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Abordar la obesidad para reducir el riesgo de eventos cardiacos secundarios

Pacientes que habían estado hospitalizados por infarto de miocardio o procedimientos de revascularización cardiovascular por lo general tenían sobrepeso (46%) u obesidad (35%), pero en una consulta de seguimiento pocos habían bajado de peso o planeaban hacerlo, afirman los investigadores que llevaron a cabo un estudio europeo de gran alcance.[1]

Los hallazgos resaltan que es necesario reconocer la obesidad como una enfermedad que debe tratarse de manera óptima para disminuir el riesgo de un evento cardiovascular secundario, comentaron los autores.

El estudio, realizado por Dirk De Bacquer, Ph. D., profesor del Departamento de Salud Pública de la Ghent University en Ghent, Bélgica, y sus colaboradores, fue publicado en European Heart Journal-Quality of Care and Clinical Outcomes.

Los investigadores analizaron datos de más de 10.000 pacientes en los estudios EUROASPIRE IV y V que fueron hospitalizados por infarto de miocardioinjerto de revascularización coronaria o intervención coronaria percutánea y respondieron a una encuesta 16 meses más tarde en promedio.

Aunque 20% de los pacientes con obesidad había reducido 5% o más de su peso inicial, 16% había recuperado 5% o más de su peso inicial.

Notablemente, “en la nota de alta no se registró el estado ponderal en una cuarta parte de los pacientes con obesidad y una proporción sustancial refirieron que nunca les había dicho un profesional sanitario que tenían sobrepeso”, informaron los investigadores.

“Al parecer, la obesidad no es considerada por los médicos como un problema médico serio que requiera atención, recomendaciones y consejos obvios sobre los objetivos de peso personales”, afirmaron Bacquer y sus colaboradores.

Sin embargo, “realmente valen la pena los beneficios para los pacientes que bajaron de peso en nuestro estudio, lo que dio lugar a un perfil de riesgo cardiovascular más sano”, puntualizó

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La rehabilitación cardiovascular debe incluir medidas para bajar de peso 

“El enfoque más seguro y eficaz para controlar el peso corporal en pacientes con arteriopatía coronaria y obesidad es adoptar un patrón alimentario sano y mayores niveles de actividad física”, escribieron en su artículo.

Y sus observaciones de que “los pacientes que refirieron reducir su ingesta de grasas y azúcar, consumir más frutas, vegetales y pescado y realizar actividad física con más regularidad, tuvieron una reducción de peso importante”, apoyaron esto.

De Bacquer y sus colaboradores recomendaron que los programas de prevención y rehabilitación cardiovascular “incluyan medidas para bajar de peso, por ejemplo, diferentes formas de autoapoyo, como un componente específico de una intervención exhaustiva para reducir el riesgo cardiovascular total, ampliar la esperanza de vida y mejorar la calidad de vida”.

Los médicos han de “considerar el valor creciente desde las intervenciones de telesalud, así como las intervenciones farmacológicas recientemente descritas”, añadieron, señalando que en el estudio no se analizan estas opciones ni la cirugía metabólica.

En su comentario un experto señaló que en dos nuevos estudios observacionales de cirugía metabólica en pacientes con obesidad y arteriopatía coronaria se comunicaron resultados positivos.

Otro experto se opuso al tono del artículo de “culpar al paciente” y la falta de medios prácticos para ayudar a los pacientes a bajar de peso.

¿Tratamiento médico o cirugía bariátrica como otras opciones?

“El estudio demostró la prevalencia de la obesidad en pacientes con cardiopatía y confirmó cuán difícil es lograr la reducción de peso, en particular en pacientes con cardiopatía, en quienes sería beneficiosa la reducción de peso”, comentó a Medscape Noticias Médicas el Dr. Erik Näslund, Ph. D.

Aun cuando “las guías actuales resalten la asesoría para bajar de peso, algunos pacientes de hecho aumentaron de peso”, observó el Dr. Näslund, del Danderyd Hospital del Karolinska Institutet, en Estocolmo, Suecia.

Por otra parte, pacientes que redujeron 5% o más de su peso inicial tuvieron menos comorbilidades que se asocian con enfermedades cardiovasculares.

“La mejor forma de lograr la reducción de peso a largo plazo en pacientes con obesidad grave es la cirugía metabólica (bariátrica)”, señaló el Dr. Näslund, quien no intervino en el estudio. “En la actualidad hay dos artículos recientes en Circulation que demuestran que la cirugía metabólica desempeña un papel en la prevención secundaria de enfermedades cardiovasculares en pacientes con obesidad grave”, un estudio del grupo del Dr. Näslund, según se comunicó previamente, y un estudio de investigadores en Ontario, Canadá.[2,3]

Sin embargo, estos fueron estudios observacionales y los hallazgos necesitarían confirmarse en un estudio clínico aleatorizado antes que se puedan utilizar como una práctica asistencial recomendada, advirtió. Además, la mayoría de los pacientes en el presente estudio no cumplieron los criterios mínimos de peso corporal para cirugía metabólica.

Por tanto, es necesario el tratamiento médico intensificado en estos pacientes, como otra opción de tratamiento, destacó el Dr. Näslund.

“Sería interesante estudiar cómo los nuevos tratamientos con agonistas del receptor del péptido similar a glucagón-1 (GLP-1) funcionarían en este contexto como agentes para bajar de peso y tal vez tener un beneficio cardiovascular independiente positivo”.

La obesidad es una enfermedad; los médicos deben ser respetuosos

Mientras tanto, la Dra. Fatima Cody Stanford, maestra en salud pública, M. P. A., miembro y portavoz de la Obesity Society, indicó a Medscape que el lenguaje y el tono del artículo no le parecían respetuosos para los pacientes con obesidad, y los investigadores “hablaron de la vieja narrativa de cómo apoyamos a los pacientes con obesidad”.

La modificación del estilo de vida puede ser la parte central del tratamiento, pero la medicación o la cirugía bariátrica pueden ser otras opciones para ayudar a los pacientes a obtener lo mejor de sí mismos.

“Los pacientes con obesidad merecen ser atendidos y tratados con respeto”, señaló la Dra. Stanford, una médica científica de medicina de obesidad del Massachusetts General Hospital y la Harvard Medical School, en Boston, Estados Unidos.

El tratamiento debe individualizarse y los médicos deben escuchar las inquietudes del paciente. Por ejemplo, un paciente con obesidad puede no seguir el consejo de caminar más. “Apenas puedo ponerme de pie”, dijo a la Dra. Stanford un paciente con obesidad y artrosis.

Y el seguro de los pacientes puede no cubrir la rehabilitación cardiaca, en especial pacientes de minorías raciales o aquellos de más baja posición económica, señaló.

“Siempre he creído que es importante respetar a los pacientes. Estoy de acuerdo en que necesitamos reconocer la obesidad como una enfermedad crónica, y el artículo en EHJ demuestra esto, pues no se registró la obesidad en muchas de las notas de alta”, estuvo de acuerdo el Dr. Näslund.

“Si nosotros como profesionales sanitarios midiéramos el peso de nuestros pacientes de la misma forma que tomamos la presión arterial, tal vez se reduciría el estigma de la obesidad”.

Hallazgos del estudio

Los investigadores analizaron datos combinados de EUROASPIRE IV (2012-2013) y EUROASPIRE V (2016-2017), encuestas de pacientes que tenían sobrepeso u obesidad que se habían dado de alta hospitalaria después de infarto de miocardio, injerto de revascularización coronaria o intervención percutánea coronaria, para determinar si habían recibido consejos sobre estilo de vida para bajar de peso, si habían puesto en práctica este consejo y si la reducción de peso modificaba sus factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.

Identificaron 10.507 pacientes adultos que habían completado los datos de la encuesta en 29 países principalmente europeos.

Los participantes tenían una media de edad de 63 en la fecha de su hospitalización; 25% eran mujeres. Muchos tenían hipertensión (66% a 88%), dislipidemia (69% a 80%) o diabetes (16% a 37%).

La prevalencia de obesidad varió de 8% a 46% en hombres y de 18% a 57% en mujeres, en diferentes países. Pacientes con obesidad tenían una media de peso corporal de 97 kg.

Uno de los hallazgos más notables fue la evidente falta de motivación para bajar de peso, señalaron De Bacquer y sus colaboradores. La mitad de los pacientes con obesidad no había intentado bajar de peso en el mes previo a la consulta de seguimiento y la mayoría no planeaba hacerlo en el siguiente mes.

Establecer metas es un aspecto importante de las técnicas de modificación de la conducta, señala, pero 7% de los pacientes no conocían su peso corporal y 21% no tenían un objetivo de peso óptimo.

A la mitad de los pacientes se les había recomendado seguir un programa de rehabilitación cardiaca y a dos tercios se les había aconsejado seguir recomendaciones dietéticas y moverse más.

Los que hicieron cambios alimentarios positivos y realizaron más actividad física tuvieron más probabilidades de reducir por lo menos 5% de su peso corporal.

Y los pacientes que disminuyeron por lo menos 5% de su peso inicial mostraron menos probabilidades de presentar hipertensión, dislipidemia o diabetes en comparación con los que habían aumentado esta cantidad de peso, lo cual “probablemente se traduzca en un mejor pronóstico a largo plazo”, afirmaron los autores.

EUROASPIRE IV y V fueron financiados a través de becas de investigación otorgadas a la European Society of Cardiology por parte de Amgen, AstraZeneca, Bristol-Myers Squibb/Emea Sarl, GlaxoSmithKline, Hoffmann-La Roche y Merck, Sharp & Dohme (EUROASPIRE IV) y Amarin, Amgen, Daiichi Sankyo, Eli Lilly, Pfizer, Sanofi, Ferrer y Novo Nordisk (EUROASPIRE V). De Bacquer, el Dr. Näslund y la Dra. Stanford han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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