A 18 meses de pandemia todavía se desconoce mucho sobre diabetes y COVID-19

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A 18 meses de la pandemia de COVID-19 se han vuelto mas claros los efectos directos e indirectos del SARS-CoV-2 en personas con diabetes, pero persisten vacíos de conocimiento, afirman epidemiológicos.

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“La COVID-19 ha tenido un efecto devastador en la población con diabetes y a la inversa, la alta prevalencia de diabetes y diabetes no controlada ha exacerbado el problema”, comentó a Medscape Noticias Médicas Edward W. Gregg, Ph. D., del Imperial College London, en Londres, Reino Unido, autor principal de una nueva revisión de la literatura.

“A medida que resulta evidente que la pandemia de COVID-19 se mantendrá con nosotros en diferentes formas en el futuro previsible, el énfasis para las personas con diabetes debe estar en la atención primaria continuada, el control de la glucemia y la vacunación para reducir el impacto a largo plazo de la COVID-19 en esta población”, añadió.

En datos, principalmente de series de casos, la revisión muestra que más de un tercio de las personas hospitalizadas con COVID-19 tienen diabetes. La revisión fue publicada en el número de septiembre de Diabetes Care.

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Las personas con diabetes tienen tres tantos más de ser hospitalizadas por COVID-19 que las que no padecen la enfermedad, aun después del ajuste con respecto a edad, sexo y trastornos subyacentes. La diabetes también representa 30% a 40% de los casos de COVID-19 graves y fallecimientos. De las personas con diabetes hospitalizadas por COVID-19, 21% a 43% requieren cuidados intensivos y la tasa de mortalidad de casos es de aproximadamente 25%.

En uno de los pocos análisis de multivariables en que se analizó la diabetes de tipo 2 y de tipo 1 por separado, llevado a cabo en Reino Unido, las probabilidades de fallecimientos intrahospitalarios relacionados con COVID-19 en comparación con personas sin diabetes fueron casi tres tantos más elevadas (odds ratio [OR]: 2,9) para individuos con diabetes de tipo 1 y casi el doble de altas (OR: 1,8) para aquellos con diabetes de tipo 2 después del ajuste con respecto a trastornos concomitantes.

Las causas de deceso parecen ser una combinación de factores específicos para la infección por SARS-CoV-2 y los factores relacionados con diabetes, indicó Gregg a Medscape.

“Gran parte del mayor riesgo se debe al hecho de que las personas con diabetes tienen más trastornos concomitantes, pero existen muchos otros mecanismos que parecen incrementar el riesgo, entre ellos las respuestas inflamatorias e inmunitarias de las personas con diabetes y la hiperglucemia parecer tener un efecto exacerbador por sí misma”.

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La hiperglucemia es un factor de riesgo indudable para la gravedad de la COVID-19

Se identificó la elevación de la hemoglobina glucosilada entre otros diversos predictores generales de desenlaces desfavorables de la COVID-19, incluyendo obesidad, al igual que enfermedades renales y cardiovasculares concomitantes.

Los niveles elevados de glucemia en la fecha del ingreso en personas con diagnóstico previo de diabetes o diabetes no diagnosticada surgieron como un predictor claro de peores resultados. Por ejemplo, de 605 personas hospitalizadas con COVID-19 en China, aquellas con glucosa plasmática en ayunas de 6,1 a 6,9 mmol/l (110 a 125 mg/dl) y ≥ 7 mmol/l (126 mg/dl) tuvieron odds ratio para resultados desfavorables en los primeros 28 días de 2,6 y 4,0, en comparación con glucosa plasmática en ayunas < 6,1 mmol (119 mg/dl).

Estudios basados en la población en Reino Unido revelaron que los niveles de hemoglobina glucosilada medidos meses antes de la hospitalización por COVID-19 se asociaron con riesgo de ingreso en la unidad de cuidados intensivos o de fallecimiento, en particular en las personas con diabetes de tipo 1. En general la tasa de mortalidad fue 36% más elevada para aquellos con hemoglobina glucosilada de 9% a 9,9% frente a 6,5% a 7%.

Pese al vínculo entre la hemoglobina glucosilada elevada y el fallecimiento, hasta ahora no hay evidencia clara de que normalizar los niveles de glucemia minimice la gravedad de la COVID-19, destacó Gregg.

“Existen datos que indican que el control deficiente de la glucemia conlleva más riesgo de desenlaces desfavorables. Esto es evidencia indirecta de que el control de la glucemia será útil, pero se necesita evidencia más directa”.

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Se identifican vacíos de evidencia

Gregg y sus coautores, Marisa Sophiea, Ph. D., M. Sc., y Misghina Weldegiorgis, Ph. D., B. Sc., también del Imperial College London, identifican tres áreas en las cuales se necesitan más datos.

En primer lugar se requiere más información para determinar si los riesgos de exposición, infección y hospitalización difieren según antecedentes de diabetes, y cómo esos factores afectan los resultados. Los mismos estudios también serían importantes para identificar cómo factores tales como conducta, utilización de mascarillas y políticas de confinamiento, control de factores de riesgo y entornos domésticos y comunitarios afectan al riesgo de personas con diabetes.

En segundo lugar se necesitan estudios para comprender mejor los efectos indirectos de la pandemia, por ejemplo, factores relativos a la asistencia y el tratamiento. Algunos de estos, como el advenimiento de la telesalud, pueden resultar beneficiosos a la larga, señalaron.

Asimismo, la pandemia “ha traído consigo una gran cantidad de experimentos naturales”, por ejemplo, de qué manera los programas de vacunación y otras intervenciones afectan a las personas con diabetes específicamente. Por último, se necesitan estudios de población en muchas partes del mundo además de Estados Unidos y Reino Unido, donde hasta ahora se ha realizado la mayor parte de este trabajo.

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“Muchas de las preguntas más importantes sin respuesta se refieren a las posibles repercusiones indirectas y a largo plazo de la pandemia, que requieren estudios basados en la población. Hasta el momento, gran parte de nuestro conocimiento proviene de series de casos, las que solo evalúan pacientes a partir del momento de la hospitalización”, destacó Gregg.

De hecho, se dispone de muy pocos datos para las personas con diabetes que contraen COVID-19 pero que no están hospitalizadas, por lo que no se sabe si su enfermedad tiene mayor duración o tienen más riesgo de “COVID-19 persistente” que las personas sin diabetes que experimentan COVID-19 en su domicilio.

“No he visto datos publicados sobre esto todavía y es una pregunta sin respuesta importante”, finalizó Gregg.

Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Miriam E. Tucker es periodista independiente con sede en el área de Washington D. C. Colabora regularmente con Medscape, y otros de sus artículos aparecen en el Washington Post, el blog NPR’s Shots y la revista Diabetes Forecast. Se la encuentra en @MiriamETucker.

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