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La detección sistemática inadecuada de diabetes es común en pacientes con virus de inmunodeficiencia humana

En la mayoría de las personas con virus de inmunodeficiencia humana y diabetes de tipo 2no se efectúan las detecciones sistemáticas recomendadas que son necesarias para prevenir complicaciones crónicas relacionadas con ese trastorno concomitante, según una investigación.

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“Pese al riesgo conocido en esta población de pacientes, la mayoría no estaban al día en las detecciones sistemáticas preventivas”, informaron Maya Hardman, Pharm. D., y sus colaboradores, del Southwest CARE Center, en Santa Fe, Estados Unidos, en la investigación presentada en el Congreso United States Conference on HIV/AIDS (USCHA) de 2021.

“Las detecciones sistemáticas preventivas pueden ayudar a identificar complicaciones crónicas de la diabetes en una etapa temprana, si se realizan a los intervalos recomendados”, escribieron en su artículo.

Se sabe que las personas con infección por virus de inmunodeficiencia humana tienen más riesgo de diabetes y de las complicaciones de la enfermedad a largo plazo, por lo que es necesaria la detección sistemática para prevenir estas complicaciones con cuanta mayor razón dado su estado de salud de mayor riesgo.

Entre las principales medidas sistemáticas de calidad de la atención para la diabetes recomendadas por el Conjunto de Datos e Información sobre la Eficacia de la Atención Sanitaria (HEDIS) para las personas con virus de inmunodeficiencia humana están las pruebas de hemoglobina glucosilada una vez cada 3 meses, los exámenes de los pies y fondos de ojos cada 12 meses, determinación del cociente albumina/creatinina (ACR) en orina cada 12 meses, y dos mediciones de la presión arterial controlada cada 12 meses.

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Para investigar las tasas de cumplimiento de las recomendaciones de cribado de HEDIS e identificar los predictores de un cumplimiento deficiente en las personas con virus de inmunodeficiencia humana, Hardman y sus colaboradores evaluaron los datos de 121 pacientes adultos en el Southwest CARE Centera los que se les había diagnosticado diabetes y virus de inmunodeficiencia humana y se les había tratado entre 2019 y 2020.

Los pacientes tenían una media de edad de 57,5, y 9% eran mujeres. Su duración media de positividad para virus de inmunodeficiencia humana era de 19,8 años, y tenían una puntuación de riesgo intermedia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica(ASCVD) de 17,08%.

No obstante que se sabía que tenían diabetes, 93,4% de ellos no estaban al día en sus detecciones sistemáticas preventivas.

De los 121 pacientes, solo en 30 se habían realizado las detecciones de hemoglobina glucosilada recomendadas, en 37 se habían efectuado las determinaciones del ACR en orina recomendadas y solo en 18 se habían llevado a cabo las revisiones de pies recomendadas.

Solo las mediciones de la presión arterial, notificadas en 90 de los 121 pacientes, estaban al día en la mayoría de los pacientes en el grupo.

Al examinar los factores relacionados con el cumplimiento del cribado de hemoglobina glucosilada, solo la edad (odds ratio [OR]: 0,95; p = 0,04) fue un indicador significativo.

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Los autores señalaron que los exámenes sistemáticos para las complicaciones de la diabetes son relativamente fáciles de implementar.

“El cribado de estas complicaciones crónicas es mínimamente invasivo y puede ser realizado por personas con capacitación en la atención a la diabetes durante las consultas clínicas sistemáticas”.

En la investigación en curso que está realizando el equipo se están evaluando los posibles beneficios de los servicios de farmacia clínica para ayudar al cribado de los pacientes con virus de inmunodeficiencia humana.

La investigación que subraya el mayor riesgo y los peores resultados del tratamiento de diabetes en personas con virus de inmunodeficiencia humana incluye un estudioen donde se comparó a 337 personas con virus de inmunodeficiencia humana en 2005 con una cohorte de 338 participantes en 2015.

El estudio demostró que la prevalencia de diabetes de tipo 2 había aumentado a 15,1% en 2015 a partir de 6,8% de 10 años antes, para un relative risk de 2,4 en comparación con el de la población general.

“La alarmantemente alta prevalencia de la diabetes de tipo 2 en personas con virus de inmunodeficiencia humana exige un mejor cribado, dirigido a pacientes de mayor edad y a aquellos con una mayor duración de la exposición a los antirretrovirales”, afirman los autores.

“Se necesitan urgentemente estrategias eficaces de prevención y tratamiento de la diabetes para reducir este riesgo; tales intervenciones deben dirigirse a los factores de riesgo habituales, como la obesidad abdominal, lo mismo que los factores de riesgo específico de virus de inmunodeficiencia humana como el aumento de peso tras el inicio de antirretrovirales”.

Cabe destacar que la cohorte de 2015 era significativamente mayor y tenía un índice de masa corporal más alto y mayor hipertensiónque la cohorte de 2005.

El primer autor, Alastair Duncan, Ph. D., dietista principal en Guy’s & St. Thomas Hospital y profesor del King’s College London, en Inglaterra, señaló que desde que se publicó este estudio en 2015, la preocupación, especialmente por el aumento de peso en la población con virus de inmunodeficiencia humana no ha hecho más que aumentar.

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“El aumento de peso parece ser más un problema [ahora]”, dijo a Medscape Noticias Médicas en una entrevista.

“Al igual que en la población general, las personas que padecen infección por virus de inmunodeficiencia humana experimentaron un aumento de peso significativo durante los confinamientos relacionados con la COVID-19. Además del elevado número de personas que padecen la infección por virus de inmunodeficiencia humana en tratamiento con inhibidores de la integrasa, el aumento de peso sigue siendo problemático”.

Mientras tanto, “no hay suficientes estudios en que se compare a las personas que padecen la infección por virus de inmunodeficiencia humana con la población general”, añadió Duncan. “Necesitamos realizar estudios en los que los pacientes estén emparejados”.

La Dra. Sudipa Sarkar, quien es autora de un estudio sobre diabetes y virus de inmunodeficiencia humana publicado este año pero que no intervino en el estudio presentado en USCHA, señaló que el entorno asistencial podría desempeñar un papel importante en la calidad del cribado de la diabetes que reciben las personas con virus de inmunodeficiencia humana.

“Puede depender de factores tales como si un paciente está siendo objeto de seguimiento periódico por un proveedor de atención al virus de inmunodeficiencia humana y del sistema de salud más amplio en que se encuentre el paciente”, dijo a Medscape Noticias Médicas la Dra. Sarkar, profesora asistente de medicina de la División de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo en la Johns Hopkins University School of Medicine, en Baltimore, Estados Unidos.

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“Por ejemplo, se podrían encontrar diferencias entre un paciente que es atendido en un grupo de atención administrada o no”.

La cuestión de cómo se comparan las tasas sorprendentemente altas de cribado inadecuado en el estudio actual con el cribado sistemático en la población diabética general “es una buena interrogante y merece más investigación”, concluyó.

Los autores y la Dra. Sarkar han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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