El Plato Diabético: Una Estrategia Diaria para Controlar el Peso y Prevenir Enfermedades Crónicas

Introducción

El “plato diabético” es una herramienta visual creada por expertos en nutrición para promover una alimentación equilibrada, originalmente diseñada para personas con diabetes. Sin embargo, múltiples estudios han demostrado que su aplicación diaria beneficia a toda la población, incluso a quienes no padecen esta condición. Su estructura ayuda a controlar el peso corporal, mejorar la digestión, estabilizar la glucosa en sangre y reducir el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

¿En qué consiste el plato diabético?

El plato diabético divide una comida saludable en tres partes principales:

🥦 ½ del plato: Vegetales no almidonados (brócoli, espinaca, coliflor, calabacín, lechuga, tomates, etc.). 🍗 ¼ del plato: Fuentes de proteínas magras (pollo, pescado, huevos, tofu, legumbres, carne magra). 🍚 ¼ del plato: Carbohidratos complejos o almidonados (arroz integral, papa, batata, quinoa, pan integral).

Se complementa con una porción de fruta fresca, agua o bebida sin azúcar y, de ser posible, una pequeña cantidad de grasa saludable como aceite de oliva, aguacate o nueces.

Beneficios metabólicos y de control de peso

Adoptar el plato diabético como guía diaria permite:

Controlar las porciones: Evita excesos calóricos, favoreciendo la pérdida o mantenimiento de peso. Regular la glucemia: Mantiene niveles estables de azúcar en sangre, evitando picos de insulina. Aumentar la saciedad: La fibra de los vegetales y granos enteros ayuda a sentirse lleno por más tiempo. Favorecer el metabolismo: La combinación equilibrada de carbohidratos, proteínas y grasas mejora el aprovechamiento de la energía.

Prevención de enfermedades crónicas

Aunque fue diseñado para personas con diabetes, los principios del plato diabético mejoran la salud metabólica general:

❤️ Enfermedades cardiovasculares: Al reducir el consumo de azúcares y grasas saturadas, mejora los niveles de colesterol y presión arterial. 🧬 Cáncer: Una dieta rica en vegetales, antioxidantes y fibra protege contra el daño celular y la inflamación crónica. 🍩 Diabetes tipo 2: Disminuye la resistencia a la insulina y previene el desarrollo de prediabetes. 🧠 Salud cerebral: Los niveles estables de glucosa favorecen la concentración, la memoria y el estado de ánimo.

Cómo ponerlo en práctica diariamente

Usa un plato físico como guía visual: divide tu plato en las proporciones mencionadas. Elige alimentos frescos y locales: frutas y vegetales de temporada tienen mejor contenido nutricional. Reduce los alimentos ultraprocesados: evita refrescos, frituras y harinas refinadas. Mantén una rutina regular de comidas: comer cada 4–5 horas ayuda a estabilizar el metabolismo. Hidrátate adecuadamente: el agua es fundamental para la digestión y el control del apetito.

Conclusión

El plato diabético no es solo una herramienta para quienes viven con diabetes, sino un modelo universal de alimentación saludable. Al practicarlo diariamente, cualquier persona puede controlar su peso, optimizar su salud metabólica y reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Adoptar este patrón alimentario es un acto preventivo, sencillo y poderoso que puede transformar la salud a largo plazo.

¿Por qué se hace difícil controlar la ingesta de azúcar, especialmente en personas con diabetes?

Introducción

El control del consumo de azúcar representa uno de los mayores desafíos en la salud pública moderna. Para las personas con diabetes mellitus, esta dificultad se intensifica, ya que su organismo presenta alteraciones en la forma en que utiliza y regula la glucosa. Sin embargo, más allá del diagnóstico médico, existen razones biológicas, neurológicas y psicológicas que explican por qué resulta tan difícil resistir el impulso de consumir azúcar.

1. La glucosa: combustible esencial del cuerpo y el cerebro

La glucosa (azúcar) es la principal fuente de energía de las células del cuerpo humano. Todos los tejidos pueden usarla, pero el cerebro depende casi exclusivamente de ella para su funcionamiento óptimo.

Cuando los niveles de glucosa bajan, el cerebro activa mecanismos instintivos para buscar y consumir alimentos dulces, liberando señales de hambre y antojos. Esta reacción no es una cuestión de “fuerza de voluntad”, sino una respuesta evolutiva diseñada para garantizar la supervivencia.

2. El sistema de recompensa y la adicción al azúcar

El azúcar estimula en el cerebro la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer y la motivación. Este proceso activa el sistema de recompensa, el mismo que se ve involucrado en ciertas adicciones.

Cada vez que una persona consume algo dulce, experimenta una sensación placentera que refuerza el deseo de repetirlo para así asegurar la especie y supervivencia. Con el tiempo, el cerebro puede requerir dosis más altas de azúcar para obtener el mismo efecto, creando un ciclo de dependencia difícil de romper.

3. En los diabéticos: una paradoja metabólica

Las personas con diabetes enfrentan un conflicto fisiológico:

Por un lado, su cuerpo necesita glucosa para funcionar. Por otro, su metabolismo no puede procesarla adecuadamente debido a una deficiencia o resistencia a la insulina.

Cuando los niveles de glucosa en sangre fluctúan (ya sea por exceso o por déficit), el cerebro interpreta esas variaciones como una amenaza y aumenta los antojos de azúcar. Este fenómeno explica por qué muchos pacientes diabéticos sienten una necesidad casi irresistible de consumir dulces, incluso sabiendo que pueden perjudicar su salud.

4. Factores emocionales y conductuales

El azúcar también se asocia al placer emocional. En situaciones de estrés, ansiedad o tristeza, el cuerpo libera cortisol, una hormona que aumenta el apetito, especialmente por alimentos ricos en azúcar y grasa.

Por esta razón, muchas personas utilizan el consumo de azúcar como un mecanismo de alivio emocional, lo que refuerza aún más el hábito y dificulta su control.

5. Estrategias para controlar la ingesta de azúcar

Educación nutricional: comprender el impacto del azúcar en la salud. Elección de carbohidratos complejos: como avena, legumbres y frutas enteras, que liberan energía lentamente. Control de estrés: técnicas de relajación, ejercicio o terapia. Monitoreo constante de la glucosa: permite reconocer patrones y evitar caídas que provoquen antojos. Apoyo psicológico y médico: fundamental para romper el ciclo de dependencia emocional y fisiológica.

Conclusión

El deseo de consumir azúcar tiene raíces biológicas profundas: es la fuente primaria de energía del cuerpo y del cerebro. Sin embargo, en el contexto de la diabetes, este instinto natural se vuelve una batalla metabólica. Entender que el impulso no es simple “falta de control”, sino una reacción fisiológica y neurológica, permite abordar el problema con empatía, educación y estrategias integrales que incluyan tanto el cuerpo como la mente.

Avances hacia el fin de la Diabetes Tipo 1: Una visión del futuro

Introducción

La diabetes tipo 1 (DT1) es una enfermedad crónica en la que el páncreas produce poco o ningún insulina, una hormona que permite que la glucosa ingrese a las células para producir energía. Actualmente, no existe una cura para la DT1, y los pacientes deben manejar sus niveles de glucosa a través de inyecciones de insulina diarias o bombas de insulina. Sin embargo, los avances científicos y médicos recientes sugieren un futuro prometedor hacia el fin de la DT1.

Terapias con células madre

Una de las áreas más emocionantes de investigación en la DT1 es el uso de células madre para reemplazar las células beta del páncreas que han sido destruidas. Las células madre tienen la capacidad única de transformarse en cualquier tipo de célula del cuerpo, incluyendo las células beta. Los ensayos clínicos han demostrado que las células madre pueden ser inducidas para convertirse en células que producen insulina, ofreciendo la posibilidad de un suministro de insulina autoregenerativo en el cuerpo.

Inmunoterapia

Otra línea de investigación se centra en la inmunoterapia, que busca detener la respuesta autoinmune que destruye las células beta en primer lugar. Los ensayos clínicos han demostrado que ciertos medicamentos pueden retrasar la progresión de la DT1 en las personas recién diagnosticadas, lo que indica que podríamos ser capaces de detener la enfermedad antes de que cause daño significativo.

Nuevas tecnologías de administración de insulina

Mientras tanto, las mejoras en la administración de insulina están haciendo que la vida con DT1 sea más manejable. Los monitores continuos de glucosa y las bombas de insulina inteligentes pueden ajustar automáticamente los niveles de insulina en base a los niveles de glucosa en tiempo real, reduciendo la carga de la gestión diaria de la enfermedad.

Conclusión

Aunque todavía no estamos en el punto de poder decir que hemos “curado” la diabetes tipo 1, estamos avanzando más cerca de ese objetivo. Los avances en la terapia con células madre, la inmunoterapia y la administración de insulina están cambiando la forma en que pensamos sobre la DT1 y ofrecen un rayo de esperanza para aquellos afectados por esta enfermedad crónica. A medida que continuamos investigando y probando nuevas terapias, podemos tener la esperanza de un futuro donde la DT1 puede ser una cosa del pasado.

Las luces nocturnas de la ciudad se relacionan con más riesgo de diabetes

Los niveles más altos de exposición a la luz artificial exterior por la noche se relacionaron significativamente con los indicadores de la diabetes y las alteraciones de la homeostasis de la glucosa en un nuevo estudio nacional transversal realizado en China.

Los resultados mostraron un aumento significativo de 7% en la prevalencia de la diabetes por quintil de exposición a la luz artificial por la noche (cociente de prevalencia [CP]: 1,07), informaron el Dr. Ruizhi Zheng, de la Facultad de Medicina de la Universidad Jiaotong de Shanghái, en China, y sus colaboradores. Los investigadores descubrieron que las personas que vivían en las zonas con más exposición a la luz nocturna tenían una prevalencia de diabetes 28% mayor que las que vivían en los lugares con menos exposición (CP: 1,28).

El estudio fue publicado en versión electrónica el 14 de noviembre en Diabetologia.

Estudios anteriores con animales han demostrado que la exposición a la luz por la noche puede interferir en los ritmos circadianos y afectar la homeostasis de la glucosa, señaló el equipo del estudio. Otras investigaciones han demostrado que la exposición crónica a una luz interior moderada durante el sueño elevaba la prevalencia de la diabetes en adultos mayores en comparación con los que dormían en un entorno de luz tenue, añadieron los autores.

“Nuestros resultados contribuyen a la creciente literatura que indica que la luz artificial por la noche es perjudicial para la salud y demuestran que puede ser un nuevo factor de riesgo potencial para la diabetes”, afirmaron.

Sin embargo, subrayó que se necesita mucha más investigación antes de que cualquier relación pueda considerarse definitiva.

La exposición a la luz nocturna en el exterior se relaciona con la glucosa en ayunas y la hemoglobina glucosilada

Los investigadores chinos se propusieron evaluar las relaciones entre la prevalencia de la diabetes y la homeostasis de la glucosa con la exposición crónica a la luz exterior por la noche.

Evaluaron a 98.658 participantes del Estudio de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles de China en 162 centros. El promedio de edad de los participantes era de 42,7 años. Las mujeres constituían 49,2% de la cohorte del estudio.

La diabetes se definió según los criterios de la American Diabetes Association.Se utilizaron datos de satélite para determinar la exposición a la luz exterior durante la noche en 2010. Se investigaron las asociaciones entre la exposición a la luz por la noche y los indicadores de la homeostasis de la glucosa.

Se calcularon los cocientes de prevalencia y se ajustaron en función del sexo, la edad, el tabaquismo, la educación, el índice de masa corporal, la actividad física, los ingresos del hogar, los antecedentes familiares de diabetes, las zonas rurales o urbanas, el consumo de alcohol y el uso de fármacos hipolipidemiantes (principalmente estatinas) o antihipertensivos.

Fuente: Medscape

Mucho ojo con la vista

Los optómetras de Puerto Rico se unen al Día Mundial de la Diabetes, que se celebra el 14 de noviembre, con información de concienciación y explican cómo, mediante un examen de ojos bien realizado y mediante los síntomas del paciente, pueden ayudar a identificar si tiene el azúcar descontrolada, ayudar a prevenir la progresión de la diabetes y condiciones oculares secundarias a la diabetes.

El Día Mundial de la Diabetes (DMD) fue creado en 1991 por la Federación internacional de la Diabetes (FID) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en respuesta al aumento de la preocupación por la creciente amenaza para la salud que representa esta condición. El Día Mundial de la Diabetes se convirtió en un Día oficial de las Naciones Unidas en 2006. Se celebra cada año el 14 de noviembre, aniversario del nacimiento de Sir Frederick Banting, quien descubrió la insulina junto con Charles Best en 1921.

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Los optómetras, además de examinar los ojos, también tienen la facultad de mandar a hacer laboratorios y verificar el estado de salud de un paciente. Con los laboratorios y un buen examen ocular se certifica si usted puede estar desarrollando retinopatía diabética, glaucoma o cataratas.

La retinopatía diabética es una afección del ojo que puede causar pérdida de visión y ceguera en personas con diabetes. Afecta los vasos sanguíneos de la retina, que es la capa de tejido sensible a la luz en la parte de atrás del ojo.

Según el Instituto Nacional de Ojos los síntomas de la retinopatía diabética son visión borrosa, visión con manchas flotantes y ceguera. Se diagnostica haciendo un examen con dilatación de pupila de los ojos, y se trata con inyecciones láser o cirugía con un oftalmólogo.

“Las primeras etapas de la retinopatía diabética por lo general no presentan síntomas. Algunas personas notan cambios en la visión, como dificultad para leer o ver objetos de lejos. Estos cambios podrían aparecer y desaparecer”, sostuvo la doctora Lourdes González, presidenta del Colegio de Optómetras de Puerto Rico (COPR).

Añadió que, tal y como dicen los expertos del Instituto Nacional de Ojos, “en las etapas avanzadas de la enfermedad, los vasos sanguíneos de la retina comienzan a sangrar en el vítreo (que es un fluido con la consistencia de gel en el centro del ojo). Si esto sucede, es posible que el paciente vea manchas oscuras flotantes o líneas que parecen telarañas. Algunas veces, las manchas desaparecen por sí solas, pero es importante recibir tratamiento de inmediato. Sin tratamiento, el sangrado puede volver a ocurrir, empeorar o provocar cicatrices”.

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Los optómetras, además de examinar los ojos, también tienen la facultad de mandar a hacer laboratorios y verificar el estado de salud de un paciente. Con los laboratorios y un buen examen ocular se certifica si usted puede estar desarrollando retinopatía diabética, glaucoma o cataratas.

La retinopatía diabética es una afección del ojo que puede causar pérdida de visión y ceguera en personas con diabetes. Afecta los vasos sanguíneos de la retina, que es la capa de tejido sensible a la luz en la parte de atrás del ojo.

Según el Instituto Nacional de Ojos los síntomas de la retinopatía diabética son visión borrosa, visión con manchas flotantes y ceguera. Se diagnostica haciendo un examen con dilatación de pupila de los ojos, y se trata con inyecciones láser o cirugía con un oftalmólogo.

“Las primeras etapas de la retinopatía diabética por lo general no presentan síntomas. Algunas personas notan cambios en la visión, como dificultad para leer o ver objetos de lejos. Estos cambios podrían aparecer y desaparecer”, sostuvo la doctora Lourdes González, presidenta del Colegio de Optómetras de Puerto Rico (COPR).

Añadió que, tal y como dicen los expertos del Instituto Nacional de Ojos, “en las etapas avanzadas de la enfermedad, los vasos sanguíneos de la retina comienzan a sangrar en el vítreo (que es un fluido con la consistencia de gel en el centro del ojo). Si esto sucede, es posible que el paciente vea manchas oscuras flotantes o líneas que parecen telarañas. Algunas veces, las manchas desaparecen por sí solas, pero es importante recibir tratamiento de inmediato. Sin tratamiento, el sangrado puede volver a ocurrir, empeorar o provocar cicatrices”.

COVID-19 asociado con un mayor riesgo de diabetes en los jóvenes

La infección por SARS-CoV-2 se asoció con un mayor riesgo de diabetes entre los jóvenes, mientras que otras infecciones respiratorias agudas no, según indican nuevos datos de Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos.

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Los resultados de dos grandes bases de datos de reclamos de salud de Estados Unidos se publicaron el 7 de enero en un comunicado anticipado en el Morbidity and Mortality Weekly Report de CDC por Catherine E. Barrett, Ph. D., y sus colaboradores del equipo de respuesta de emergencia COVID-19 de CDC y la Division of Diabetes Translation.

Los médicos deben dar seguimiento a las personas menores de 18 años en los meses posteriores a una infección por SARS-CoV-2 para detectar una nueva aparición de diabetes, aconsejaron.

Los hallazgos, que están respaldados por estudios independientes en adultos, “subrayan la importancia de la prevención de la COVID-19 en todos los grupos de edad, incluida la vacunación para todos los niños y adolescentes elegibles, y la prevención y el tratamiento de enfermedades crónicas”, enfatizaron Barrett y sus colaboradores.

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El tipo de diabetes no pudo distinguirse de forma fiable de las bases de datos, lo que se señala como una limitación importante del estudio.

“La infección por SARS-CoV-2 podría provocar diabetes de tipo 1 o de tipo 2 a través de mecanismos complejos y diferentes”, escribieron Barrett y sus colaboradores.

La evidencia emergente comenzó a sugerir, a mediados de 2020, que COVID-19 puede desencadenar la aparición de diabetes en personas sanas, según lo informado por Medscape. Posteriormente, se estableció un nuevo registro mundial para recopilar datos sobre pacientes con diabetes relacionada con COVID-19, denominado CoviDiab.

No está claro si la diabetes después de COVID-19 es transitoria o permanente

De una de las bases de datos utilizadas en el nuevo estudio, IQVIA, 80.893 personas menores de 18 años diagnosticadas con COVID-19 entre marzo de 2020 y el 26 de febrero de 2021 se compararon con personas de la misma edad y sexo durante ese periodo sin COVID-19 y a grupos prepandemia con y sin diagnóstico de enfermedad respiratoria aguda durante el 1 de marzo de 2017 al 26 de febrero de 2018.

De la segunda base de datos, HealthVerity, 439.439 jóvenes diagnosticados con COVID-19 entre el 1 de marzo de 2020 y el 28 de junio de 2021 se compararon con jóvenes de la misma edad y sexo sin COVID-19. Aquí no había un grupo de comparación prepandémico.

Los diagnósticos de diabetes se codificaron en 0,08% con COVID-19 frente a 0,03% sin COVID-19 en IQVIA y en 0,25% frente a 0,19% en HealthVerity.

Por lo tanto, los nuevos diagnósticos de diabetes tenían 166% y 31% más de probabilidades de ocurrir en personas con COVID-19 en IQVIA y HealthVerity, respectivamente. Y en IQVIA, las personas con COVID-19 tenían 116% más de probabilidades de desarrollar diabetes que las personas con enfermedades respiratorias agudas prepandémicas. Esas diferencias fueron todas significativas, mientras que las infecciones respiratorias no relacionadas con el SARS-CoV-2 no se asociaron con la diabetes, expusieron Barrett y sus colaboradores.

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En ambas bases de datos, la cetoacidosis diabética fue más común al inicio de la diabetes entre aquellos con y sin COVID-19: 48,5% frente a 13,6% en IQVIA y 40,2% frente a 29,7% en HealthVerity. En IQVIA, 22,0% con enfermedad respiratoria aguda prepandémica presentó cetoacidosis diabética.

Barrett y sus colaboradores ofrecieron varias explicaciones potenciales para la asociación observada entre COVID-19 y la diabetes, incluido un ataque directo a las células beta pancreáticas que expresan receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2, o a través de hiperglucemia de estrés resultante de la tormenta de citoquinas y alteraciones en el metabolismo de la glucosa.

Otra posibilidad es la precipitación a la diabetes por prediabetes; esta última es un trastorno presente en 1 de cada 5 adolescentes estadounidenses.

El tratamiento con esteroides durante la hospitalización podría haber provocado una hiperglucemia transitoria, pero solo entre 1,5% y 2,2% de los códigos de diabetes correspondían a diabetes inducida por fármacos o sustancias químicas. La mayoría eran para el tipo 1 o 2.

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Alternativamente, el aumento de peso asociado con la pandemia también podría haber contribuido a los riesgos tanto de COVID-19 grave como de diabetes tipo 2.

“Aunque este estudio puede proporcionar información sobre el riesgo de diabetes después de la infección por SARS-CoV-2, se necesitan datos adicionales para comprender los mecanismos patogénicos subyacentes, ya sea los causados por la infección por SARS-CoV-2 en sí misma o como resultado de los tratamientos, y si un diagnóstico de diabetes asociado a COVID-19 es transitorio o lleva a una condición crónica”, concluyeron Barrett y sus colaboradores.

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La detección sistemática inadecuada de diabetes es común en pacientes con virus de inmunodeficiencia humana

En la mayoría de las personas con virus de inmunodeficiencia humana y diabetes de tipo 2no se efectúan las detecciones sistemáticas recomendadas que son necesarias para prevenir complicaciones crónicas relacionadas con ese trastorno concomitante, según una investigación.

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“Pese al riesgo conocido en esta población de pacientes, la mayoría no estaban al día en las detecciones sistemáticas preventivas”, informaron Maya Hardman, Pharm. D., y sus colaboradores, del Southwest CARE Center, en Santa Fe, Estados Unidos, en la investigación presentada en el Congreso United States Conference on HIV/AIDS (USCHA) de 2021.

“Las detecciones sistemáticas preventivas pueden ayudar a identificar complicaciones crónicas de la diabetes en una etapa temprana, si se realizan a los intervalos recomendados”, escribieron en su artículo.

Se sabe que las personas con infección por virus de inmunodeficiencia humana tienen más riesgo de diabetes y de las complicaciones de la enfermedad a largo plazo, por lo que es necesaria la detección sistemática para prevenir estas complicaciones con cuanta mayor razón dado su estado de salud de mayor riesgo.

Entre las principales medidas sistemáticas de calidad de la atención para la diabetes recomendadas por el Conjunto de Datos e Información sobre la Eficacia de la Atención Sanitaria (HEDIS) para las personas con virus de inmunodeficiencia humana están las pruebas de hemoglobina glucosilada una vez cada 3 meses, los exámenes de los pies y fondos de ojos cada 12 meses, determinación del cociente albumina/creatinina (ACR) en orina cada 12 meses, y dos mediciones de la presión arterial controlada cada 12 meses.

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Para investigar las tasas de cumplimiento de las recomendaciones de cribado de HEDIS e identificar los predictores de un cumplimiento deficiente en las personas con virus de inmunodeficiencia humana, Hardman y sus colaboradores evaluaron los datos de 121 pacientes adultos en el Southwest CARE Centera los que se les había diagnosticado diabetes y virus de inmunodeficiencia humana y se les había tratado entre 2019 y 2020.

Los pacientes tenían una media de edad de 57,5, y 9% eran mujeres. Su duración media de positividad para virus de inmunodeficiencia humana era de 19,8 años, y tenían una puntuación de riesgo intermedia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica(ASCVD) de 17,08%.

No obstante que se sabía que tenían diabetes, 93,4% de ellos no estaban al día en sus detecciones sistemáticas preventivas.

De los 121 pacientes, solo en 30 se habían realizado las detecciones de hemoglobina glucosilada recomendadas, en 37 se habían efectuado las determinaciones del ACR en orina recomendadas y solo en 18 se habían llevado a cabo las revisiones de pies recomendadas.

Solo las mediciones de la presión arterial, notificadas en 90 de los 121 pacientes, estaban al día en la mayoría de los pacientes en el grupo.

Al examinar los factores relacionados con el cumplimiento del cribado de hemoglobina glucosilada, solo la edad (odds ratio [OR]: 0,95; p = 0,04) fue un indicador significativo.

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Los autores señalaron que los exámenes sistemáticos para las complicaciones de la diabetes son relativamente fáciles de implementar.

“El cribado de estas complicaciones crónicas es mínimamente invasivo y puede ser realizado por personas con capacitación en la atención a la diabetes durante las consultas clínicas sistemáticas”.

En la investigación en curso que está realizando el equipo se están evaluando los posibles beneficios de los servicios de farmacia clínica para ayudar al cribado de los pacientes con virus de inmunodeficiencia humana.

La investigación que subraya el mayor riesgo y los peores resultados del tratamiento de diabetes en personas con virus de inmunodeficiencia humana incluye un estudioen donde se comparó a 337 personas con virus de inmunodeficiencia humana en 2005 con una cohorte de 338 participantes en 2015.

El estudio demostró que la prevalencia de diabetes de tipo 2 había aumentado a 15,1% en 2015 a partir de 6,8% de 10 años antes, para un relative risk de 2,4 en comparación con el de la población general.

“La alarmantemente alta prevalencia de la diabetes de tipo 2 en personas con virus de inmunodeficiencia humana exige un mejor cribado, dirigido a pacientes de mayor edad y a aquellos con una mayor duración de la exposición a los antirretrovirales”, afirman los autores.

“Se necesitan urgentemente estrategias eficaces de prevención y tratamiento de la diabetes para reducir este riesgo; tales intervenciones deben dirigirse a los factores de riesgo habituales, como la obesidad abdominal, lo mismo que los factores de riesgo específico de virus de inmunodeficiencia humana como el aumento de peso tras el inicio de antirretrovirales”.

Cabe destacar que la cohorte de 2015 era significativamente mayor y tenía un índice de masa corporal más alto y mayor hipertensiónque la cohorte de 2005.

El primer autor, Alastair Duncan, Ph. D., dietista principal en Guy’s & St. Thomas Hospital y profesor del King’s College London, en Inglaterra, señaló que desde que se publicó este estudio en 2015, la preocupación, especialmente por el aumento de peso en la población con virus de inmunodeficiencia humana no ha hecho más que aumentar.

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“El aumento de peso parece ser más un problema [ahora]”, dijo a Medscape Noticias Médicas en una entrevista.

“Al igual que en la población general, las personas que padecen infección por virus de inmunodeficiencia humana experimentaron un aumento de peso significativo durante los confinamientos relacionados con la COVID-19. Además del elevado número de personas que padecen la infección por virus de inmunodeficiencia humana en tratamiento con inhibidores de la integrasa, el aumento de peso sigue siendo problemático”.

Mientras tanto, “no hay suficientes estudios en que se compare a las personas que padecen la infección por virus de inmunodeficiencia humana con la población general”, añadió Duncan. “Necesitamos realizar estudios en los que los pacientes estén emparejados”.

La Dra. Sudipa Sarkar, quien es autora de un estudio sobre diabetes y virus de inmunodeficiencia humana publicado este año pero que no intervino en el estudio presentado en USCHA, señaló que el entorno asistencial podría desempeñar un papel importante en la calidad del cribado de la diabetes que reciben las personas con virus de inmunodeficiencia humana.

“Puede depender de factores tales como si un paciente está siendo objeto de seguimiento periódico por un proveedor de atención al virus de inmunodeficiencia humana y del sistema de salud más amplio en que se encuentre el paciente”, dijo a Medscape Noticias Médicas la Dra. Sarkar, profesora asistente de medicina de la División de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo en la Johns Hopkins University School of Medicine, en Baltimore, Estados Unidos.

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“Por ejemplo, se podrían encontrar diferencias entre un paciente que es atendido en un grupo de atención administrada o no”.

La cuestión de cómo se comparan las tasas sorprendentemente altas de cribado inadecuado en el estudio actual con el cribado sistemático en la población diabética general “es una buena interrogante y merece más investigación”, concluyó.

Los autores y la Dra. Sarkar han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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La diabetes está asociada al riesgo de enfermedad de Parkinson y una progresión más rápida de la enfermedad

La diabetes está asociada con el desarrollo de la enfermedad de Parkinson, así como con síntomas más graves y una progresión más rápida de la enfermedad, sugiere una nueva investigación.

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En una revisión sistemática, los pacientes con diabetes de tipo 2 tenían 34% más probabilidades de desarrollar enfermedad de Parkinson que aquellos sin diabetes comórbida. Además, los pacientes con ambas afecciones tenían puntuaciones significativamente peores en la escala unificada de la enfermedad de Parkinson (UPDRS) y un peor rendimiento cognitivo.

Juntos, los resultados sugieren que “la diabetes puede ser un factor facilitador de la neurodegeneración”, escribieron los investigadores dirigidos por el Dr. Gennaro Pagano, Ph. D., director médico experto de Pharma Research and Early Development de Roche, en Basilea, Suiza.

Los hallazgos fueron publicados en una edición reciente de Journal of Parkinson’s Disease.

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Preguntas sin respuesta

Los investigadores han propuesto durante mucho tiempo una posible relación entre la diabetes y la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, los estudios de casos y controles han arrojado resultados contradictorios sobre esta relación y las revisiones sistemáticas anteriores no han aclarado la cuestión.

En la revisión sistemática y el metanálisis actuales, los investigadores identificaron estudios relevantes en bases de datos como MEDLINE/PubMed, Cochrane CENTRAL y Scopus.

Los estudios elegibles informaron la prevalencia de diabetes en pacientes con enfermedad de Parkinson, la incidencia de la enfermedad en aquellos con y sin diabetes y analizaron el fenotipo y la progresión del Parkinson en aquellos con y sin diabetes.

Los investigadores identificaron 3.829 artículos en su búsqueda inicial, evaluaron 90 artículos en detalle e incluyeron 43 estudios en su análisis. La calidad de los estudios se consideró moderada o buena y los investigadores no encontraron sesgos de publicación significativos.

Se examinaron 21 estudios que abarcaron 11.396 pacientes para determinar la prevalencia de diabetes en la enfermedad de Parkinson. Esta prevalencia se calculó en 10,02%, que es similar a la prevalencia global de 9,3% reportada en 2019.

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Los investigadores también analizaron 12 estudios de cohortes que incluyeron a 17’797.221 pacientes para calcular el riesgo de enfermedad de Parkinson en pacientes con diabetes comórbida. El odds ratio (OR) resumido agrupado para la enfermedad de Parkinson incidente entre los pacientes con diabetes de tipo 2 fue de 1,34.

La evaluación del efecto de la diabetes sobre la gravedad de la enfermedad de Parkinson se basó en 10 estudios que incluyeron a 603 pacientes con ambas enfermedades. Debido a que los datos sobre los síntomas motores no estaban disponibles en todos los estudios, los investigadores consideraron el estadio en la escala de Hoehn y Yahr, la puntuación UPDRS y el deterioro cognitivo.

Los pacientes con ambas afecciones tenían un peor estadio de Hoehn y Yahr (diferencia de medias estandarizada [DME]: 0,36; p < 0,001) y una puntuación UPDRS más alta (DME: 0,60; p < 0,001). En siete de los 10 estudios, la diabetes se asoció con un peor rendimiento cognitivo en pacientes con enfermedad de Parkinson.

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Mecanismos inciertos

Los mecanismos del efecto de la diabetes sobre el riesgo y la gravedad de la enfermedad de Parkinson son inciertos, pero los investigadores han desarrollado hipótesis.

“Los mecanismos superpuestos entre la resistencia a la insulina, la disfunción mitocondrial, el estrés oxidativo y la expresión de alfa-sinucleína podrían influir en el desarrollo del proceso de neurodegeneración”, escribieron.

Debido a que el análisis actual demostró una tendencia hacia un deterioro cognitivo más pronunciado en pacientes con las comorbilidades, los médicos deben prestar especial atención a la progresión de los síntomas motores y cognitivos en pacientes con estas enfermedades, señalaron los investigadores.

“Se necesitan estudios adicionales para definir mejor el fenotipo clínico de los pacientes con enfermedad de Parkinson-diabetes y explorar el papel de los fármacos antidiabéticos en la progresión de la enfermedad de Parkinson”, destacaron.

Añadieron que también se necesitan estudios futuros para evaluar si los fármacos antidiabéticos podrían reducir el riesgo de enfermedad de Parkinson en estos pacientes.

Los investigadores notaron varias limitaciones de su investigación. En muchos de los estudios que examinaron, por ejemplo, los criterios de diagnóstico de la diabetes de tipo 2 y la enfermedad de Parkinson se basaron únicamente en registros médicos o cuestionarios de salud autoinformados. Rara vez se confirmaron los diagnósticos.

Además, no todos los estudios indicaron claramente que sus poblaciones presentaban diabetes de tipo 2. Finalmente, los pacientes con diabetes pueden tener un mayor riesgo de muerte cardiovascular, lo que podría afectar el seguimiento relacionado con el desarrollo de la enfermedad de Parkinson, señalaron los investigadores.

El Dr. Pagano es empleado de F. Hoffmann-La Roche.

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