Segunda paciente que se libra del virus de inmunodeficiencia humana sin trasplante de células madre ni tratamiento antirretroviral reabre esperanza de cura

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Una mujer argentina de 30 años, bautizada apropiadamente como “paciente Esperanza” en referencia al nombre de la localidad donde reside, parece ser la segunda persona en el mundo cuyo sistema inmune eliminó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) sin el uso de un trasplante de células madre, lo que “envía un mensaje de esperanza de encontrar una cura” natural para esa infección, reportaron investigadores de Argentina y Estados Unidos en Annals of Internal Medicine.

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“Somos cautos, pero podría representar un caso de cura esterilizante”, dijo una codirectora de la investigación, la Dra. Natalia Laufer, Ph. D., del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (INBIRS), en Buenos Aires, y profesora del Departamento de Microbiología, Parasitología e Inmunología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, durante una reunión virtual organizada por la Red Argentina de Periodismo Científico de la que participó Medscape en español.

Por razones que se ignoran, alrededor de 1% de todos los pacientes infectados con el virus de inmunodeficiencia humana son controladores excepcionales o “de élite”, lo que significa que presentar cargas virales indetectables sin necesidad de tratamiento, aunque, en los casos convencionales, análisis más profundos permiten revelar rastros del virus que pueden llegar a reactivar y generar nuevos ciclos de replicación.

“Lo que distingue a esta paciente es que los reservorios del virus son muy chiquitos y todas las copias detectadas son defectivas, no hay chance de que produzcan virus replicativos”, explicó una de las dos primeras autoras, Gabriela Turk, Ph. D., quien también trabaja en el INBIRS y la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

El único antecedente similar conocido es el de Loreen Willenberg, una paciente de California de 67 años que, después de vivir 28 años con el virus de inmunodeficiencia humana, no presenta rastros de virus replicativos en células y tejidos, según se publicó en Nature en agosto de 2020.[2]

Otras dos personas parecen haber eliminado el virus de la inmunodeficiencia humana, pero solo después del reemplazo completo del sistema inmunológico mediante sendos trasplantes de células madre por cánceres hematológicos: el paciente de Berlín, Timothy Ray Brown y el paciente de Londres, que ha sido luego identificado como Adam Castillejo, un venezolano de 41 años.

Otro hombre de 35 años, de Brasil, presentó carga viral indetectable al menos durante 15 meses después de recibir un tratamiento antirretroviral intensificado más un suplemento de vitamina B3, aunque pocos meses más tarde tuvo una aparente recaída, según reportó NAM Aidsmap.

Esfuerzo “heroico” de análisis y sin rastros del virus

El nuevo caso reportado es el de una mujer con diagnóstico de infección por virus de inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH-1) en marzo de 2013, quien se habría contagiado de su pareja (fallecido por sida en julio de 2017). Según explicó la Dra. Laufer, el diagnóstico se hizo mediante pruebas de enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA) y de electroinmunotransferencia (Western Blot), con detección de dos bandas.

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Durante los ocho años de seguimiento, los resultados de diez pruebas comerciales mostraron que la carga viral estaba por debajo del límite de detección, sin signos clínicos o de laboratorio de una enfermedad asociada al virus. Nunca tuvo tratamiento antirretroviral, salvo durante un período de seis meses cuando quedó embarazada y recibió un curso de tenofovir, emtricitabina y raltegravir entre septiembre de 2019 y marzo de 2020.

Para buscar rastros del virus, los investigadores realizaron múltiples análisis genéticos y virológicos en más de 1.600 millones de células mononucleares extraídas de muestras de sangre periférica (tomadas en 2017, 2018, 2019 y 2020) y de la placenta desarrollada durante el embarazo. Y solo hallaron siete provirus, aunque todos con defectos en el genoma que impedían su replicación. “Ninguna de estas secuencias es capaz de generar un virus viable, competente, infectivo”, señaló la Dra. Laufer.

El equipo de investigación también examinó lo que se considera el principal reservorio del virus de inmunodeficiencia humana, los linfocitos T CD4+, mediante un ensayo que permite cuantificar la replicación competente del virus. Tras estudiar 150 millones de estas células inmunes, no obtuvieron resultados positivos. Y tampoco pudieron detectar ARN del virus en 4,5 mililitros de plasma.

En un editorial acompañante, el Dr. Joel Blankson, del Johns Hopkins University Center for AIDS Research, en Baltimore, Estados Unidos, calificó de “heroico” el esfuerzo de los investigadores y señaló que el hallazgo sugiere que algunos controladores de élite “pueden haber ido más allá de simplemente controlar el virus y, en cambio, se pueden haber arreglado para erradicarlo. Si la paciente Esperanza efectivamente logró un cura esterilizante, definir el mecanismo responsable se vuelve importante”.

Otros científicos son más cautos. La Dra. Deborah Persaud, jefa interina de la División de Enfermedades Infecciosas de Johns Hopkins University School of Medicine, en Baltimore, Estados Unidos, y directora de IMPAACT HIV Cure Scientific Committee, declaró a Medscape en español que aludir a una “cura esterilizante” puede llevar a confusión, porque no hay evidencias definitivas de que la paciente alguna vez haya tenido una infección con virus de inmunodeficiencia humana con capacidad de replicarse. Y deslizó que, en cambio, los hallazgos de los estudios genéticos (deleciones y mutaciones) podrían ser “más consistentes con un evento de infección abortiva [cuando células son infectadas por virus, pero no producen ninguna progenie viral infecciosa] “.

Pero la Dra. Laufer dijo ante una repregunta de Medscape en español que el concepto de “infección abortiva” no está universalmente aceptado en el léxico científico y que, por otra parte, las secuencias genéticas analizadas de los provirus “presentan ciertas características que muestran que hubo ciclos de replicación, por lo cual podemos interpretar que el virus replicó y generó infección de otras células que después fueron controladas”. 

Turk, en tanto, explicó que hubo análisis para descartar que el virus de entrada hubiera sido defectivo. Y consideró que no hay forma de saber cuál fue el inóculo inicial, “aunque la persona de la cual adquiere la infección, la pareja, se diagnosticó con alta carga viral (186.000 copias/ml en febrero de 2013) y terminó falleciendo de sida, así que uno asume que la exposición fue a una cantidad importante de virus”.

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Hallazgos alentadores

De todos modos, pese a sus dudas, la Dra. Persaud, quien atendió un caso famoso de “cura” en Misisipi que luego sufrió una recaída, aseguró que estos hallazgos “siempre son alentadores a medida que aprendemos más sobre estos casos únicos, porque proporcionan información sobre el espectro de la infección por virus de inmunodeficiencia humana, el potencial de infección abortiva o controlada en entornos únicos y los patrones de persistencia”. “Es un caso interesante, una prueba de concepto, algo extraordinario. Pero, por definición, no es algo que esperamos encontrar frecuentemente”, comentó a Medscape en español el Dr. Marcelo Losso, jefe del servicio de inmunocomprometidos de la Clínica de Salud Sexual (ClinSex) del Hospital Ramos Mejía, en Buenos Aires, quien tampoco participó del estudio.

“Si esto se confirma, puede ser interesante tratar de entender cómo puede haber sido ese control que puede ejercer la paciente y nos puede hacer pensar en otros mecanismos con finalidad terapéutica”, añadió.

Para la Dra. Laufer y otra codirectora del estudio, la Dra. Xu Yu, investigadora del Ragon Institute del Massachusetts General Hospital, Massachusetts Institute of Technology (MIT) y Harvard University, en Boston, Estados Unidos, es probable que haya más pacientes con las características de la paciente Esperanza y Loreen Willenberg, pero que necesitan ser detectados y estudiados

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¿Estamos lejos de aplicar estos hallazgos a la cura de los millones de pacientes con virus de inmunodeficiencia humana que hoy requieren tratamiento antirretroviral crónico? “Podríamos estar cerca. Esa es la belleza del descubrimiento científico. No lo sabemos, pero es por eso que necesitamos una mayor participación de la comunidad y de los proveedores de atención médica para que nos ayuden”, respondió la Dra. Yu a Medscape.

Mientras tanto, la paciente Esperanza y los médicos y científicos que la asisten y estudian tienen que convivir con las limitaciones intrínsecas de la investigación científica. “Los conceptos científicos nunca pueden ser probados a través de la recolección de datos empíricos. Solo pueden ser refutados. (…) Por lo tanto, no podemos rechazar la hipótesis de que esta paciente alcanzó una cura esterilizante”, escribieron los autores.

La paciente Esperanza “se siente bendecida, entiende que es una situación grandiosa, está feliz de tener una familia sana. Pero la angustia el hecho de que no podamos darle un diagnóstico definitivo de cura. Y eso nos pesa también a nosotros”, admitió la Dra. Laufer.

La investigación fue financiada por Bill and Melinda Gates Foundation y National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos. Las doctoras Laufer, Turk, Yu, Persaud y el Dr. Losso declararon no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. 

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