La tasa de mortalidad por cáncer de seno ha disminuido en un 58% desde 1975 hasta 2019. Esto se debe a los avances en la detección y tratamiento de la enfermedad.
Casi la mitad de la reducción se atribuye a un tratamiento más temprano y efectivo para las mujeres con cáncer de mama en etapas 1, 2 o 3. Además, un 25% de la disminución se debe a una mejor detección a través de mamografías y un 29% a un tratamiento más eficaz para el cáncer de mama metastásico, es decir, aquel que se ha propagado a otras partes del cuerpo.
Es importante seguir realizando mamografías regularmente y buscar tratamiento temprano si se detecta la enfermedad.
Fuente: The Washington Post, Jay Fonseca