamente más bajas de cáncer colorrectal poscolonoscopia y que un valor de adenomas por colonoscopia de 0,6 ofrecía más protección que uno de 0,4 o una tasa de detección de adenomas de 25%, informaron el autor principal, Dr. Joseph C. Anderson, del White River Junction VA Medical Center, en Hanover, Alemania, y sus colaboradores.

“Lamentablemente los adenomas por colonoscopia nunca se han validado como una medida de calidad que demuestre una reducción de las tasas de cáncer colorrectal poscolonoscopia en los exámenes realizados por endoscopistas con tasas más elevadas”, destacó el Dr. Anderson en el Congreso del American College of Gastroenterology (ACG) 2021.

Para este fin, el Dr. Anderson y sus colaboradores analizaron datos del New Hampshire Colonoscopy Registry (NHCR), que incluyó 9.023 colonoscopias de cribado con un evento de seguimiento entre 6 y 60 meses después del examen inicial. Los procedimientos fueron realizados por 138 endoscopistas en Nueva Hampshire, Vermont, Massachusetts y Maine.

Se analizaron tres medidas de calidad para determinar las asociaciones con el cáncer colorrectal poscolonoscopia: un adenoma por colonoscopia de 0,4, un adenoma por colonoscopia de 0,6 y una tasa de detección de adenomas de 25%. Se calcularon los hazard ratio (HR) para todos los cánceres colorrectales poscolonoscopia, así como los diagnosticados en el primer evento de seguimiento. Se notificaron tasas para dos periodos: 6 a 36 meses y 6 a 60 meses.

De 6 a 60 meses se diagnosticaron 82 casos de cáncer colorrectal poscolonoscopia, de los cuales a 50 se les efectuó el diagnóstico entre 6 y 36 meses.

En los dos periodos las tres medidas de calidad se asociaron significativamente con reducciones de la tasa de cáncer colorrectal poscolonoscopia. Sin embargo, el adenoma por colonoscopia de 0,6 más alto ofrecía mayor protección, reduciéndose las tasas de todos los cánceres colorrectales poscolonoscopia en 71% y 61% en el periodo más breve y el más prolongado, respectivamente. En comparación, el adenoma por colonoscopia de 0,4 más bajo redujo las tasas en 63% y 53%, mientras que la tasa de detección de adenomas de referencia redujo las tasas en 62% y 42%.

Se mantuvieron estas tendencias para los cánceres colorrectales poscolonoscopia diagnosticados en el primer evento de seguimiento. Una cifra de adenomas por colonoscopia de 0,6 se asoció con reducciones respectivas de 79% y 65% para el periodo más corto y el más largo, en comparación con 64% y 57% para la de adenomas por colonoscopia más baja y 67% y 49% para la tasa de detección de adenomas.

El análisis adicional aclaró la relación entre el valor de adenomas por colonoscopia y la probabilidad de desarrollar cáncer colorrectal poscolonoscopia. En lo que respecta al riesgo absoluto, los pacientes evaluados por un endoscopista con un valor de adenomas por colonoscopia mayor de 0,6 tuvieron una probabilidad de 0,5% de desarrollar cáncer colorrectal poscolonoscopia en un lapso de entre 6 y 36 meses, en comparación con 0,7% para un valor de adenomas por colonoscopia de 0,4 a 0,6, y de 2,1% para un adenoma por colonoscopia de menos de 0,4 (p = 0,0001). Este patrón se mantuvo hasta 60 meses, tiempo durante el cual un adenoma por colonoscopia superior a 0,6 se asoció con un riesgo absoluto de cáncer colorrectal poscolonoscopia de 0,4%, en comparación con 0,7% para un adenoma por colonoscopia de 0,4 a 0,6 y 1,6% para un adenoma por colonoscopia de menos de 0,4 (p = 0,0001).

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“Nuestros nuevos datos respaldan el uso de adenomas por colonoscopia como una medida de calidad al demostrar una reducción del riesgo de cáncer colorrectal poscolonoscopia en los exámenes realizados por endoscopistas con valores de adenomas por colonoscopia mayores”, concluyó el Dr. Anderson, señalando que un adenomas por colonoscopia de 0,6 al parecer ofrece más protección que un adenomas por colonoscopia de 0,4. “Considero que adenomas por colonoscopia es una medida de calidad y ahora que la hemos validado puede ser aceptada debido a su capacidad para diferenciar endoscopistas con base en sus habilidades de detección de adenoma”.

De acuerdo con el Dr. Lawrence Hookey, de la Queen’s University, en Kingston, Canadá, “es un estudio importante que probablemente contribuirá a que avancemos”.

El Dr. Lawrence, jefe de la división y director médico de las unidades de endoscopia de los hospitales Kingston General y Hotel Dieu, comentó que el adenoma por colonoscopia puede superar la principal inquietud con la tasa de detección de adenomas: que los endoscopistas que detectan un adenoma pueden no estar motivados para buscar el mayor número posible.

“El problema con la tasa de detección de adenomas, en general, es que si se descubre un pólipo y si la tasa de detección de adenomas es la estadística en que nos basamos, no es necesario encontrar ningún otro pólipo y esto desde luego no necesariamente le hace un favor a ese paciente. Los hace volver más pronto para vigilancia, pero no ayuda a eliminar el resto de los pólipos que tienen. Y no es que alguien vaya a encontrar un pólipo y apague la luz y extraiga el endoscopio, pero es posible que no esté buscando tanto”, indicó el Dr. Hookey.

El adenoma por colonoscopia mitiga este problema, explicó, pues determina “si realmente se está despejando el colon y eliminando tantos pólipos como sea posible”.

El Dr. Hookey añadió que adenoma por colonoscopia es “probablemente la mejor” medida de control de calidad en el horizonte y que se necesitan más estudios para determinar el valor de referencia óptimo, que en condiciones ideales debe investigarse en estudios más grandes.

“Solo quiero verlo en grupos más grandes”, destacó.

Los investigadores y el Dr. Hookey han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este contenido fue originalmente publicado en MDEdge, parte de la Red Profesional de Medscape. 

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El tratamiento enzimático sustitutivo es clave en pacientes de cirugía gástrica en general y tras duodenopancreatectomía en particular

fEl desarrollo de la insuficiencia pancreática exocrina es altamente frecuente en las cirugías gástricas y se puede decir que se trata de la norma tras la pancreatectomía total y la duodenopancreatectomía cefálica, por lo que estos pacientes siempre requieren tratamiento enzimático sustitutivo.

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Así lo manifestó el Dr. Juan Enrique Domínguez-Muñoz, jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, España, durante su intervención en la sesión sobre actualización en nutrición en patología digestiva en el marco del 62 Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), celebrado en Sevilla entre el 13 y el 15 de octubre de 2021.

El Dr. Domínguez-Muñoz hizo un repaso a los cambios anatómicos derivados de la cirugía gástrica y la duodenopancreática y las alteraciones en la fisiología digestiva que producen estas intervenciones: “Este tipo de cirugía da lugar a una situación de ‘nueva anatomía’ a la que al páncreas le cuesta adaptarse, haciendo que por lo general sea incapaz de mantener una digestión normal”.

“Esto va acompañado de una reducción de la secreción pancreática posprandial y de una asincronía entre el tránsito de la secreción biliopancreática y los nutrientes, que es el origen de la insuficiencia pancreática exocrina”.

Según el especialista, la evidencia ha demostrado que tras el procedimiento, 92% de los pacientes intervenidos de una duodenopancreatectomía cefálica desarrolla insuficiencia pancreática exocrina. “Además se sabe que en los meses posteriores a la intervención la secreción pancreática sigue disminuyendo, de ahí que los pocos pacientes que no presentan una insuficiencia pancreática exocrina después de la cirugía acaban padeciéndola a los pocos meses”.

Mala absorción y déficits nutricionales

El Dr. Domínguez-Muñoz hizo hincapié en el importante impacto clínico de la insuficiencia pancreática exocrina: “Estos pacientes desarrollan síntomas de mala absorción (distensión abdominal, flatulencia, dolor crónico abdominal y diarrea en el caso de la mala absorción de hidratos de carbono y diarrea en la de grasas y proteínas) y déficits nutricionales, que tienen como consecuencia una mala calidad de vida”.

“Asimismo, los pacientes con insuficiencia pancreática exocrina, sea cual sea la causa, presentan un perfil bioquímico caracterizado por déficits nutricionales de aminoácidos esenciales, ácidos grasos, proteínas, lipoproteínas, micronutrientes y vitaminas liposolubles, que a su vez los pone en una situación de mayor riesgo de osteoporosis y fracturas, sarcopenia, riesgo cardiovascular y mortalidad”.

El médico también puso de relieve la necesidad de que los especialistas tengan en cuenta la alta prevalencia de la insuficiencia pancreática exocrina y aportó algunos datos al respecto: tras una cirugía pancreática la insuficiencia pancreática exocrina se presenta en 100% de los casos de pancreatectomía total, en más de 90% de las duodenopancreatectomías cefálicas y en 18% a 80% de los casos de pancreatectomía izquierda.

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Además, en las cirugías gástricas la insuficiencia pancreática exocrina aparece en 64% a 70% de la gastrectomía total o subtotal y en 20% a 40% de los bypass gástricos.

“Sin embargo, a pesar de la alta probabilidad de desarrollarla, la insuficiencia pancreática exocrina es una situación frecuentemente infradiagnosticada y, por tanto, infratratada en la práctica clínica habitual, lo que tiene consecuencias relevantes sobre el estado nutricional, la calidad de vida y el riesgo de complicaciones en estos pacientes”.

El Dr. Domínguez-Muñoz añadió que con base en estas evidencias y teniendo en cuenta la elevada probabilidad de insuficiencia pancreática exocrina, se puede decir que el tratamiento enzimático sustitutivo está indicado en todos los pacientes sometidos a una cirugía gástrica.

“Tras una pancreatectomía total o una duodenopancreatectomía cefálica, este tratamiento debe instaurarse desde la primera comida después de la intervención, sin necesidad de diagnóstico, mientras que en el resto de los pacientes el diagnóstico para determinar la necesidad o no de este tratamiento se puede basar en los síntomas, en la evaluación nutricional y en la prueba de función pancreática (elastasa fecal en nuestro medio)”.

Respecto a la sintomatología, el experto advirtió que no siempre debe considerarse como un parámetro determinante en estos casos, dado que para que aparezcan síntomas es necesario que la cantidad ingerida exceda a la capacidad digestiva del páncreas, “pero teniendo en cuenta que por lo general estos pacientes tienden a limitar la ingesta, es habitual que muchos casos sean asintomáticos y esto tiene el riesgo de que no se les prescriba tratamiento sustitutivo de enzimas y en consecuencia sufran desnutrición”.

Papel de las enzimas en el abordaje nutricional

El Dr. Domínguez-Muñoz recordó que el tratamiento de la insuficiencia pancreática exocrina en estos pacientes se basa, por un lado, en el soporte nutricional y las recomendaciones dietéticas y por otro, en la terapia enzimática oral sustitutiva. “Disponemos de abundante evidencia científica que define lo que se puede esperar del tratamiento enzimático en el abordaje nutricional de estos pacientes: mejora de la digestión y de la absorción de nutrientes, alivio sintomático, ganancia ponderal, mejora del estado nutricional y de la calidad de vida y una mayor sobrevida”.

“Esta terapia ha demostrado beneficios a todos los niveles, pero es importante destacar el impacto que tiene la sobrevida. Así, hay estudios que han reflejado una sobrevida a largo plazo significativamente más baja en aquellos pacientes a los que no se les administraba terapia enzimática tras la cirugía”, apuntó el especialista.[2]

En España esta terapia se comercializa en dosis de 10.000, 25.000 y 35.000 unidades y la dosis depende de la patología: “Si la enfermedad es benigna (pancreatitis crónica o aguda) y el paciente no ha sido intervenido quirúrgicamente, la pauta son 50.000 UPh/comida y 25.00 UPh/snack. En los pacientes con cáncer de páncreas y tras cirugía pancreática, la dosis mínima de inicio son 70.000 a 75.000 UPh en las comidas y 35.000 a 50.000 en snack“.

“Está indicado hacer una reevaluación sintomática y nutricional a los 3 a 6 meses del inicio del tratamiento, manteniéndolo si el paciente es respondedor y si no es así o si la respuesta es incompleta, incrementar la dosis hasta el máximo de duplicarla. Si a pesar de ello la respuesta no es la adecuada, hay que descartar otras causas de la mala absorción”, agregó.

Finalmente, el Dr. Domínguez-Muñoz destacó la importancia de que este tratamiento enzimático sea lo más individualizado posible para favorecer que cumpla su objetivo, “esto es, conseguir la ausencia de síntomas de mala absorción y lograr un estado nutricional normal en estos pacientes”.

La microbiota y el eje intestino-hígado

Durante esta sesión también se hizo un repaso a las últimas evidencias respecto al papel de la microbiota a nivel metabólico, con especial atención a su papel en las funciones hepáticas.

Antonio Gil Gómez, Ph. D. en biología molecular, biomedicina e investigación clínica, del Grupo SeLiver del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), durante su intervención comentó que el hígado está en contacto estrecho con todos los productos de la digestión y subproductos bacterianos a través del conocido eje intestino-hígado. “Aunque hay otros factores a tener en cuenta, se sabe que seguir un estilo de vida adecuado mantiene el hígado sano y ‘nutrido’, reforzando su capacidad de desarrollar todas sus funciones y manteniendo el control de la homeostasis energética corporal, previniendo por tanto la aparición de diversas enfermedades”, destacó.

Gil Gómez resumió las pautas de lo que se ha definido como “estilo de vida saludable” en el contexto de mantener una microbiota en buen estado y evitar la disbiosis, recordando que la microbiota de cada individuo es única y su composición está influenciada por numerosos factores siendo, en cierto grado, modificable. “Adoptar hábitos saludables y seguir una dieta rica en fibras y alimentos fermentados, baja en grasas saturadas y proteínas de origen animal promueve la diversidad y la estabilidad de la microbiota, con una relación bacteroidetes/firmicutes alta. Esto hará que disminuya la susceptibilidad a la obesidad y a la inflamación, ya que produce una mejora de la integridad de la barrera intestinal y previene los trastornos metabólicos”.

Respecto a la posibilidad de modificar la microbiota para “nutrir” mejor al hígado, Gil Gómez recordó que la cantidad y el contenido de la dieta impactan sobre la composición y función de la microbiota intestinal a través de una compleja interacción entre los nutrientes, los microorganismos y el hospedero.

“Por eso, además de los nutrientes ingeridos a través de la dieta, que son absorbidos directamente, las bacterias producen una serie de compuestos fruto de su metabolismo, que pueden tener un gran impacto sobre la salud. En el caso concreto del hígado hay ciertas bacterias que son capaces de fermentar fibras no digeribles produciendo ácidos grasos de cadena corta que han demostrado un efecto sobre el epitelio intestinal y sobre el metabolismo de lípidos y de glucosa en el hígado. Otras bacterias pueden inducir la secreción de hormonas gastrointestinales, ayudando aún más en el control de la homeostasis energética”.

Gil Gómez también se refirió a la importancia creciente de la nutrición personalizada en base a la microbiota, “un área emergente que permite vislumbrar dietas a medida de cada paciente en diversos contextos clínicos, que incluyan probióticos y prebióticos de nueva generación o el trasplante de microbiota intestinal para el tratamiento de enfermedades metabólicas y proteger principalmente (aunque no solo) al hígado”.

“No obstante, son necesarios más estudios para aclarar y definir ciertas controversias respecto a determinados nutrientes/microorganismos específicos. En cualquier caso, los tratamientos dirigidos a la microbiota siempre deberán ser específicos en el contexto de la enfermedad a tratar y de la microbiota basal del paciente”, concluyó el experto.

El Dr. Domínguez-Muñoz y Gil Gómez, Ph. D., han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori

Helicobacter pylori es una bacteria que infecta alrededor de 50% de la población española, cuya presencia se relaciona con cuadros gastrointestinales como úlcera péptica, gastritis crónica y cáncer gástrico.

Este es un resumen breve de las recomendaciones para el tratamiento del H. pylori a raíz de las conclusiones obtenidas de la IV Conferencia Española de Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori.

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Actualmente considera que un tratamiento erradicador es efectivo cuando es capaz de curar la infección por H. pylori en un porcentaje próximo o preferiblemente superior a 90% de los pacientes.

Tratamientos de primera línea

Como tratamiento de primera línea de la infección por H. pylori se recomienda una pauta cuádruple concomitante sin bismuto, compuesta de un inhibidor de la bomba de protones, claritromicina, amoxicilina y metronidazol, cuya eficiencia dependerá de la tasa de cepas de H. pylori resistentes a la vez a claritromicina y a metronidazol (resistencia dual o doble). Y se recomienda que la duración del tratamiento sea de 10 o 14 días.

La terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol), con duración similar, podría ser en el futuro una alternativa como tratamiento erradicador de primera línea, una vez que su eficacia sea probada en nuestra población. 

Se descarta la terapia triple como tratamiento de primera línea al existir otras alternativas terapéuticas, como las anteriores, capaces de obtener tasas de curación significativamente mejores; esto debido a la alta tasa de resistencia y por lo tanto, porcentajes de curación subóptimos (alrededor de 75%).

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Probióticos

Los probióticos están actualmente indicados en el tratamiento de la gastroenteritis aguda y la diarrea por antibióticos y sus potenciales efectos beneficiosos incluyen la regulación de la microbiota intestinal, la estimulación de la respuesta del sistema inmune y la potencial actividad inhibitoria frente a H. pylori demostrada in vivo e in vitro. Sin embargo, por ahora no se recomienda asociar probióticos al tratamiento erradicador de manera generalizada.

En caso de fracaso al tratamiento de primera línea

En caso fracaso de un primer tratamiento que incluya claritromicina (triple o cuádruple) se recomienda una pauta con levofloxacino, preferiblemente cuádruple (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, levofloxacino y bismuto). Otra alternativa es la terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento con una terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) se recomienda una pauta triple o cuádruple con levofloxacino (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, levofloxacino ± bismuto).

En caso de fracaso de los tratamientos de segunda línea

Tras el fracaso de un primer tratamiento con claritromicina y una segunda línea con levofloxacino se recomienda un tratamiento cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento con claritromicina y una segunda línea cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) se recomienda un tratamiento con levofloxacino.

Tras el fracaso de un primer tratamiento cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) y una segunda línea con levofloxacino se sugiere un tratamiento cuádruple concomitante (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, claritromicina y metronidazol).

Tras el fracaso de un tercer tratamiento se sugiere reevaluar cuidadosamente la necesidad de erradicar la infección y, de ser necesario, indicar una cuarta línea con rifabutina (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina y rifabutina).

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Pacientes alérgicos a penicilina

En pacientes alérgicos a la penicilina se recomienda de primera línea una pauta cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento triple (inhibidor de la bomba de protones, claritromicina y metronidazol) se sugiere emplear una terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol). Tras el fracaso del anterior como primer tratamiento se sugiere una terapia triple con inhibidor de la bomba de protones, levofloxacino y claritromicina.

Recomendaciones para pacientes con úlceras

En los pacientes con úlcera duodenal no complicada que no requieren antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o ácido acetilsalicílico no se recomienda mantener el tratamiento antisecretor tras haber finalizado el tratamiento erradicador de H. pylori.

En los pacientes con úlcera gástrica que no requieren antiinflamatorios no esteroideos o ácido acetilsalicílico se recomienda mantener el tratamiento antisecretor durante 4 a 8 semanas tras haber finalizado el tratamiento erradicador de H. pylori.

En los pacientes con hemorragia digestiva por úlcera péptica, la erradicación de H. pylori elimina la probabilidad de recidivas; por tanto, una vez confirmada la erradicación y en ausencia de toma de antiinflamatorios no esteroideos o ácido acetilsalicílico, se recomienda no administrar tratamiento de mantenimiento con antisecretores.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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Qué dieta deberías seguir si tienes piedras en la vesícula

La vesícula es un órgano que ayuda en la digestión de las grasas. Es una bolsa situada debajo del hígado y que almacena y concentra la bilis, que es liberada por la vesícula biliar en la parte superior del intestino delgado en respuesta a un alimento, especialmente las grasas. Sin embargo, en ocasiones, esta se obstruye o inflamadadando lugar a enfermedades como la colecistitis (inflamación de la vesícula biliar) o la colelitiasis (cálculos biliares). Es difícil prevenir la aparición de estos problemas, pero sí existen una serie de recomendaciones nutricionales que se pueden seguir para mejorar la salud de la vesícula.

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Tal y como informa Salvador Morales Conde, jefe de Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, de Sevilla, “aquellos pacientes que presenten una colelitiasis sintomática es recomendable evitar dietas que favorezcan el desarrollo de síntomas”. 

En función de esto, el experto aconseja “reducir en general la ingesta de grasas, teniendo en cuenta que las grasas vegetales crudas (aceite de oliva) se toleran mejor que las fritas y que las de origen animal”. Además es importante “limitar el aporte de colesterol, el consumo de hidratos de carbono complejos (tales como pan, cereales, pasta y arroz) y evitar los azúcares simples”. 

Por último, “deberían evitar la ingesta de productos de pastelería o repostería y las bebidas con gas y los alimentos productores de gas como los vegetales flatulentos”.

Además de estos consejos, los expertos de Endocrinología y Nutrición del Hospital General Universitario de Valencia aconsejan:

  1. Seguir una dieta con alto contenido en fibra calcio y un aporte suficiente de vitamina C, para disminuir el riesgo de saturación de la bilis, con la consiguiente prevención de la formación de cálculos.
     
  2. La condimentación de los alimentos deberá de ser suave (limón, hinojo, hierbas aromáticas y sal).
     
  3. Restringir las verduras flatulentas (col, coles de Bruselas, coliflor, alcachofas), las legumbres y los cereales integrales.
     
  4. Consumir las legumbres en forma de puré o tamizadas.
     
  5. Evitar raciones copiosas de carne, aves, huevos o pescados.
     
  6. Evitar el consumo de productos lácteos enteros, pescados en conserva o ahumados , alimentos ricos en azúcares simples y frutos secos.
     
  7. Evitar el consumo de bebidas alcohólicas y tabaco.
     
  8. Se recomienda el consumo de aceite de oliva en crudo. Los alimentos grasos que no han sido sometidos a ninguna técnica culinaria se toleran digestivamente mejor.
     
  9. Se recomienda la práctica regular de ejercicio físico moderado (caminar 30 minutos al día).
     
  10. Técnicas culinarias aconsejadas: las que menos grasas incorporen a los alimentos, como hervidos, al horno, microondas, en papillote, al vapor, al baño María.
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Síntomas de colecistitis

Como se ha mencionado antes, la colecistitis es uno de los problemas de salud que están relacionados con la salud de la vesícula. Como describe Morales Conde, “es una inflamación de las paredes de la vesícula que produce dolor abdominal, generalmente en la parte derecha y/o media alta del abdomen”.

En aproximadamente el 90-95% de los casos, “la colecistitis aguda ocurre como consecuencia de la obstrucción de la salida de la vesícula biliar por un cálculo que se ubica en el conducto cístico, en el cuello de la vesícula biliar o la bolsa de Hartman”, detalla Carlos Suárez, especialista en Aparato Digestivo del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED). “En el 5-10% restante, tal inflamación ocurre en ausencia de cálculos biliares (colecistitis acalculosa)”.

En cuanto a los síntomas, Morales Conde explica que “este cuadro suele venir acompañado de fiebre y malestar general, así como intolerancia a los alimentos”.

En opinión de Suárez, es importante saber que “hasta un 75% de los pacientes con colecistitis aguda han tenido ataques previos de dolor biliar (dolor subcostal derecho)”. Además, “cuando surge la inflamación de la pared de la vesícula biliar (colecistitis aguda), el dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen se torna mucho más intenso y, con frecuencia, se puede irradiar al resto del abdomen, espalda o escápula homolateral”. 

Otros síntomas que pueden aparecer en pacientes con colecistitis son “náuseas, vómitos y sensibilidad de rebote localizada en el área de la vesícula”, apunta Suárez. 

¿Cuándo estaría recomendado extirpar la vesícula?

Según explica Morales Conde “la extirpación de la vesícula, colecistectomía, estaría indicada en toda colelitiasis que ha producido algún síntoma por muy leve que sean estos, ya que las posibilidades de una complicación a corto o medio plazo tipo colecistitis, colangitis, coledocolitiasis o pancreatitis aguda, son elevadas”.

Por su parte existen más dudas sobre la colelitiasis asintomática, ya que un porcentaje de ellas no producen síntomas, no existiendo datos claros y evidentes que nos hagan predecir los casos que van a desarrollar síntomas o una complicación. En cambio, en pacientes con factores de riesgo de desarrollar casos más complejos de colecistitis (como una colecistitis gangrenosa), tales como los pacientes diabéticos, se recomienda la colecistectomía.

Tal y como expone Suárez, “una vesícula biliar que se inflama (colecistitis) es una vesícula enferma y seguirá enferma independientemente de que se resuelva el proceso inflamatorio con medidas conservadoras, si las condiciones del paciente lo permiten, el tratamiento debe ser la colecistectomía”.

¿Cómo se hace esta operación? Debe realizarse hoy en día por vía laparoscópica, aunque posteriormente sea preciso convertir a cirugía abierta en función de los hallazgos durante la cirugía.

Cómo saber si el dolor que tengo en el abdomen es apendicitis o un problema del colon

Solemos identificar el dolor en la parte baja del abdomen con la apendicitis. Sin embargo, hay otras enfermedades que se presentan con síntomas similares y requieren diagnósticos diferenciales. 

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La diverticulitis de colon es una de las muchas enfermedades que pueden presentarse con dolor abdominal. Aunque en Occidente la diverticulitis suele darseen el lado izquierdo, se puede producir en el cuadrante inferior derecho en personas de 20 a 40 años de edad y confundirte con la apendicitis. Pero es raro (1,5 por ciento) en los países occidentales. Esta edad más joven en el momento de la presentación contrasta fuertemente con los pacientes típicamente mayores que desarrollan diverticulitis de colon del lado izquierdo.

Las personas mayores son más vulnerables. De hecho, el 50 por ciento de la población de más de 50 años presenta divertículos, siendo más frecuente en el sexo femenino. En menos del 5 por ciento se presenta antes de los 40 años, en cuyo caso es más frecuente en varones obesos.

“Los pacientes con diverticulitis suelen presentar dolor agudo, constante, habitualmente localizado en la fosa iliaca izquierda (se le llama por esto “la apendicitis del lado izquierdo”), con irradiación hacia la espalda, fiebre acompañada de tiritona y, a veces, cambio del ritmo intestinal, desde diarrea hasta estreñimiento. También pueden aparecer náuseas, vómitos, cansancio y distensión abdominal”, explica el doctor Ramón Angós, especialista en Digestivo de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

Es decir, que mientras que la diverticulitis generalmente causa dolor en la parte inferior izquierda del abdomen, la apendicitis causa dolor en la parte inferior derecha del abdomen. Pero hay otras síntomas asociados que pueden inclinar la balanza a un lado y otro. Los especialistas destacan la importancia de realizar un “diagnóstico preciso y a tiempo es muy importante porque el tratamiento para cada una de estas condiciones es diferente”. También consideran fundamental que el paciente conozca las características y diferencias de cada condición para entender lo que está sucediendo dentro de su cuerpo. 

El apéndice es un órgano pequeño y tubular del tamaño y la forma del dedo meñique. Es una zona conocida como fosa ilíaca derecha que comunica con el intestino grueso. Es hueco y el contenido de su tracto gastrointestinal se mueve hacia adentro y hacia afuera libremente. Pero cuando algo lo obstruye, los resultados pueden ser muy dolorosos.

Cuando el apéndice se bloquea, las bacterias tienen un lugar para crecer. Eso causa inflamación e infección, que se convierte en apendicitis. Lo que se sentirá es dolor en el abdomen y dentro de las 12 a 24 horas, el dolor se intensifica, migra a la parte inferior derecha del abdomen y puede experimentar vómitos. Puede volverse bastante doloroso muy rápido. Así que si crees que has tenido este dolor abdominal durante un mes, es probable que no sea apendicitis.

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La diverticulitis es un poco diferente. Puede manifestarse como dolor abdominal, calambres y posible fiebre. Al igual que la apendicitis, la diverticulitis se produce cuando aparece la inflamación, pero el dolor suele estar en la parte inferior izquierda del abdomen.

Es una condición adquirida del colon donde se desarrollan pequeñas bolsas. De hecho, un divertículo es una pequeña bolsa que se forma en la pared del colon. Cuando se congestiona con alimentos no digeridos o materia fecal, las bacterias pueden crecer y causar inflamación. Eso es lo que causa el dolor.

Por tanto, la diverticulitis ocurre cuando la bolsa se infecta y/o se inflama. Además del dolor, causa fiebre y escalofríos. Es un proceso gradual que se mantiene en el tiempo y va a más o desaparece solo, pero no se produce de repente ni de manera tan intensa como la apendicitis. Si desarrolla diverticulitis, también puedes experimentar:

  • Hinchazón.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Sangre en las heces.
  • Sangrado por el recto.

Estas son las señales que pueden ayudarte a diferenciar una y otra dolencia. Recuerda que si se trata de un fuerte dolor abdominal que se inicia de forma repentina alrededor del ombligo y que va desplazándose a la ingle y aumentando de intensidad podría alertar de apendicitis, normalmente se produce dentro de las primeras 12-24 horas. En el caso de la diverticulitis, por norma general, suele durar entre 1 o 2 semanas de media. Pero ten en cuenta que no es conveniente esperar tanto; ante la duda, debes acudir a Urgencias lo antes posible (a ser posible sin comer antes). 

En cuando a las causas de la diverticulitis, se cree que la aparición de esas bolsas o divertículos está relacionada con la dieta occidental… alta en grasas y procesados, y baja en fibra. También es una condición altamente asociada con la obesidad, el tabaco y ciertos medicamentos como drogas esteroides y los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) tales como la aspirina y el ibuprofeno. La condición es más grave en los hombres que en las mujeres. Su riesgo para esta condición aumenta luego de los 50 años.

Es importante tener en cuenta que si no se trata, la diverticulitis puede empeorar y llevar a la formación de abscesos o a la obstrucción intestinal. Incluso es posible que ni siquiera sepas que tienes esas bolsas a menos que te sometas a una colonoscopia.

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La diverticulitis también puede crear un agujero en el colon que se conecta con otras estructuras como la vejiga o otras partes de los intestinos. Esta conexión se denomina fistula o flemón. A veces, la inflamación irrita los vasos sanguíneos circundantes y causa sangrado en el intestino grueso. Episodios repetidos de diverticulitis pueden producir la formación de tejido cicatrizal que podría angostar el intestino grueso y causar una obstrucción.

La diverticulitis no se soluciona tan fácilmente como la apendicitis (con una cirugía), y a veces puede requerir un procedimiento más invasivo para extirpar una parte del colon si es grave.

Los médicos diagnostican la diverticulitis mediante una tomografía computarizada (TC) de abdomen y pelvis. Es mejor hacer la exploración con un contraste intravenoso (IV) cuando sea posible. Muchos centros también piden un contraste oral. Ambos materiales de contraste hacen que sea más fácil ver el tracto intestinal. Los casos leves pueden tratarse con reposo, antibióticos orales y una dieta líquida. Los casos más graves podrían requerir de antibióticos a través de una vía intravenosa o de cirugía si se presentan complicaciones como una perforación intestinal, un absceso, una fistula o una obstrucción intestinal. Un radiólogo podría drenar un absceso utilizando un procedimiento mínimamente invasivo. Y el médico podría tratar cualquier sangrado activo haciendo un angiograma y bloqueando el vaso sanguíneo que está sangrando.

En todos los casos la diverticulitis provocará algunos cambios en la dieta. Para darle a un descando a tu sistema digestivo y que pueda recuperarse, tu médico podría sugerirte evitar los alimentos sólidos y seguir una dieta de líquidos claros durante unos días. Si los síntomas son leves o han comenzado a mejorar, es posible que puedas comer alimentos con bajo contenido de fibra hasta que tu condición mejore. Más adelabte, tu médico te animará a incluir en tus comidas más alimentos ricos en fibra.

Tu médico también podría alentarte a limitar el consumo de carnes rojas, productos lácteos con alto contenido de grasa y productos de granos refinados. Existen evidencias de que las personas que siguen una dieta rica en estos alimentos tienen más probabilidades de desarrollar diverticulitis que las personas que consumen una dieta rica en frutas, verduras y cereales integrales.