Vital la respiración consciente como herramienta para manejar los pensamientos y las emociones

El “mindfulness” es una manera particular de prestar atención, de relacionarnos con nuestros pensamientos y nuestras emociones.

En momentos como los que experimentamos como pueblo, ante la situación crítica que vive Puerto Rico, debido al paso del huracán Fiona el pasado lunes y todas las consecuencias vividas, es completamente natural que se experimenten diversas emociones, que van desde frustración, desespero, tristeza e impotencia, por mencionar solo algunas.

Esa capacidad de experimentar emociones, agradables y desagradables, es parte de lo que nos hace humanos, de pensar, sentir, disfrutar y padecer las experiencias en el transcurso de nuestra vida.

No obstante, la importancia de practicar “mindfulness” nos da el poder de estar más conscientes de cómo nos sentimos. Así lo explica la maestra certificada del Instituto de Mindfulness de Puerto Rico, Delia Román, al recalcar que esta práctica consiste en cambiar nuestro estado mental, o sea, de pensar a sentir.

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En esencia, poder estar más conscientes de cómo nos sentimos y podamos desarrollar la capacidad de observar nuestros pensamientos, que son los que nos sacan del momento presente.

“Cuando nosotros estamos distraídos, pues porque tenemos una preocupación o alguna agenda que hacer, esto no nos permite entonces estar conscientes y presentes. Ahí es cuando nos volvemos en unos maestros de la observación, de ver cuál es ese tráfico mental, donde podemos permitir que esos pensamientos continúen y fluyan, pero sin agarrarnos a esa historia para entonces regresar al momento presente y traer calma a nuestro sistema nervioso. De esa manera, disfrutar lo que podemos sentir y experimentar en el momento”, señaló Román.

Una actitud importante del ‘mindfulness’, según explica, es que no juzguemos cuál es nuestra experiencia en relación a los pensamientos, en la que simplemente observamos, nos damos cuenta, permitimos que la experiencia sea, que fluya, y entonces accionar cómo atraer esa mente al momento presente. Para lograrlo, “el ancla y la herramienta más sencilla que se utiliza es la respiración”.

“La respiración está con nosotros en todo momento. El detalle es que no estamos consciente de esa respiración que fluye y que nos permite estar vivos en todo momento. Cuando utilizamos la respiración de una manera consciente, el prestar atención cuando inhalamos y exhalamos, pues tranquilizamos nuestro sistema nervioso. Podemos observar y dejar que fluyan los pensamientos, no agarrarnos a ellos y simplemente sentir. Prácticamente, es cambiar el estado de mente, de pensar a sentir”, informó.

Mientras deja claro que los pensamientos son los que provocan las emociones, enfatizó que, según ha aprendido, nuestras emociones duran 90 segundos. Ahora bien, si nosotros continuamos alimentando nuestra mente con pensamientos catastróficos, explica que eso da paso a que continúen las emociones difíciles y desagradables, que en la eventualidad se pueden convertiren depresión y en ansiedad, porque suben los niveles de cortisol en nuestro cuerpo.

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“Se activa esa amígdala, el sistema límbico, que es el que regula las emociones y eso sigue ahí funcionando en ‘high’, por lo que nos puede afectar físicamente. Cuando no podemos manejar esas emociones que nos causan estrés, ansiedad crónica y, eventualmente, depresión, puede provocar el que perdamos el apetito y reacciones físicas, tales como: mover las piernas, comernos las uñas, dolor de cabeza, sudor y palpitaciones del corazón aceleradas”, dijo.

No obstante, la maestra certificada aconseja que para hacer un buen manejo de emociones, también debemos hacernos conscientes de cómo nos estamos sintiendo y darnos el espacio y el permiso para sentir la emoción que sea.

“Lo básico es estar consciente de cómo nos sentimos, ese es el primer paso. Reconocer lo que siento, es una práctica muy beneficiosa para manejar estas emociones y llamar esa emoción por su nombre. Decir ‘hoy me siento triste’, ‘estoy preocupado’, ‘me siento frustrado’, ‘tengo ira’. Cuando lo llamamos por su nombre estamos creando el espacio para tener esa apertura y reconocer que esa es la experiencia en el momento presente. Y de hacerlo, pues sin juzgar ni tener ese deseo de cambiarlo o rechazarlo, pues nos crea más ansiedad y agonía en el proceso”, agregó.

Una vez nosotros reconocemos que tenemos el sentimiento, Román detalla que el próximo paso es investigar el por qué me siento así, qué me lo causa o qué pensamiento es lo que me lo está causando. Más bien investigar cuál es la raíz de esa emoción y en qué lugar del cuerpo lo sientes. Y por último, nutrirse emocionalmente, dándote apoyo y amor propio, mientras afirmas que no eres la única persona experimentando esas emociones porque estas son parte de la experiencia humana.

“Luego, pregúntate qué estás necesitando en ese momento. Por ejemplo, necesito que me escuchen, necesito que me entiendan, necesito un abrazo, necesito que me suplan agua, que me regrese la luz… Es parte de nosotros nutrirnos y crear el espacio para manejar esa frustración. No podemos cambiar lo que está sucediendo, pero puedo cambiar mi actitud, modificándola con la respiración, que está científicamente probado que calma la respiración”, manifestó la maestra.

Tres ejercicios básicos de respiración

Estos te permitirán nutrirte, pues científicamente está probado que la respiración calma nuestro sistema nervioso y aclara nuestra mente, al activar el sistema nervioso parasimpático.

1. Respiraciones profundas: Realiza tres respiraciones profunda

2. Respiración 4-7-8: Consiste inhalar contando cuatro, aguantar la respiración por 7 segundos o hasta nuestro sistema pulmonar lo permita. Luego exhalar de manera más alargada que la inhalación, contando hasta ocho. Cuando exhalamos de manera más extendida, más alargada. Se activa el sistema parasimpático nervioso. Que es lo que nos calma. Es lo que nos ayuda al sistema cardiovascular. Lo que ayuda al sistema de flujo sanguíneo, a la digestión. Inhalar contando cuatro, aguantar la respiración según nuestro sistema pulmonar lo permita hasta el 7 y luego exhalar de manera más alarga, contando hasta 8. Cuando exhalamos de manera e se activa el sistema paralimpático, que nos ayuda en el sistema cardiovascular, flujo sanguíneo y a la digestión.

3. Respiración de caja: Consiste en inhalar por 4 segundos, aguantar la respiración por 4 segundos más, siempre consciente de que esto va a depender de nuestra capacidad pulmonar. Luego, exhalar por 4 segundos.

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4. Respira mientras pones una mano en el pecho y otra en el abdomen: Cuando reconocemos que estamos ansiosos y vamos por ese proceso de darnos permiso de sentir y nutrirnos, pon una mano en el pecho y la otra en el abdomen. Somos mamíferos, respondemos a la sensación de tocarnos. Así que siente cómo el pecho se infla cuando inhalamos y siente cómo el pecho se contrae, se reduce y se reintegra al cuerpo cuando exhalamos.

“Son ejercicios sencillos. Nadie tiene que saber que lo estamos haciendo, son simplemente para nutrirnos, darnos ese cariñito y darnos el espacio para sentir y decir está bien, es parte de la experiencia humana. No puedo cambiar lo que me está pasando, pero yo sí voy a bregar conmigo.”, destacó.

La maestra certificada hace la comparación del ser humano con un vaso, que llegó la tormenta y ya no aguantamos ni una gota más. Sin embargo, manifiesta que si se hacen estas prácticas, se hace el cambio de un vaso a un envase más grande.

“Tenemos el poder de cambiar el vaso a que sea tal vez un florero o envase más grande, y esa agua que sigue cayendo, con todas las carencias en los servicios básicos y situaciones que siguen sucediendo, que nos desagradan, que las queremos deshacer o no lo queremos en nuestra vida, pero saber que ellas van a seguir llegando y ese vaso se va a seguir llenando, esa agua va a seguir entrando a mi vida. Así es que tengo que crear un espacio más grande. Vamos a ambiar el vaso a un florero, con un poquito de práctica con ejercicios de respiración y de agradecimiento”, concluyó.

Qué beneficios tiene el aprender y practicar el Mindfulness:

  • Reducir el estrés: Aumenta nuestra habilidad de manejar el estrés
  • Aumentar el enfoque: Mejora la habilidad de prestar atención, enfocarse y concentrarse. Esto ayuda con el desmpeño en el trabajo, los estudios y los deportes
  • Regulación emocional: Trae balance emocional reduce la impulsividad y reactividad
  • Aumentar la inteligencia emocional: Mejora destrezas para resolver conflictos
  • Aumentar la empatía: Nos ayuda a entender a otros mas
  • Reducir ataques de pánico e insomnio: Sobre 50 estudios han encontrado que mindfulness reduce el estrés
  • Neuroplasticidad: Cambia las conexiones neuronales del cerebro activando la corteza prefrontal

Estudios científicos establecen que las personas que practican mindfulness desarrollan, entre otras cosas:

  • Habilidad para relajarse
  • Reducción de dolor
  • Calidad de vida aunque tengan dolor crónico
  • Energía y entusiasmo por la vida
  • Adaptarse a situaciones estresantes
  • Mayor autoestima
  • Reducción de insomnio
  • Manejo de emociones incomodas como miedo, coraje o apego
  • Aumenta auto conocimiento para detectar patrones mentales y emocionales que son dañinos
  • Estimula la creatividad, aumenta desempeño en deportes, trabajo y estudios

Fuente: Instituto de Mindfulness de Puerto Rico, localizado en San Juan.

Aprende a manejar tus emociones en momentos de crisis

El paso del huracán Fiona por la isla se ha convertido en una pesadilla de grandes proporciones para cientos de familias que han perdido sus hogares y pertenencias, una estela de desastres que incluye ríos desbordados e inundaciones en carreteras y comunidades, deslizamientos de tierra, así como falta de agua potable y de electricidad, entre muchos otros problemas que se intentan resolver.

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Una situación muy similar a la que se vivió en la isla luego del paso del huracán María hace ya cinco años, sin contar las múltiples dificultades que se han vivido desde entonces -como los terremotos o la pandemia de coronavirus-, y que han predispuesto a la ciudadanía a desarrollar síntomas de mucha ansiedad, tensión y desesperanza. Emociones que también generan malestar social y violencia, lo que tiene un efecto en la calidad de vida de todos.

“Hay mucha incertidumbre en la ciudadanía, la gente está llorosa y hay mucho desespero entre las personas. Eso da paso a lo que se conoce como retraumatización porque estamos viviendo un tiempo en donde muchas de las imágenes que estamos viendo hoy día se asemejan o tienen una similitud bastante grande con el huracán María”, señala el psicólogo clínico del Hospital Menonita CIMA, doctor Humberto Cruz, tras puntualizar que es bastante común que las personas experimenten reacciones emocionales intensas ante eventos como los que se viven en estos días.

Según el psicólogo, el ser humano responde a un sistema que siempre está alerta ante el peligro. Y es que, cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa una respuesta fisiológica en la que el sistema nervioso simpático hace que el corazón bombee más deprisa para que envíe más sangre a las distintas partes del cuerpo que la podrían necesitar.

De la misma forma, a través de una combinación de señales nerviosas y hormonales, las glándulas suprarrenales liberan una oleada de hormonas, como la adrenalina y el cortisol que preparan el organismo para “luchar o huir”. Pero cuando esas hormonas son constantes y se mantienen por mucho tiempo, se incrementa el riesgo de padecer problemas de salud, tales como ansiedad, depresión, dolores de cabeza, tensión y dolor muscular, enfermedad cardíaca, hipertensión y accidente cerebrovascular, insomnio, aumento de peso y deterioro de la memoriay de la concentración.

“Ahora mismo todo el mundo está en actitud de alerta, buscando responder a un mecanismo sumamente primitivo que es la supervivencia. Y la llegada de un huracán puede aumentar esta respuesta y causar estragos en la salud”, advierte el psicólogo, quien cree que es importante normalizar las emociones que estamos sintiendo “porque son mecanismos de defensa normales para que podamos combatir el agravio que tenemos de frente”.

Esa normalización puede ayudar a no estigmatizar los sentimientos y emociones porque son respuestas a eventos extremos. “Ahora mismo estamos en un proceso de shock y de negación. Son respuestas típicas ante este desastre natural, pero que se agrava a consecuencia de eventos del pasado (como el huracán María). Lo que a veces nos lleva a no querer reconocer que algo ha ocurrido porque es demasiado estresante, de tal manera que no lo puedo manejar. Así que, típicamente, los sentimientos cobran mucha intensidad, son impredecibles y los patrones de pensamiento y de conducta se van agravando a consecuencia de ese trauma”, explica el doctor Cruz, quien es consciente de que, en estos días, muchas personas están limpiando sus casas, sacando escombros y evaluando sus pérdidas.

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“Pero no debemos reprimir el deseo de lamentar las pérdidas materiales. Tampoco debemos olvidar la resiliencia que está en el ADN colectivo de los puertorriqueños, porque ya pasamos por esto. Y eso es importante porque un ser humano que vuelve a pasar por un evento de esta magnitud se supone que haya ganado las respuestas de afrontamiento necesarias para viabilizar otra estrategia o volver a repetirlas. Es como sacar de mi caja de herramientas una que necesito en este momento”, propone el psicólogo clínico para resaltar que, aunque estamos pasando por un momento difícil, sabemos que podemos salir hacia adelante. Por eso cree que es momento de aprovechar esas destrezas que utilizamos en el pasado para salir airoso de los retos que estamos viviendo ahora.

El reto de volver a la rutina

En estos momentos, en que sentimos que vivimos un caos como consecuencia del huracán Fiona, es muy importante intentar establecer una rutina, luego de evaluar las diversas situaciones y pérdidas debido al huracán, recomienda el psiquiatra y director médico interino del Hospital Panamericano, Ángel Martínez. “La rutina es una herramienta muy útil para sentir que tenemos el control de algo y así influenciar lo que sucede hoy y lo que sucederá mañana”.

Para lograrlo, el psiquiatra resalta la importancia de estar en un lugar donde podamos recuperarnos para evaluar qué cosas “se me quedaron por hacer, qué se pudo haber hecho mejor o qué preparativos debo tener en cuenta para la próxima vez”. Esto es importante porque vivimos en una isla tropical que todos los años tiene huracanes y el riesgo de que uno nos afecte es muy alto. Por eso, el psiquiatra enfatiza en la importancia de anticipar posibles problemas.

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“Cuando nos preparamos emocionalmente para las cosas, podemos enfrentarlas un poco mejor”, añade el también presidente electo de la Asociación de Psiquiatras de Niños y Adolescentes de Puerto Rico.Una forma de anticipar, agrega, es tener a mano los medicamentos que tomamos a diario, ya sea para el tratamiento de una enfermedad mental o una física, como puede ser la diabetes o la hipertensión, entre otras.

“Una condición que se puede ver mucho es el trastorno de estrés postraumático que involucra haber pasado por una experiencia traumática, que la vida estuvo en peligro y que tiene otros síntomas como de hipervigilancia, de sentir que las cosas nos asustan o lo asociamos a ese evento y nos puede dar pesadillas, nos vienen imágenes de lo que vivimos como si estuvieran sucediendo ahora. También podemos sentir que queremos evitar todo contacto con el exterior o con personas y cualquier cosa que asociemos con tormenta, como la lluvia, nos puede causar la misma ansiedad porque estamos acondicionados para eso y pensamos que va a suceder lo peor, además de eso nos podemos poner cínicos, irritables y nos puede dar mucha tristeza y ansiedad”, detalla el doctor Martínez, quien dice que si ese es el caso, debemos buscar una evaluación con un experto de salud mental porque la persona puede requerir tratamiento con medicamentos y psicoterapia.

Si son síntomas leves o son personas que tienen lo que se conoce como pensamientos rumiantes -esos que “no nos los podemos sacar de la cabeza”-, el psiquiatra dice que algo tan sencillo como una caminata bajo el sol y estar en contacto con la naturaleza nos puede ayudar a calmar esas ideas o pensamientos rumiantes.

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Estrategias que ayudan

“Hacer ejercicios puede complementar el tratamiento de una persona que está pasando por síntomas de tristeza. Si tiene ansiedad, se puede beneficiar de la meditación y la atención plena, así como de técnicas de relajación y de respiración: puede inhalar tres segundos hacia adentro, exhalar seis segundos, y visualizando un lugar que simbolice paz para ellos, soltando los músculos y dejándolos más relajados para soltar la tensión”, propone el doctor Martínez, para indicar que, según la fe que se practique, la oración o conversar con un guía espiritual también puede ser de mucha ayuda.

Además de eso, el psiquiatra dice que la escritura “y hacer una narrativa de todas las emociones que sintieron durante el evento y de todo lo que ocurrió, los hace sentir que ganan un poco de control sobre la situación”. De la misma forma, afirma que las personas que no han sufrido grandes daños por el huracán y están en una posición altruista de ayudar a otros, ya sean vecinos o familiares, deben dejarles saber que están disponibles para lo que necesiten.

“A veces con solo escucharlos sin juzgar y de manera empática, puede ayudar a que la otra persona sienta que no está sola en esta situación y que pueden buscar ayuda. Erróneamente, se nos ha enseñado que buscar ayuda es un signo de debilidad, cuando es todo lo contrario. En ocasiones los pacientes nos dicen que no quieren ser una carga o tienen pensamientos de que no valen lo suficiente”, recomienda el doctor Martínez, quien enfatiza que buscar ayuda es un fortaleza del ser humano y es parte de la inteligencia emocional y de ser resiliente.

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También es importante, aconseja el médico, conectar a la persona con servicios de salud mental si es lo que necesita o de salud física, además de los recursos que hay en la comunidad. Además, se debe tener en cuenta a los más viejos de la familia o los que padecen de alzhéimer y demencia senil que se pueden poner muy intranquilos en momentos como los que se viven hoy, sin electricidad ni agua potable.

“Cuando hay algún tipo de demencia se complica más el cuadro. Muchos de estos pacientes van a necesitar seguimiento más corrido de su médico primario y, a veces, también de un neurólogo, de un psiquiatra o de un trabajador social. Ahora mismo están las líneas de crisis de AMSSCA que están disponibles las 24 horas y ellos también pueden buscar en la comunidad quién puede ayudar con cualquier situación”, explica el doctor Martínez, al destacar que, dependiendo de cuán intranquilo o agresivo esté el paciente, se debe visitar una sala de emergencia de un hospital para que decidan si hace falta tomar otras medidas, como hospitalizar en una unidad de salud mental.

Si el anciano solamente está intranquilo o con ansiedad, el psiquiatra recomienda que se validen sus emociones y se escuchen sus preocupaciones. El psiquiatra también menciona que algunos pacientes de demencia tienen unos síntomas conocidos como “Sundowning” o “síndrome del ocaso” que se refiere a la ansiedad e inquietud que aparece al atardecer cuando cae el sol. Las personas que padecen este síndrome presentan agitación y comportamientos como tirar, coger o manosear objetos, además de pronunciar monólogos o provocar discusiones subidas de tono.

“Y a distintas horas del día les puede cambiar el ánimo y pueden desorientarse de repente. Una de las cosas que hacen en hogares de envejecientes es, por ejemplo, es recordarles la hora y el día que es, ponerles luces más brillantes y puedan reconocer los objetos que tienen cerca y el lugar por el que caminan”, recomienda el médico, quien también resalta que el cuidador de ese paciente debe recibir ayuda porque va a llegar un punto en que se va a sentir agotado.

Algunas medidas

Los eventos estresantes son parte de la vida. A lo que se suma que vivimos en una isla tropical que, anualmente, tiene una temporada de huracanes activa y el riesgo de sufrir el embate de un evento meteorológico mayor, es muy real. Sin embargo, sí podemos tomar medidas para manejar la forma en que nos afectan estos eventos. Aquí algunas estrategias para manejar el estrés que propone el doctor Humberto Cruz, psicólogo clínico del Hospital Menonita CIMA:

– Distanciarse un poco de los medios noticiosos. “Ver constantemente repeticiones de las imágenes del desastre, puede aumentar mucho más el estrés y la ansiedad”, advierte Cruz, quien propone que se establezca un horario o una rutina para mantenerse informado.

– Trata de comunicar tu experiencia de la forma más natural posible. Si estás en un proceso de duelo y sientes mucha tristeza, debes ser honesto y hablarlo con alguien de confianza “porque cuando hablamos del dolor que tenemos, pierde fuerza sobre nosotros”.

– Evita las maneras poco saludables de manejar el estrés, como el consumo excesivo de alcohol, cigarrillos, sustancias o comida en exceso. Si te preocupa, consulta con un profesional de la salud.

– Mantener contacto con familiares y seres queridos. “Eso es algo que nos da paz y si puedes llegar a sus casas, ya sea a pie o en carro, visítalos porque te va a dar tranquilidad, al igual que a ellos”.

– Conversa con los hijos. “Involucrar al niño en la elaboración de plan familiar de cómo se van a repartir los quehaceres de la casa. Le puedes dar una escoba o que recoja las horas, por ejemplo. Lo importante es incluirlo porque eso normaliza lo que está pasando”, recomienda Cruz, quien enfatiza en la importancia de aclarar sus dudas sobre lo que está pasando.

– Ayuda a los viejos de la familia. “Es importante explicarles lo que está pasando y que entienda que no se va a estar solo. Si es un paciente con demencia, puede ponerle una música suave y convierta la experiencia en un proceso ameno. También es importante asegurarse que tiene todos sus medicamentos y si usa oxígeno, que tenga el tanque que se puede usar si no hay electricidad”, agrega el psicólogo.

– Mantener una dieta saludable, hacer ejercicio regularmente y dormir suficiente.

– Practicar técnicas de relajación, como el yoga, la respiración profunda, los masajes o la meditación.

Percepción distorsionada del tiempo desde la pandemia vinculada al estrés y mala salud mental

El paso del tiempo se sintió alterado para muchas personas durante la pandemia de COVID-19, desde la dificultad para llevar un registro de los días de la semana hasta sentir que las horas pasaban lentamente o se aceleraban, sugiere una nueva investigación.

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Los resultados mostraron que más del 65 % de los 5661 encuestados informaron que los días de semana y los fines de semana se difuminaban juntos, y que la incertidumbre sobre el futuro era una sensación de enfoque presente. Y más de la mitad reportó la experiencia de sentir que “el tiempo se acelera o se ralentiza”, informan los investigadores, dirigidos por E. Alison Holman, PhD, profesora de la Escuela de Enfermería Gross de la Universidad de California, Irvine.
Los predictores significativos de estas distorsiones del tiempo incluyeron estar expuesto a los medios diarios relacionados con la pandemia y tener un diagnóstico de salud mental antes de la pandemia; estrés secundario como cierre de escuelas y encierro; estrés financiero; estrés de por vida; y exposición al trauma de por vida.

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“La continuidad entre las experiencias pasadas, la vida presente y las esperanzas futuras es fundamental para el bienestar de uno, y la interrupción de esa sinergia presenta desafíos para la salud mental”, dijo Holman en un comunicado de prensa.
“Pudimos medir esto en una muestra representativa a nivel nacional de estadounidenses que estaban experimentando un trauma colectivo prolongado, algo que nunca antes se había hecho, y este estudio es el primero en documentar la prevalencia y los primeros predictores de estas distorsiones del tiempo”, añadió. Holman.
Los hallazgos se publicaron en línea el 4 de agosto en Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy.

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Oportunidad unica

Durante la pandemia, la perspectiva temporal (TP) de muchas personas, definida como “nuestra visión del tiempo que se extiende desde nuestro pasado hacia el futuro”, cambió a medida que “se enfocaban en el peligro presente e inmediato de la pandemia de COVID-19 y los planes futuros”. se volvió incierto”, escriben los investigadores.
Los estudios de muestras de conveniencia “sugirieron que muchas personas experimentaron que el tiempo se ralentizaba, se detenía o se aceleraba a medida que enfrentaban los desafíos de la pandemia”, un fenómeno conocido como desintegración temporal (TD) en la literatura psiquiátrica.
Holman dijo a Medscape Noticias Médicas que investigó la TD después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center.
“Descubrimos que las personas que experimentaron esa sensación temprana de TD, la sensación de que ‘el tiempo se desmorona’, eran más propensas a quedarse estancadas en el pasado y concentrarse en el evento pasado”, lo que llevó a sentir “más angustia con el tiempo, ” ella dijo.
Las investigaciones que examinan la prevalencia y los factores psicosociales que predicen la TD son “bastante raras” y los estudios que examinan la TD “durante un trauma colectivo prolongado y en desarrollo son aún más raros”, señalan los investigadores. La pandemia de COVID “presentó una oportunidad única para realizar un estudio de este tipo”, agregan.
Para su estudio, los investigadores encuestaron a los participantes en el panel en línea NORC AmeriSpeak, un “panel basado en la probabilidad” de 35,000 hogares estadounidenses seleccionados al azar de todo el país.

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El estudio se realizó en dos oleadas: la primera encuesta se administró entre marzo y abril de 2020, la segunda entre septiembre y octubre de ese mismo año.
Acelerando, ralentizando

En el Relevamiento 2, los participantes completaron un índice de 7 ítems de síntomas de TD experimentados durante los 6 meses anteriores. Para ajustar los procesos psicológicos que pueden haber predispuesto a las personas a experimentar TD durante la pandemia, los investigadores incluyeron una medida de Wave 1 de incertidumbre futura como covariable.
Los datos de salud previos a la pandemia se recopilaron antes del estudio actual.
Los participantes de la ola 1 completaron una lista de verificación que informa sobre la exposición personal, laboral y comunitaria al brote de COVID, que incluye contraer el virus, refugiarse en el lugar y experimentar factores estresantes secundarios. También se evaluaron el alcance y el tipo de exposición mediática relacionada con la pandemia.
En Wave 2, informaron el alcance de la exposición al coronavirus, las exposiciones financieras y los factores estresantes secundarios. También completaron una lista de verificación de exposición al estrés/trauma no relacionada con COVID y se les pidió que indicaran si el trauma, el desastre o el duelo tuvieron lugar antes o durante la pandemia.

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La muestra final consistió en 5661 adultos (52% mujeres) que completaron la encuesta Wave 2. Los participantes se dividieron en cuatro grupos de edad: 18-34, 35-49, 50-64 y 65 y más.
Las experiencias más comunes (informadas por más del 65 % de los encuestados) incluían estar concentrados en el momento presente, sentir que los días de semana y los fines de semana eran iguales y sentirse inseguros sobre el futuro.
Más de la mitad de los encuestados (50,4 %) informaron sentir que el tiempo se aceleraba y el 55,2 % informaron sentir que el tiempo se ralentizaba. Algunos también informaron sentirse inseguros acerca de la hora del día (46,4 %) y olvidar eventos que acababan de experimentar (35,2 %).
Cuando los investigadores controlaron la incertidumbre sobre el futuro, encontraron que las mujeres reportaron más TD que los hombres (b = 0,11; IC del 95 %, 0,07 – 0,14; P < 0,001).
En el Relevamiento 1, se encontraron asociaciones entre la TD y la exposición a los medios relacionada con la COVID, los diagnósticos de salud mental antes de la pandemia y el estrés y el trauma no relacionados con la COVID antes de la pandemia. En el Relevamiento 2, se encontraron asociaciones entre TD y factores estresantes financieros y secundarios relacionados con COVID (todos Ps, < .001).

¿Protegen los ácidos grasos omega-3 contra los episodios depresivos?

Una nueva investigación sugirió que existían asociaciones “significativas” entre una mayor ingesta dietética de ácidos grasos omega-3 y un menor riesgo de episodios depresivos.

En un estudio longitudinal de más de 13.000 participantes, el consumo de ácidos grasos omega-3 (totales y subtipos) se asoció con una reducción de 2% a 65% en el riesgo de episodios depresivos en pacientes con episodios depresivos al inicio del estudio.

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Además, el consumo de ácidos grasos totales y ácido alfa-linolénico se asoció con un riesgo reducido de episodios depresivos incidentes (9% y 29%, respectivamente).

“Nuestros resultados mostraron un importante efecto protector del consumo de omega-3”, escribieron Maria de Jesus Mendes da Fonseca, de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro, en Río de Janeiro, Brasil, y sus colaboradores.

Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 7 de agosto en Nutrients.

Con respecto a la aparición de episodios depresivos, las estimaciones del modelo totalmente ajustado sugirieron que un mayor consumo de ácidos omega-3 (totales y subtipos) se asocia con un menor riesgo de episodios depresivos, con asociaciones significativas para omega-3 y alfa-ácido linolénico.

Los investigadores señalaron que las fortalezas del estudio incluyen “su originalidad, ya que es el primero en evaluar asociaciones entre el mantenimiento y la incidencia de episodios depresivos y el consumo de omega-3, además del uso de datos del ELSA-Brasil, con rigurosos protocolos de recolección de datos e instrumentos confiables y validados, que garantizaron la calidad de la muestra y de los datos”.

Sin embargo, una limitación fue que la muestra del ELSA-Brasil está compuesta solo por empleados públicos, con el potencial de un sesgo de selección, como el fenómeno del trabajador sano, observaron los investigadores. Otro fue el uso del Food Frequency Questionnaire, que puede subestimar la ingesta diaria de alimentos y depende del recuerdo individual de los participantes, todo lo cual podría conducir a un sesgo de clasificación diferencial.

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Interpretar con cautela

Al comentar el estudio para Medscape Noticias Médicas, el Dr. David Mischoulon, Ph. D., profesor de psiquiatría de la Harvard Medical School y director del Programa de Depresión Clínica e Investigación en el Massachusetts General Hospital, Boston, Estados Unidos, dijo que los datos sobre omega-3 en la depresión son “demasiado mixtos”.

“Muchos de los estudios no necesariamente concuerdan entre sí. Ciertamente, en los estudios que intentan buscar una asociación entre el uso de omega-3 y la depresión siempre es complicado porque puede ser difícil controlar todas las variables que podrían estar contribuyendo al resultado que obtienes”, dijo el Dr. Mischoulon, quien también es miembro de la Anxiety and Depression Association of America y no participó en la investigación.